VIGESIMO SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(3 de septiembre de 2017)

Padre Joaquín Rodríguez

Mis queridos hermanos de san Martín de Porres:

Con frecuencia oímos hablar hoy de lo “políticamente correcto” que, como acabo de escribirlo, ya solemos decirlo o marcarlo “entre comillas”, refiriéndonos a la expresión como equivalente a una diplomática hipocresía y con una maliciosa carga de “tapabocas” que, quienes presionan con esos criterios, pretenden poner a los demás; una clásica censura de presión social a la que los “medios informativos” se han asociado y adoptado como método coercitivo para imponer la “verdad oficial”.

Todo esto me recuerda mi vida en la “Cuba de Castro” con el clásico sistema “mordaza” de los comunistas siempre que logran el poder. -Comienzo con esta reflexión para llamar la atención sobre dos puntos:

EL PRIMERO es la necesaria libertad de pensamiento, también en la Iglesia, también entre los discípulos de Cristo; libertad en la aplicación de lo aprendido, libertad en la práctica pastoral y, libertad que al fin y al cabo nos trae los verdaderos frutos de la verdad, ya que Dios no defrauda la fidelidad de los suyos que buscan conocer y cumplir su voluntad. EL SEGUNDO es acerca de lo “evangélicamente correcto”, concepto diametralmente opuesto a lo que quiere el “mundo” y a lo que ese mundo, inevitablemente metido en nuestras mentes y en la Iglesia de Cristo, pretende hacer de los que sirven a Dios primero, sobre todo y sobre todos.

En el Evangelio de hoy (Mateo 16, 21-27) Jesús anuncia su cercana pasión, con escándalo de Pedro; el mismo Pedro a quien veíamos en el pasado domingo hablando movido por Dios y confesando a Jesús como Mesías. Por esta oposición al plan de Dios (que Pedro no entiende ni acepta) Jesús lo llamará “Satanás” (Tentador) por no pensar como Dios, sino como los hombres.

El ingrediente de la “persecución” estará consistentemente presente para aquel que pregona la Palabra de Dios en libertad, palabra que suele estar en contradicción con los valores del mundo. -Para el creyente que ejerce el profetismo (Jeremías 20, 7-9) la Palabra suele volverse “oprobio” y convertir al profeta en objeto de burla, escarnio y persecución. Sin embargo, en la verdadera vocación, en la vida del “llamado por Dios”, lo que importa es ser fiel pregonero de la “verdad” y defensor del “derecho”, derecho divino que procede siempre por los caminos de la Justicia, la Verdad y la Paz que sólo Dios puede dar.

Para el hombre todo esto sería imposible de ser realizado sin la ayuda de Dios que “llama” y “envía”, y habilita con sus dones para el cumplimiento de su plan de salvación. -Imitando a Jesucristo, nos dice san Pablo en su carta a los (Romanos 12, 1-2), los cristianos no pueden amoldarse tanto a los criterios del mundo que pierdan su identidad: Como Jesús éstos no ofrecen ninguna víctima sustitutoria, sino sus propias vidas en un sacrificio razonable y consciente.

Al celebrar la Liturgia dominical, ofrezcamos “nuestros cuerpos, toda nuestra vida, como hostia viva, santa y agradable a Dios como un auténtico “culto razonable”, el culto que a Dios agrada y que nos hace dignos y capaces de participar en la actualización de la “ofrenda permanente” que el “Hijo amado del Padre” ha ofrecido, una vez y para siempre, por toda la humanidad.

 

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