FELO RAMÍREZ

Por Félix Luís Viera

Los medios de prensa oficial de Cuba aún no han dado la noticia de la muerte y el funeral en Miami de Felo Ramírez.

El pasado lunes 21 falleció en Miami, a los 94 años de edad, Rafael “Felo” Ramírez, considerado por muchos el mejor narrador de béisbol de todos los tiempos.

Era cubano. Justamente de la oriental ciudad de Bayamo. Sin embargo, hasta ahora ningún órgano de prensa autorizado en la Isla —todos en la nómina salarial del Gobierno—, ha dado la noticia.

Es decir, según el parte, debemos inferir que Felo Ramírez no era cubano. Él abandonó su tierra en los inicios de la década de 1960. Y eso basta para que un régimen como el que asola a la Isla lo excomulgara.

Felo Ramírez fue, hasta prácticamente su muerte, la voz de los Marlins de Miami, que antes fueran los Marlins de la Florida. Miembro del Salón de la Fama del Béisbol, Ramírez, entre otros hitos, narró el hit número 3000 del boricua Roberto Clemente, el jonrón 715 de Hank Aaron —ambos beisbolistas también inmortalizados en el Salón de la Fama—, 30 Series Mundiales y la misma cantidad de Juegos de las Estrellas.

A raíz de su muerte ha declarado otro cubano ilustre, miembro también del Salón de la Fama del Béisbol, Atanasio Pérez Rigal, llamado “Tany”: “Fue un gran hombre y todos lo amamos”, para luego agregar que Felo constantemente hablaba de béisbol. “Nunca quiso dejar de hacerlo, quería seguir narrando juegos”.

La organización de los Marlins ha declarado que “está sumamente triste por la pérdida de un gran amigo, un comentarista miembro del Salón de la Fama y un símbolo de la comunidad”.

Y esto de símbolo de la comunidad es muy justo. Felo Ramírez era un hombre siempre asequible y siempre dispuesto a darle un consejo tanto a un aspirante a beisbolista como a alguien que quisiese desarrollarse en el campo del periodismo deportivo.

El gran exlanzador cubano Camilo Pascual, presente en las honras fúnebres, ha relatado que después de lanzar un juego de excelencia contra Puerto Rico en la Serie del Caribe de 1960 “Felo me entrevistó para toda Cuba y al final de la conversación me abrazó. Felo ya era un grande. Para mí ese abrazo resultó un tremendo premio”.

Es muy raro hallar en estos días una edición de algún diario hispano o estadounidense que no se ocupe de la noticia de la muerte del afamado bayamés y posteriormente de sus funerales, así como de la inhumación, llevada a cabo el pasado viernes y que contó con gran asistencia, no obstante la lluvia.

Antes, en la misa que se le dedicó en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en la ciudad del Doral, Miami, el padre José Luis Meléndez declaró: “Todos los días Felo salía de su casa con una primera preocupación, ayudar a una persona”, y agregó: “Imaginen si todos en el mundo hacemos un bien a una persona”.

Mas los medios de allá, de su tierra natal, aún no han dado a conocer su muerte.

Debe ser difícil para los periodistas deportivos cubanos residentes en la Isla, y en alguna medida para todos los trabajadores de la prensa en general de allá, callar en coyunturas como esta.

Me imagino que por estos días han sufrido en silencio debido a esos deseos incumplidos, incumplibles, de redactar al menos un breve, un humilde obituario para uno de sus más humildes y emblemáticos colegas.

¿O no?

 

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