LA IMPORTANCIA DE ESCRIBIR

Por Esteban Fernández

Me di cuenta de lo importante que es escribir cuando en 1967 estábamos batiendo el cobre contra los izquierdistas y fidelistas locales y CASI NADIE SE ENTERABA DE LOS HECHOS aparte de los protagonistas. Pensé: “¡Contra, nadie está contando lo que está pasando aquí!” y me decidí a contarlos yo en el glorioso semanario 20 de Mayo.

Y todavía a estas alturas me sorprendo que muchos cubanos se enteren de acontecimientos pasados de nuestra patria y de nuestra causa gracias a mis narraciones.

Pero a veces me molesta que se equipara o le dan más importancia a quien narra los hechos que al que los produce. Si usted va a “GOOGLE” mi nombre aparece absurdamente más que el de uno de los hombres más bravos que ha dado la causa cubana: Vicente Méndez.

Eso no es justo, pero al mismo tiempo muchos compatriotas solamente se enteran de la corta y gloriosa existencia de Vicente, y de sus actos heroicos, gracias a mi insistencia en hacerlos patente públicamente.

Es decir que es un dilema: sin el escritor las acciones pasan desapercibidas, pero injustamente la fama del escritor a veces opaca y supera al que produce los insignes acontecimientos.

Yo supiera muy poco de Antonio Maceo y de Juan Gualberto Gómez sino hubiera sido por los libros escritos de ellos por el Dr. Octavio R. Costa y por la Historia de Cuba del genial Ramiro Guerra.

¿Qué supiéramos la mayoría de nosotros de Jesucristo sin sus voceros y discípulos más elocuentes? En realidad, el 99% por ciento de la vida y milagros de esa época yo me enteré gracias a las escrituras sagradas. Sin sus narradores y portavoces Jesucristo hubiera sido cobijado por el manto del olvido.

Muy poco se supiera de los detalles y de las verdades escondidas del ataque al Cuartel Moncada sin lo brillantemente escrito por Tony de la Cova, ni de los sufrimientos de los presos políticos plantados sin lo narrado por Armando Valladares, ni de la lucha en el Escambray sin la información que nos brinda al respecto Enrique Encinosa. ¿Qué hubiera sido del recuerdo de nuestros peloteros sin haber tenido un Ángel Torres enalteciéndolo?

¿No es cierto que junto a sus heroicas acciones nuestro apóstol José Martí entró en nuestros corazones gracias a su pluma privilegiada?

Con todo lo antes dicho reconociendo la importancia de escribir, yo no acabo de aceptar de buena gana que hoy yo sea más conocido “emborronando cuartillas” que cuando estaba entrenándome en Fort Jackson, o correteando en las lomas de Puerto Rico bajo las ordenes del glorioso Edel Montiel, o encaramado en el Barco Venus, dispuesto a ir a jugarme la vida en Cuba. Si me hubiera muerto en esa época sólo unos cuantos amigos cercanos, familiares y güineros hubieran derramado lágrimas.

Como tampoco llego a entender que Carlos Alberto Montaner sea más famoso y laureado que “Yarey” o que Tony Cuesta.

Desde luego, como toda regla tiene su excepción: dicen que Benito Remedios (un hombre que tenía fama de bruto después que su auto se rompió en la Carretera Central y al no poder arrancarlo le entró a tiros) le ganó unas elecciones para representante a uno de los mejores escritores que ha dado Cuba: Jorge Mañach.

 

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