DECIMOSEPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(30 de julio de 2017)

Padre Joaquín Rodríguez

Queridos hermanos:

Seguimos meditando las parábolas del Reino, por medio de las cuales Jesús no sólo nos enseña qué es el Reino de los Cielos, sino que deja abierto el camino de nuestro discernimiento y de nuestra responsabilidad en nuestras obras; respuestas a los reclamos de Dios en nuestra conciencia y nuestras responsabilidades, teniendo en cuenta nuestro propio estado de vida.

Las parábolas del “tesoro escondido en el campo” y de la “perla de gran valor” nos hablan de lo inesperado que puede ser el encuentro con Dios y los valores de su Reino que, por otra parte, ocurren en nuestras vidas si también nosotros buscamos ese Reino o, al menos, algo superior y decisivo, la verdad y la inquietud por hacer más, por ser más. Nada de esto simplemente “pasa u ocurre” en nosotros: ES SIEMPRE OBRA DE DIOS. El evangelio de Mateo hoy (Mt 13, 44-52) nos presenta también otra “comparación” o parábola que parece coincidir con aquella del pasado domingo sobre “el trigo y la cizaña” en cuanto al resultado final: NO TODOS SERAN ESCOGIDOS TRAS EL JUICIO; unos irán a la vida eterna y otros a la muerte eterna, de modo que la cosa va en serio en los negocios del Reino de Dios en cuanto a su “reinado en nuestras vidas”, en nuestros corazones y en la decisiva opción por esos “principios del Reino” que siempre conducen a la JUSTICIA, al AMOR y a la PAZ. Esa “red” de que nos habla la tercera parábola puede ser comparada con esa llamada (“vocación”) de Jesús a sus discípulos y su promesa de transformarlos en “pescadores de hombres”. La RED puede bien representar el “amor de Dios” y su proyecto “inclusivo” para todos los llamados y, en ese plan TODOS SOMOS LLAMADOS. Pero no todos estarán (o estaremos) listos para esa “redada”: LA LLAMADA, AUNQUE ABARCA A TODOS (o a muchos) ES SIEMPRE PERSONAL y así será la respuesta.

Como ejemplo de discernimiento y sabiduría la Liturgia nos propone hoy a Salomón en ese episodio proverbial tan conocido y que forma parte de la sabiduría popular. En el libro primero de Reyes (3, 5. 7-12) encontramos el bello relato sobre la vida del joven Salomón en los inicios de su reinado: “no pidió ni riquezas, ni larga vida, ni la vida de sus enemigos, sino Sabiduría para gobernar a su pueblo; el Pueblo de Dios”. Ojalá que todos, comenzando por los investidos en autoridad, pidiéramos y buscáramos esa Sabiduría: estaríamos siempre buscando a Dios y encontrándolo en el prójimo.

San Pablo nos enseña hoy en su Carta a los Romanos (8, 28-30) que Dios nos ha “predestinado” a ser imagen de su Hijo. Consideremos esta llamada con verdadera humildad, ya que es totalmente inmerecida, pero con agradecimiento ya que es fruto del amor del que es el Amor. Todos estamos incluidos y, si Dios llama, El concede los “dones”, la “fuerza” o sea, “SU GRACIA” para llevar esa “vocación” a feliz término.

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image