LA VIRGEN DE LA CARIDAD DEL COBRE Y SU ESTRECHA RELACION CON CUBA.

Por el Dr. Salvador Larrua Guede.

 

 

Con la Estrella y la Cruz como emblema

ha de ser nuestra marcha triunfal.

¡Viva Cuba, creyente y dichosa!

¡Viva Cristo, Monarca ideal! 

LA VIRGEN DE LA CARIDAD DEL COBRE

SE MANIFIESTA EN CUBA

 

Mas yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (Mt 16, 18). 

Parte I: Apoteosis de la Caridad en el Cincuentenario de la República, 1951-1952

La Virgen de la Caridad del Cobre es el Primer Símbolo de la Patria, es el alma de nuestra isla, el emblema de la Nación cubana. 

La Virgen de la Caridad del Cobre visitó todos los pueblos de la Isla de Cuba en 1951-1952, en ocasión de celebrarse el Cincuentenario de la República de Cuba. Fue el mayor y el mejor de los festejos: la Virgen, primer Símbolo de la Patria, Faro y Estrella de la Nación, recorrió toda la Isla avanzando con el sol, llevando un amanecer de Caridad a todos los rincones del país.Fue una labor sumamente ardua y compleja relatar a través de los medios de comunicación, la Peregrinación Nacional de la Patrona de Cuba. Realmente, los radios no pararon de dar noticias vinculadas al viaje de la Virgen durante meses, matizándolas con numerosos episodios. Los periódicos dedicaron muchas páginas a relatar aquella marcha triunfal pueblo a pueblo, batey tras batey, sitio tras sitio, y para qué hablar de la inmensa cantidad de anécdotas edificantes que se generaban cada día al paso victorioso de la Virgen…  

Contando los lugares visitados en Isla de Pinos, la Peregrinación Nacional de la Santa Imagen Misionera de la Virgen de la Caridad del Cobre pasó por 697 lugares habitados entre ciudades, pueblos y otros sitios. Esto fue lo que recogió el itinerario del programa del viaje colosal. En realidad, mientras la Santa Imagen iba de uno a otro de estos 697 puntos, pasaba por otros, algunos no recogidos en los mapas, pero que aparecen constantemente relacionados en los relatos de los capellanes franciscanos. Al llegar estos sitios, también había una recepción en escala pequeñita, también unas palabras del Capellán. Y como en todas partes, emociones, y oraciones, y peticiones, promesas y bendiciones de la Virgen que se derramaban desde el Cielo como un manantial de gracia. ¿Cuántos lugares fueron? No se sabe. A vuela pluma, y dentro de la provincia de La Habana, encontramos sitios como Aguacate, Tapaste, Loma de Tierra, Rosalía, Barreras, Jibacoa, Central San Antonio, El Cano, Calabazar, Guara, Central Occidente, La Cayuga, Mulgoba, Textilera Ariguanabo, Politécnica de Cangrejeras, Govea, Castillo del Príncipe, Güiro Marrero, Amafi, Párraga, Santa Rosa de Lima… y otros que, si bien aparecen en los relatos, no están en los mapas. Todo eso, cuando se piensa en seis provincias, puede añadir tal vez más de 100 nombres a los nominalizados en el programa que se siguió al pie de la letra.
 
Seis provincias, 697 visitas en sitios nominalizados, tal vez en total unas 800 si se cuentan los puntos no relacionados. El recorrido se estima en 24.000 kilómetros o 15.000 millas, al medir en el mapa las distancias entre los sitios programados, que conforma una trayectoria zigzagueante. Lo anterior equivale a decir que la Peregrinación Nacional recorrió dentro de la Isla, 24 veces su largo de 1,000 kilómetros. Equivale también a recorrer seis veces la distancia de 4.000 kilómetros que separa la costa oeste de la costa este de los Estados Unidos de América. Esta parecer ser, a mi juicio, la Peregrinación más grande, el recorrido más extenso que haya realizado nunca la Sagrada Imagen de una Virgen Católica visitando paso a paso y sitio a sitio, toda la geografía del Pueblo que le fue encomendado por Dios Nuestro Señor.
 
¿Qué dijo la prensa sobre este fenómeno nunca visto en ninguna parte del Mundo? Oficialmente se visitaron 103 lugares en Oriente, 77 en Camagüey, 180 en Las Villas, 125 en Matanzas, 73 en Pinar del Río, 135 en La Habana, 3 en Isla de Pinos, sin contar los otros lugares que también tuvieron la dicha de la Visita de la Virgen. Dijo el Padre Capellán: 

Había producido en cada uno de ellos conmociones del alma popular no igualadas jamás por ningún otro acontecimiento; y cuantos hayan leído las presentes páginas sabrán que no es hipérbole afirmar que sería más fácil contar cuántos se mantuvieron al margen de esta Invasión Mariana, que los que formaron férvidamente en sus filas. Y digamos una vez más que no era un simple viajar con ojos turísticos o con afanes exhibicionistas: iba por donde iba resucitando el espíritu, vigorizando la devoción, exaltando las emociones más nobles. Por donde pasaba, producía literalmente una transfiguración. 

Los periódicos reseñaron, día a día, la noticia más importante de la historia nacional. Pero en los pueblos del interior, a veces la prensa subestimó la Peregrinación y no estuvo a la altura de las circunstancias. Pero los hechos de la Peregrinación, que al principio sólo aparecían en las primeras planas de las publicaciones católicas, quedaba en las páginas interiores de la prensa nacional, aunque pronto apareció en las primeras páginas gracias al reclamo popular, que comenzó a increpar por su dejadez a los periódicos locales. Nadie mejor que el Capellán de la Virgen de la Caridad para decirnos cómo sucedieron los hechos. Por ejemplo, la hojita dominical Vive con la Iglesia publicó en octubre de 1951 una carta procedente de Ciego de Ávila que expresaba lo siguiente: 

El pueblo de Ciego de Ávila está muy disgustado con el silencio de la prensa. Vino la Virgen de la Caridad, y se le rindió el homenaje más grandioso que jamás ha visto Ciego de Ávila… Muchas personas se preguntan: ¿Por qué el silencio de la Prensa? ¿Acaso los periodistas están a mal con la Patrona de Cuba? La misma queja pudieron proferir cientos de pueblos… 

Al comentar el fenómeno que se manifestó en la primera etapa de la Peregrinación Nacional, el Padre Capellán expresó estas ideas: 

¡La Prensa!, ¡los periódicos!, ¡los periodistas!... Los millonarios de palabras, que cada día obran el prodigio de colmar apretadamente esas planas inmensas, regatearon a diario su espacio para reseñar lo que estaba siendo sin lugar a dudas el acontecimiento histórico actual de más hondas y amplias resonancias dentro de las fronteras de la Patria. Así resultaron posibles anécdotas que al Capellán de la Virgen hacían reír al par que se llevaba las manos a la cabeza: en uno de los municipios de más alta categoría de la Provincia de La Habana, un decreto alcaldicio declaraba Huésped de Honor a la Virgen de la Caridad, y, con Ella, “¡¡¡a la comitiva de Acción Católica y Veteranos que la acompañaban!!!”. Esa admiración triple es de las manos asombradas del P. Manuel (Oroquieta), cuyo nombre brillaba por su ausencia, con todo y ser en frase de Ángela Domingo, y por sus méritos como Capellán de la Virgen Peregrina, “el más dinámico e incansable misionero que hayamos conocido en Cuba” (“Información”, Marzo 25)

 En una entrevista de prensa el P. Oroquieta inculpó a los representantes de la prensa por su dejadez y negligencia al dejar pasar por alto en varias ocasiones un suceso que cada día tenía más resonancia y relieve en la vida nacional, adquiriendo el significado de un fenómeno único y trascendental. Por supuesto, la prensa católica tuvo un tratamiento aparte, por su trabajo abnegado y satisfactorio. Para citar un ejemplo, hubo en Las Villas una benemérita Zaida Retana, que, con esmero de mujer y con paciencia de benedictino, fue recortando y reuniendo cuanto se iba publicando en periódicos y revistas sobre la Peregrinación Mariana, y llegó a formar un álbum voluminoso, que ha constituido la base de esta crónica, junto con el diario de viaje del P. Capellán. Repasando las hojas de ese álbum, destaca honrosamente la colaboración de la cronista católica de “Información”, Srta., Ángela Domingo, que siguió con avidez todos los pasos de la Virgen Peregrina desde el alminar de su “Vida Católica”. 

En la provincia de La Habana y en la capital del país, la maravillosa Peregrinación, como una Misión Extraordinaria dirigida por la Virgen de la Caridad, encontró gran eco en la prensa. El fenómeno era de tal magnitud, que nadie podía negarlo: hubiera sido más fácil apagar el sol. El mismo Padre Capellán lo anunció con palabras proféticas: Ya en La Habana, la cosa cambió. Lo esperaba el P. Capellán: “Ya verán qué grande es esto, cuando se les meta por los ojos… 

Y los sucesos le dieron la razón cuando todos los periódicos de La Habana, capital de Cuba, rivalizaron para publicar las mejores crónicas, las fotografías más espectaculares, las reseñas mejor logradas para describir la Visita de la Virgen: Así fue. Juan Emilio Friguls publicó en “El Diario de la Marina” toda una serie de crónicas bien logradas sobre la Peregrinación. Y cuando Ntra. Sra. del Cobre vino a ser Huésped de la Capital, se robó el corazón y la mente de la Prensa, como lo que era: el Visitante más destacado del Año de la celebración. 

Parte II: La Virgen en el Congreso Católico Nacional, noviembre de 1959

El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra

Lc 1, 35 

Pasaron siete años. El 21 de noviembre de 1959, Nuestra Señora la Virgen de la Caridad, en medio de una atmósfera densa a fuerza de amor, salió del Santuario del Cobre, para reafirmar el catolicismo cubano, que parecía retado por fuerzas oscuras. Eran tiempos confusos y difíciles. Una revolución había triunfado el 1 de enero, y parecía querer levantar cimientos sobre una multitud de fusilados. Y ese 23 de noviembre iba a comenzar un Maratón de la Acción Católica: una antorcha encendida con el fuego de las velas del Santuario, recorrería toda la Isla, de oriente a occidente, llevada por muchos portadores, para que el fuego del amor a María, Madre de Dios, calentara los espíritus y les sirviera de estrella y de guía. Dijo el Presidente Nacional de la Acción Católica al iniciar el Maratón: “Esta Antorcha representa el fuego del ideal que arde en el corazón de los jóvenes cubanos: amor a Dios y amor a la Patria. Al pasear orgullosa por los campos y ciudades irá encendiendo los corazones de todos los cubanos en este ideal” (18). Cuentan las crónicas que aquel sábado 21 de Noviembre el cielo santiaguero amaneció encapotado. El día transcurrió a intervalos entre la fina llovizna y el copioso aguacero. Era como un anticipo de lo que después había de ser signo distintivo de la magna concentración pública del Congreso. También estuvo presente la lluvia en la salida de la Antorcha del Santuario del Cobre.El Maratón comenzó con un acto sencillo pero emocionante. Se cantó una Salve solemne y a continuación la antorcha fue encendida con las luces que iluminan la imagen venerada de nuestra Patrona.

A las nueve de la noche salió del Santuario bajo la lluvia.

Un repique de campanas en todos los pueblos y ciudades de Cuba, anunciaba el inicio del Maratón... 

La Antorcha salió del Santuario en dirección al Puerto de Moya. La lluvia y el viento azotaban sin tregua a los corredores, cansados por la empinada cuesta... el pueblo de Palma Soriano se lanzó a la calle bajo la lluvia para recibir la Antorcha: “Hoy me siento orgulloso de mi pueblo que sabe hacer honor a su fe cristiana”(20), comentó el párroco del lugar. 

En la mañana del 22, la Antorcha llegó a Contramaestre, que se había engalanado para recibirla, de allí pasó a Baire y después a Jiguaní, y a Bayamo, donde fue recibida con una gran caravana de bicicletas de más de dos cuadras... el acto se prolongó hasta el anochecer del domingo. Luego siguió hacia Holguín, donde las tiendas habían cerrado: todo el pueblo participó en el gran acto. A las 9 de la noche del 23 de noviembre entró la antorcha en Victoria de las Tunas y luego pasó por Guáimaro, Cascorro y Sibanicú hasta Camagüey. En la Ciudad Prócer, donde nacieron los primeros luchadores de la independencia de Cuba y las ideas de Patria y Libertad, iba a tener lugar el acto más espectacular de la ruta: una interminable caravana de autos, bicicletas y público siguió al corredor desde la entrada de la ciudad hasta la Plaza de las Mercedes. Allí S. E. el Sr. Obispo de Camagüey recibió la Antorcha de manos del maratonista. Televisión Camagüey trasmitió el acto por control remoto. El público sobrepasó con mucho las diez mil personas... (21) 

Luego la Antorcha continuó a Ciego de Ávila, Sancti Spíritus y Santa Clara. Llegó a Cienfuegos el jueves 24 y al mediodía del 25 entraba en Colón para seguir a Matanzas, donde llegó el 28. La ruta a La Habana hacía cada vez más difícil sobre todo desde Matanzas, por la incontable caravana de vehículos con peregrinos de toda la Cuba que iban a tomar parte en el Congreso... alrededor de las 7 de la noche la Antorcha entraba en La Habana por la Virgen del Camino, y poco después de las ocho el último maratonista la entregaba al Presidente Nacional de la Juventud Masculina de Acción Católica, quien la colocó en un trípode ante la estatua de José Martí, en el Parque Central de La Habana. La luminaria encendida con el fuego del Cobre había recorrido más de mil kilómetros pasando por las manos de más de mil federados. Ahora, en la llama prendida ante la estatua de Martí, se comenzaban a encender miles y miles de antorchas: la luz se multiplicaba en decenas de miles como si las estrellas del cielo hubieran bajado a La Habana para saludar a la Virgen de la Caridad. 

Cerca de las 4 de la tarde del sábado 28 aterrizaba en Rancho Boyeros el avión presidencial, en el que viajó la imagen de la Patrona de Cuba para recibir el homenaje de su pueblo. La comitiva que acompañó a la Virgen estaba presidida por el Arzobispo de Santiago de Cuba, Mons. Enrique Pérez Serantes y varios funcionarios. Acompañaba a Pérez Serantes un fraile franciscano, Fray Rafael Monterrey, (24) que en 1959 custodió la Santa Imagen de María igual que 346 años antes, en noviembre de 1613, Fray Francisco Bonilla, Superior del Convento de San Francisco de Santiago de Cuba, la acompañó desde el Hato de Barajagua hasta el pueblecito del Cobre, y de la misma forma que en 1952, cuando el primer viaje de la imagen de Nuestra Señora a La Habana, Fray Manuel Oroquieta, franciscano, la acompañó hasta La Habana donde la recibió Fray Lucas Iruretagoyena, en esa continuidad histórica de franciscanos presentes junto a la Virgen. 

Muy pronto la imagen, seguida de una gran caravana de autos, recorrió triunfalmente Rancho Boyeros hasta la Catedral donde fue recibida por el Cardenal Mons. Manuel Arteaga Betancourt, y por miles de devotos que se apiñaban en la vetusta plaza ante la Iglesia... 

Millares de cubanos hicieron guardia continua hasta las diez de la noche, hora en que fue colocada en la urna de cristal sobre la carroza, para desfilar con el pueblo hasta la Plaza Cívica (25) 

Mientras la Virgen hacía el recorrido, en la Plaza Cívica todo un mar de cubanos, una muchedumbre colosal de cientos de miles de personas, esperaba bajo la lluvia. Era una selva de cruces levantadas al cielo, de banderas cubanas, de estandartes religiosos, de enseñas de congregaciones y asociaciones y cofradías, era un murmullo de oraciones que lanzaban al infinito la esperanza, era una multitud que esperaba rezando bajo la lluvia y el frío movida solamente por la fe, mientras que desde La Habana avanzaba por Reina hacia Carlos III para seguir luego por Rancho Boyeros hacia la Plaza otro río de cruces, enseñas nacionales, banderas, gallardetes, estandartes, insignias sagradas, y miles y miles de antorchas encendidas en el fuego del Santuario del Cobre que precedieron a la Virgen desde las montañas de Oriente. Delante las enseñas nacionales desafiando el aire y la lluvia, luego las insignias, y los gallardetes y las banderas de las diversas instituciones católicas. A continuación los miembros de la jerarquía eclesiástica y el Comité Organizador del Congreso, detrás los representantes de todas las Parroquias de Cuba, que se unían gradualmente al paso del recorrido... detrás el pueblo, un mar de pueblo que esperaba en las aceras el paso de la Virgen para ir con ella hasta la Plaza. 

Nada puede turbar los recuerdos de esa noche. No faltaron provocaciones de personas minúsculas: en la esquina de Belascoaín y Carlos III algunos seres poco felices se ensuciaron la boca profiriendo ofensas. Era el zumbido de una mosca al lado de un elefante, allí se quedaron sin que nadie les hiciera caso, como la gota que no puede nada ante el mar... 

Era una noche espléndida. ´Una de las más extraordinarias demostraciones católicas del mundo´, según el propio decir de uno de nuestros ilustres prelados. Eran los dos amores: la Virgen y la Patria presentes en el más grande acontecimiento católico de la historia de Cuba. El pueblo cubano demostró una vez más, ser un pueblo de hondas raíces cristianas...  

En la Plaza la muchedumbre esperaba a la Virgen rezando y cantando. Cuando apareció la pequeña imagen morena en su urna de cristal perlado por la lluvia, se alzaron las antorchas, las cruces y las banderas, más de un millón de pañuelos blancos se agitó en la noche mientras una voz poderosa, coreada por la multitud, entonaba las letanías de Nuestra Señora: “Ave inesperada, Gaviota de Nipe, Paloma del Cobre, Madre de la Caridad, Patrona de Cuba, Virgen Mambisa...” la querida imagen fue llevada a su altar y de inmediato comenzó la Santa Misa en la que ofició Mons. Enrique Pérez Serantes, Arzobispo de Santiago de Cuba, quien dirigió emotivas palabras a la multitud... era el acto cumbre del Congreso Católico Nacional: un momento solemne en el que la Gracia del Señor se derramó, extensa y numerosa, sobre los presentes. Mucho necesitábamos aquella Gracia en momentos en que se iniciaban la confusión y el desconcierto, quién sabe qué habría sido de nosotros si la Virgen y Dios no hubieran estado presentes. 

Terminada la Misa, llegó el momento que más esperaban los congresistas, el de escuchar las palabras que dirigiría desde Roma al pueblo de Cuba, Su Santidad el Papa Juan XXIII. Nunca el silencio religioso fue más grande entre aquel millón de personas que cuando oyeron las palabras llenas de sabiduría y amor que les dedicaba el Santo Padre: La faz del mundo podría cambiarse si reinara la verdadera caridad. La del cristiano que se une al dolor, al sufrimiento del desventurado, que busca para éste la felicidad, la salvación de él tanto como la suya. La del cristiano convencido de que sus bienes tienen una función social y de que el emplear lo superfluo a favor de quien carece de lo necesario no es una generosidad facultativa, sino un deber...

La convivencia humana y el orden social han de recibir su mayor impulso de una multiforme labor orientada, por convicción de los miembro de la comunidad, hacia el bien común...

...si el odio ha dado frutos amargos de muerte, habrá que encender de nuevo el amor cristiano, que es el único que puede limar tantas asperezas, superar tan tremendos peligros y endulzar tantos sufrimientos. Este amor, cuyo fruto es la concordia y la unanimidad de pareceres, consolidará la paz social. Todas las instituciones destinadas a promover esta colaboración, por bien concebidas que parezcan, reciben su principal firmeza del mutuo vínculo espiritual que deriva del sentirse los hombres miembros de una gran familia, por tener el mismo Padre Celestial, la misma Madre, María... 

Las palabras de Su Santidad Juan XXIII estaban llenas de sabiduría, se correspondían perfectamente con los signos y augurios de la época que comenzaba, y constituían un alerta para los católicos: la caridad y el amor debían prevalecer sobre todas las consideraciones para consolidar la paz social. Solamente el amor cristiano, libre de pasiones, de revanchas y de rencores, podría trazar los objetivos más justos y más adecuados. 

Pocos días después comenzaron a apagarse los últimos ecos del Congreso Nacional. Muchos de los católicos que escucharon las palabras de Su Santidad no pudieron, no supieron o no quisieron interpretarlas, llenos como estaban de la emoción y del fervor que soplaron sobre Cuba durante la celebración del gran evento.  

La cascada de sucesos que se desencadenó en los meses siguientes, llena de golpes y contragolpes, de pasiones enfebrecidas y de la voluntad de ganar a toda costa, se encargó de demostrar hasta la saciedad que el Papa tenía toda la razón. El odio había gestado frutos amargos de muerte y no se pudo contar con todo el amor cristiano que hacía falta para contrarrestar su furia. 

Parte III: El estado cubano quiere asumir el papel de Dios, 1961

8... le llevó el diablo a un monte muy alto, y mostrándole todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9 le dijo: Todo esto te daré si de rodillas me adoras.

10 Le dijo entonces Jesús: Apártate, Satanás, porque escrito está:

“Al Señor tu Dios adorarás y a El solo darás culto.”

11 Entonces el diablo le dejó, y llegaron ángeles y le servían.

Mt 4, 8-11 

Desde el 28 de noviembre de 1959, día de la Gran Misa en la Plaza Cívica ante la Virgen de la Caridad, hasta el 14 de septiembre de 1961, cuando comenzó la expulsión de 131 sacerdotes que tuvieron que salir de Cuba, sólo pasaron 22 meses y 14 días. Antes de que pasaran dos años, se observó que el fervor con que el Primer Ministro Fidel Castro y los más altos personajes de su gobierno se postraron ante la Virgen el 28 de noviembre de 1959, en la gran Misa del Congreso Católico Nacional en la Plaza Cívica, no era más que otra mentira inescrupulosa en su inmenso arsenal de patrañas y manipulaciones.

A fines de 1959, la Iglesia Católica hizo convocó a un Congreso Católico Nacional que se efectuó durante los días 28 y 29 de noviembre de ese año. En la gran Misa efectuada en la Plaza de la Revolución estaba presente por lo menos un millón de católicos. La presencia del Primer Ministro Fidel Castro y del Presidente Osvaldo Dorticós fue interpretada como voluntad de concertación política por parte del gobierno de Cuba. El Arzobispo Pérez Serantes, en la clausura del Congreso, pronunció palabras que mostraban su preocupación: ...hoy como nunca se pretende arrancar al hombre hasta la idea de Dios... el pueblo cubano es un pueblo católico... y que como católico se le debe tratar ya desde la infancia, constituyendo un abominable error medirlo con el mismo rasero con las demás denominaciones foráneas y minoritarias y, peor aún, con entidades arreligiosas o antirreligiosas... (4) 

En los meses siguientes, los acontecimientos se precipitaron. A las críticas y preocupadas Cartas Pastorales de los Obispos respondía la prensa con ataques donde se les acusaba de reaccionarios. En mayo de 1960, Monseñor Enrique Pérez Serantes volvía a la carga con la aleccionadora Pastoral “Por Dios y por Cuba”: El enemigo está dentro. Empezamos diciendo que los campos están ya deslindados entre la Iglesia y sus enemigos. No son ya simples rumores ni aventuradas afirmaciones, más o menos interesadas o amañadas. No puede decirse ya que el enemigo está a las puertas, porque en realidad está dentro, hablando fuerte, como quien está situado en propio predio... 

¿Cuál debe ser la actitud de los católicos? Nuestra actitud, fidelidad al Papa. Por tanto, fieles a sus enseñanzas siempre: Con el Comunismo, nada, absolutamente nada. Ante las repetidas condenaciones, procedentes de la autoridad suma del Catolicismo, nos vemos en la necesidad de recomendar y aún de conminar a nuestros diocesanos (y si cabe a todos los cubanos) no quieran en manera alguna cooperar con el comunismo, o ir del brazo con el mismo; más aún, deben tratar de alejarse de este implacable y prepotente enemigo del Cristianismo cuanto puedan, y no dejarse impresionar por frases o promesas más o menos disimuladas o halagüeñas, siempre falaces y taimadas, ni tampoco por la astucia que el Comunismo despliega al tender la mano, que con tanto garbo sabe brindar a los católicos, ya que todo esto no es en realidad más que una bien estudiada estratagema para más fácilmente cazar incautos... (5) 

El 7 de agosto de 1960, los Obispos católicos de Cuba firmaron una Circular conjunta en la que explicaban su rechazo al sistema comunista que se estaba implantando en la Isla, y confirmaban de esta forma la Pastoral “Por Dios y por Cuba” emitida tres meses antes por el Arzobispo Enrique Pérez Serantes: En los últimos meses el Gobierno de Cuba ha establecido estrechas relaciones comerciales, culturales y diplomáticas con los gobiernos de los principales países comunistas, y en especial con la Unión Soviética. 

(...) Nos inquieta profundamente el hecho de que, con motivo de ello, haya habido periodistas, gubernamentales, líderes sindicales, y aun algunas altas figuras del Gobierno que hayan elogiado repetida y calurosamente los sistemas de vida imperantes en esas naciones, y aun hayan sugerido, en discursos pronunciados dentro y fuera de Cuba, la existencia de coincidencias y analogías, en fines y en procedimientos, entre las revoluciones sociales de esos países y la Revolución Cubana. Nos preocupa este punto muy hondamente, porque el Catolicismo y el Comunismo responden a dos concepciones del hombre y del mundo totalmente opuestas, que jamás será posible conciliar. 

Condenamos, en efecto, el Comunismo, en primer lugar, porque es una doctrina esencialmente materialista y atea, y porque los gobiernos que por ella se guían figuran entre los peores enemigos que ha conocido la Iglesia y la humanidad en toda su historia. Afirmando engañosamente que profesan el más absoluto respeto a todas las religiones, van poco a poco destruyendo, en cada país, todas las obras sociales, caritativas, educacionales y apostólicas de la Iglesia, y desorganizándola por dentro, al enviar a la cárcel con los más variados pretextos, a los obispos y sacerdotes más celosos y activos (6). 

Las Iglesias Evangélicas, en muchos casos, repetían los argumentos de los católicos referidos a la amenaza que significaba la implantación de un régimen comunista. En ciertos casos, algunos pastores protestantes de diversas denominaciones simpatizaron con las medidas revolucionarias por su contenido social, o porque pensaron que su papel no era político sino solamente religioso, o porque pensaron tal vez sacar partido a su favor del enfrentamiento entre la Iglesia Católica y el Estado, mientras continuaban las fricciones. Cuando la prensa gubernamental comenzó a atacar a los Obispos Católicos de traidores y de actuar contra el pueblo y a sus espaldas, el Arzobispo de Santiago, Pérez Serantes, respondió con la enérgica Pastoral “Ni traidores ni parias” recordando el papel principalísimo que habían tenido los católicos, el clero y los propios Obispos para que triunfara la Revolución: Por la Revolución... se dio todo: dinero, ropas, oraciones, sacrificios y todos los hombres que se necesitaron, los cuales, con el mayor desinterés, con gran fervor, como quien va a una Cruzada, escalaron la Sierra dejándolo todo, sin volver la vista atrás... Por la Revolución, muy identificados con ella, nuestros capellanes, los sacerdotes Sardiñas, Rivas, Lucas, Guzmán, Castaño, Cavero y Barrientos... con el mismo espíritu que los valientes soldados de las Sierras, acompañaron a éstos y los alentaron por los caminos de la lucha y de la victoria. 

Sepan, pues, los valedores de nuevo cuño que los nuestros, los de las Sierras y los de la retaguardia, lucharon, alentaron y sostuvieron la Revolución confiados en que ésta, trayéndonos la justicia social y la paz, no pondría a nadie en peligro de renunciar a lo propio tan amado, o sea a Dios, a la Iglesia y a nuestras bellas tradiciones cristianas... 

Luchando por la Revolución, nunca pensaron los nuestros, nunca pensó el pueblo cubano, que la mano férrea y sin entrañas del comunismo habría de pender amenazadora sobre nuestras cabezas; ni que habrían de ser los escasos devotos de Marx y Lenin los que pretendieran arrebatarnos el bien ganado laurel de la victoria; los que dieran la pauta de la conducta a observar a los heroicos voluntarios de la patria, llegando hasta ordenarnos que nos confinemos a nuestros templos y nos atengamos en ellos a normas trazadas osadamente por los que, a fuer de descreídos, nada entienden de eso... (7).  

Durante todo el año 1960 y los primeros meses de 1961 continuaron los enfrentamientos entre los Obispos, los sacerdotes, las asociaciones católicas y los fieles con los postulados revolucionarios. La prensa gubernamental respondía a las Pastorales y a las homilías de los sacerdotes, o a las acciones de los católicos aislados. Simultáneamente, el gobierno tomaba medidas que significaban un viraje completo hacia el socialismo: la principal fue la nacionalización de los medios de producción, que tuvo lugar por dos vías: la confiscación de bienes a malversadores enriquecidos durante la dictadura de Fulgencio Batista, y las nacionalizaciones de propiedades norteamericanas entre julio y septiembre de 1960, unidas a las efectuadas a propietarios privados cubanos en octubre del mismo año. Toda la banca pasó a manos del Estado, así como las 383 mayores empresas industriales (8). Esta última nacionalización marcó el inicio de la construcción del socialismo, pues ninguna medida anterior se dirigió a la sustitución de la propiedad capitalista: el proceso de sustitución de la propiedad privada por la estatal se completó con las medidas aplicadas después al sector comercial, en diciembre de 1962 y marzo de 1968. 

Mientras, la contrarrevolución interna actuaba. Numerosos grupos, calificados de bandidos, se alzaban en el macizo montañoso central del Escambray y en otras zonas de la Isla. Surgieron varias organizaciones y las bombas y las acciones de sabotaje comenzaron a sucederse en las ciudades. Del 16 al 18 de abril de 1961 tuvo lugar la invasión de Playa Girón por la Brigada 2506. Durante la lucha, el Cardenal Manuel Arteaga Betancourt permaneció virtualmente retenido, así como obispos, sacerdotes y numerosos católicos. La presencia de sacerdotes católicos en la Brigada 2506, como capellanes, reforzó los argumentos anti eclesiásticos. Casi simultáneamente, el Primer Ministro Fidel Castro anunciaba ante las cámaras y los micrófonos nacionales el carácter socialista de la Revolución, dieciocho meses después de haber hecho efectiva su presencia junto con el Presidente Osvaldo Dorticós en la Misa del 29 de noviembre de 1959 en la Plaza de la Revolución. 

En julio de 1961, con un zarpazo brutal, quedaban cerrados todos los Colegios Católicos, así como los de las denominaciones protestantes y en general, todas las escuelas y universidades privadas. Durante los meses de agosto y septiembre de 1961, numerosos sacerdotes, religiosos y religiosas de origen español se vieron obligados a abandonar el país y regresaron a España en el vapor “Covadonga”. Todos los sucesos confirmaban que eran ciertas y bien fundadas las premoniciones expuestas por los Obispos Católicos en sus Cartas Pastorales y Circulares durante los años 1959, 1960 y 1961. Al mismo tiempo dejaron de funcionar todas las federaciones de la Acción Católica cubana y las asociaciones católicas de todo tipo: la Iglesia Católica en Cuba quedó reducida a su mínima expresión al perder sus colegios, buena parte de sus instituciones, sus asociaciones, dos terceras partes de los agentes de pastoral y de las religiosas y religiosos de diversas congregaciones, muchas de las cuales dejaron de estar representadas en la Isla. La Iglesia perdió, además, el acceso a la radio y a la televisión nacional y casi todo su poder económico en medio de una intensa campaña de propaganda a la que ya no tenían forma ni medios para responder. Desde el año 1959, numerosos católicos comenzaron a abandonar el país para comenzar una nueva vida en los Estados Unidos, en España o en Méjico fundamentalmente, y la cantidad de personas que deseaba marcharse comenzó a crecer en progresión geométrica a partir de la proclamación del socialismo. 

El estado gana terreno. Sincretismo religioso y socialismo. Los protestantes. La Iglesia Católica. La religión sin Dios: ateísmo y estatolatría. La Oficina de Asuntos Religiosos del gobierno central. Postura del Vaticano. 

Las Reglas de la Santería y en general las creencias religiosas afrocubanas no fueron afectadas directamente por la implantación del socialismo en Cuba. Se trataba de creencias religiosas de carácter popular, aisladas, asistemáticas, faltas de organicidad y de unidad, sin grandes templos o lugares de concentración de gran número de fieles, carentes de un credo único y en estado de disipación, con las que no había conflictos de tipo filosófico ni económico. Los babalaos, tatas, santeros y babalochas, salvo casos muy particulares, no se enfrentaron al Estado. El Estado, a partir de su no injerencia en las religiones afrocubanas, que no resultaban preocupantes, reforzó de esta manera su imagen de tolerancia religiosa. 

Por su parte, las denominaciones evangélicas, 54 en total, no presentaron un frente unido que ripostara las acciones del gobierno, como hizo la Iglesia Católica, aunque dicho, algunos pastores se enfrentaron y terminaron abandonando el país, otros se limitaron a sus funciones religiosas sin mezclarse en política y algunos se aprovecharon para tratar de entrar en los grandes espacios vacíos de acción pastoral que comenzó a presentar la institución católica. 

La Iglesia Católica, por su parte, comenzó a reponerse del golpe demostrando su gran vitalidad. Pero la recuperación era lenta. El clero quedó muy reducido en comparación con las cifras previas a 1961, y la Iglesia tuvo la posibilidad de recuperarse progresivamente con la formación de sacerdotes cubanos y con la entrada al país de algunos clérigos y sacerdotes extranjeros. Las bajas proporciones de sacerdotes y agentes de pastoral obligaron a la Iglesia a un quehacer apostólico más intenso y también más racionalmente distribuido. La nivelación social derivada de la liquidación de la dominación de clases transformó la base social de la pastoral católica. Con el fin de atender centralmente los asuntos religiosos, el estado creó una Oficina de Asuntos Religiosos que se llamó después Departamento y quedó subordinado directamente al Comité Central del Partido Comunista. Todas las actividades relacionadas con la religión incluyendo la entrada y salida de personal religioso de todas las creencias fueron reguladas y normadas por esta Oficina, que podía y puede acceder o denegar el acceso al país de sacerdotes o hacer factible la adquisición de facilidades para el funcionamiento de la Iglesia como fotocopiadoras, automóviles, etc.  

Simultáneamente, con la aparición del ateísmo oficial y la implantación de un estado todopoderoso, la Estatolatría comenzó a sustituir a Dios. El Estado, a partir de la ausencia de Dios, ocupa su lugar. El Estado-Providencia decide la vida de los hombres, que para todo dependen de él. El Estado alimenta, emplea, transporta, distribuye, educa, cura, presta servicios sociales, asistenciales y de seguridad social. Es todopoderoso y omnisciente y omnipresente. En Cuba se implantó, casi en forma de religiosidad, la estatolatría, muy vinculada al culto de la personalidad de Fidel Castro, en la cual la divinidad es sustituida por el estado, cuya expresión es El propio dictador. Esta forma de religiosidad proclama el ateísmo (ausencia de divinidad). A partir de que Dios no existe, el estado se convierte en divinidad. Ya no debe existir una religión para lograr el pacto o reconciliación del hombre con lo sobrenatural o trascendente, en la nueva religión el hombre pacta con el poder superior del estado. Si antes el hombre debía reconocer el poder absoluto de Dios y sus cualidades (todopoderoso, omnisciente, omnipresente) ahora el hombre debe reconocer el poder absoluto del estado: El estado resuelve todos los problemas de la vida cotidiana. El estado lo garantiza todo: alimento, casa, educación, salud, transporte, recreación, festividades. El hombre no tiene que pensar, sólo acatar la voluntad estatal. El Estado-Dios resolverá todos los problemas. No hay que rogar a nadie. No hay que rendir culto nada más que a las ceremonias o celebraciones estatales que exigen la participación de los hombres. El tener, usar, utilizar, están normados por el Estado-Dios que garantiza una vida precaria en este mundo y garantiza también la inexistencia y el vacío absoluto después de la muerte.

La estatolatría sustituye a las religión. El estado resuelve todos los problemas del hombre: lo mismo concede “gratuidades” con el alto costo de la libertad, que lanza a las calles millón y medio de cubanos dejándolos sin empleo. También sustituye a las religiones de vida eterna: no son necesarias pues la vida eterna no existe. La estatolatría elimina el pensamiento trascendente y las filosofías que se derivan de él. Niega la vida eterna, la esperanza, la fantasía, la posibilidad y la necesidad de soñar.

Su mensaje es el mismo que apareció grabado sobre el dintel de la puerta del Infierno concebido por Dante Alighieri: dejad atrás toda esperanza.

La estatolatría es una religión esclavizadora que humilla al hombre y exalta su dependencia del estado. Elimina la trascendencia, reduce la existencia y el ser a la vida cotidiana, deja del ser humano solamente el carapacho material, eliminando su alma. Crea de nuevo al mundo bajo la proposición de la ausencia de Dios. El mundo ha sido creado de forma aleatoria, bajo las leyes del azar, como consecuencia de cambios, combinaciones y mutaciones que se han llevado a cabo “per se”, sin un previo ordenamiento, regulación o dirección, sin plan o voluntad rectora. Deja la inmensa complejidad de la vida al “portentoso capricho del azar”. 

El ateísmo obtuvo un rango doctrinal entonces y se convirtió en la religión adoptada por el Estado-Providencia, tal como lo reconoció de forma crítica el propio Fidel Castro en el IV Congreso del Partido Comunista, al decir: Somos un partido y no una religión, y en cierto momento hemos convertido el partido y el ateísmo en una religión (9) 

Efectivamente, el Partido Comunista no era una religión pero la suma de poder acumulado en el Estado-Providencia lo presentaba como un Dios, en flagrante contradicción con sus propios principios. Pienso que Fidel Castro no debe haber estado en desacuerdo con la nueva forma de religiosidad estatolátrica... 

Merece atención en esta etapa la postura del Vaticano, cuya representación en Cuba tiene un vínculo de orden político con el estado y de orden religioso con la jerarquía católica. Cuando el Vaticano retiró en 1962 al Nuncio Mons. Luis Centoz sin designar sustituto, el Primer Secretario de la Nunciatura, Mons. César Zacchi, quedó como encargado de negocios interino. La interinatura tuvo la inusual extensión de trece años, lo que suponía una reducción del nivel de representación de la Santa Sede en Cuba que afectaba la reciprocidad puesto que Cuba mantenía su embajador ante el Papa. Sin embargo, aparte de la formalidad diplomática, Zacchi demostró capacidad para mantener la comunicación con el Estado cubano y con la Iglesia local y contribuyó a mejorar la comprensión recíproca. Su trabajo fue eficaz como presencia tutelar del Vaticano en el rumbo y ritmo renovador de la Iglesia cubana, aunque es evidente que en su gestión no faltaron rozamientos con el tradicionalismo de la Iglesia cubana, bastión frente al castrocomunismo y el marxismo, y con sectores del propio Vaticano.   Resulta difícil hacer un balance adecuado de la gestión de Mons. Zacchi a favor de la sufrida y doliente Iglesia de Cuba... 

Parte IV: La Iglesia humillada y discriminada ...cuanto más impotente es la iglesia, cuanto más despreciada y pobre, perseguida y humillada, con tanta mayor eficiencia, diafanidad y precisión cumple su tarea. Nacida en la cruz, continúa adherida a la cruz. Pero de la cruz proviene la paz. 

Tratamiento oficial dado a la religión por el Estado. Las Constituciones Socialistas de Cuba y el tratamiento dado a la religión en el Código Penal y en otras leyes. La posición nominal y la posición real. 

Si las Constituciones Republicanas de 1902 y de 1940 incorporaron lo recogido en las Constituciones de la República en Armas durante el siglo XIX en lo que respecta a la separación de la Iglesia y el Estado y a no favorecer a ninguna religión en particular, de hecho la Iglesia Católica mantuvo cierta posición privilegiada. La letra de la Constitución Socialista aprobada en 1976 conservó la tradición mambisa y dio respaldo legal a la libertad religiosa. Al menos sobre el papel, porque realmente continuó la discriminación junto con las restricciones a la Iglesia. 

El IV Congreso del Partido Comunista realizado en 1991 aprobó un cambio en sus estatutos para no impedir el ingreso al Partido a las personas con creencias religiosas, como consecuencia de concepciones erróneas a partir del a ateísmo mal llamado científico que por muchos años se instaló en el país. Por tanto las personas religiosas ingresarán al partido con su fe, y no a pesar de su fe, ni por su fe. El IV Congreso recomendó modificar la Constitución para dejar más explícito el carácter laico del estado y la libertad religiosa. Los cambios ocurrieron nuevamente sólo en el papel. 

La Constitución de 1992, después de la esa reforma, recoge en el Artículo 8 que: El Estado reconoce, respeta y garantiza la libertad religiosa (...) Las instituciones religiosas están separadas del Estado (...) Las distintas creencias y religiones gozan de igual consideración..., y el Artículo 42 proscribe la discriminación incluyendo las motivadas por creencias religiosas. En el Artículo 55 se reconoce, respeta y garantiza... la libertad de cada ciudadano de cambiar de creencias religiosas o no tener ninguna, y a profesar, dentro del respeto a la ley, el culto religioso de su preferencia, y establece que la ley regula las relaciones del Estado con las instituciones religiosas. 

La Ley 62 del Código Penal del 30 de abril de 1988, en su Artículo 294, 1 y 2 Delitos contra la libertad de cultos penalizó obstaculizar la libertad de cultos que se practique contra cualquier organización religiosa. En cuanto a la Ley 54 de Asociaciones, que ajustó a las condiciones socialistas las regulaciones estatales sobre las asociaciones existentes en el país reconocidas, recogía en sus transitorias que quedarían sometidas a una ley específica o Ley de Cultos, aún no promulgada. Las relaciones oficiales con las organizaciones religiosas, la atención de éstas y de personalidades religiosas, se desarrollan a través de la Oficina de Asuntos Religiosos subordinada al Comité Central del Partido... 

La presencia amenazadora de miembros de las llamadas brigadas de respuesta rápida ante las puertas de las iglesias, armados con palos, piedras, tubos y cadenas, insultando a los fieles y gritando consignas amenazadoras en las décadas de 1980 y 1990, desmienten en su totalidad las palabras escritas con tinta invisible en el papel mojado de las llamadas Constituciones socialistas. Por ello se afirma que la posición nominal adoptada por el Estado mediante la Constitución y las leyes no coincide con la posición real. Durante muchos años los católicos fueron objeto de discriminaciones de diversos tipos. En ciertos momentos, proclamar la religiosidad católica podía limitar las responsabilidades de empleo en profesiones y cargos bien remunerados. Muchas personas se casaban por la Iglesia o bautizaban a sus hijos clandestinamente. Las personas no iban a las celebraciones religiosas dominicales por miedo a que los vieran y dejaron de celebrarse los días de grandes festividades religiosas, como el 24 de diciembre. Las procesiones tradicionales no pudieron salir a la calle durante muchos años y solamente podían realizarse en el interior de los templos. Las campanas, que habían repicado en las Iglesias de la Isla durante 450 años, dejaron de escucharse. La celebración de la Navidad fue suplida por la celebración del 26 de julio. En las autobiografías que se llenaban como condición para comenzar a trabajar en cualquier empresa siempre se recalcaba en las creencias religiosas, y los entrevistados proclamaban no tener creencias aunque pensaran exactamente lo contrario. Si la persona era creyente y sobre todo católica, no tendría acceso al trabajo, o a estudiar ciertas carreras en las Universidades cubanas. Se convertiría en una persona de categoría inferior y mirada con recelo. El ateísmo era la doctrina, la estatolatría era la religión. 

Al mismo tiempo, los pastores protestantes que ocupaban cargos en el estado y el gobierno no tenían dificultades para desempeñarlos. Representantes evangélicos que simpatizan con la Revolución venían y vienen de Estados Unidos. Otros pastores y miembros de Iglesias protestantes tienen dificultades similares a las de sus hermanos cristianos y católicos. Simultáneamente, los santeros, paleros, tatas, nkisis y babalaos no tenían problemas para dar sus toques de tambor, sus cumpleaños de santos, sus imposiciones de fundamentos y las celebraciones de sus cultos, contando incluso con el apoyo, la ayuda y la participación oficial en estas religiosidades basadas en relaciones monetario-mercantiles, en las que se sacrifica, se promete y se ofrenda al “santo” para obtener sus favores: yo te doy para que tú me des. Una forma muy simplista de realizar el pacto entre el hombre y una pretendida trascendencia que apenas se diferencia del propio ser humano y que porta idénticas o peores limitaciones. 

Ante este cúmulo de desgracias, parecía como si la Virgen de la Caridad del Cobre nos hubiera abandonado, dejándonos solos y sin esperanza para que se cumpliera el más amargo de los destinos.  

No fue así. Sobrevivimos gracias a Ella. Nos herían a diario, pero su infinito amor curaba nuestras llagas, y nos levantaba la fe cada vez que flaqueábamos. 

¿Dónde estaba la Virgen de la Caridad? 

Mientras pasaba todo esto ¿dónde estaba la Patrona de Cuba? Ella, que convocaba cientos de miles de personas y llenaba las plazas sin necesidad de movilizar o hacer propaganda, había sido retirada de los lugares preferentes en las salas de las viviendas para pasar a closets, armarios o a sitios poco visibles. Los placas que proclamaban en los hogares el lema “Con Dios todo, sin Dios nada”, desaparecieron de las puertas donde habían anunciado el catolicismo de los habitantes.  

¿Qué hacía, entonces, la Virgen de la Caridad? ¿Es que nos había desamparado? Y ¿dónde estaba Dios Nuestro Señor? Es muy sencillo: la Virgen y Dios eran los mismos. No nos desampararon, nosotros nos alejamos. No se fueron, nosotros nos escondimos. Nos ocultamos por miedo o nos disfrazamos con una máscara de conveniencias. Ninguna de estas dos cosas nos libró de los más grandes sacrificios y las más oscuras angustias... 

Ocurre que en vez de continuar caminando al lado del Señor, que es la Verdad: Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí (Jn 14, 6) muchos se dejaron tentar por el demonio: La mentira viene del maligno... y él es mentiroso y padre de la mentira (Jn 8, 44). Otros no se dejaron tentar y se marcharon a otras tierras, muchos no pudieron escapar nunca, cientos de miles, por terror y por miedo, o por acomodamiento o desconocimiento, aceptaron la mentira y se defendieron diciendo que no era mentira sino verdad, porque es difícil reconocer los errores, o conociendo la situación mentirosa se adaptaron a ella tratando de obtener el mayor provecho posible. En cualquier caso, fuimos responsables de lo ocurrido y no debemos echar la culpa a la Virgen o a Dios. No éramos niños. Somos responsables de nuestras posturas. No debemos hablar de independencia y libertad supeditándola a Dios. Después de la Paz del Zanjón los mambises no echaron la culpa a Dios, se prepararon para la Guerra Chiquita y se lanzaron a la lucha en 1895. Rezaron a Dios y a la Virgen para que los ayudaran, pero ellos marcharon a la guerra: La libertad es un derecho y los derechos se toman, no se piden; se arrancan, no se mendigan... 

 También nos alejamos de nuestra Madre de la Caridad, aunque la Virgen estaba con nosotros. Las Madres nunca desamparan a sus hijos. Hace 20 siglos, la Virgen María estuvo siempre al lado de su hijo. Estaba presente cuando lo juzgaban, lo miraba con los ojos llenos de lágrimas cuando cargaba la Cruz tambaleándose bajo el peso de nuestros pecados en la Vía Dolorosa, estaba presente cuando taladraron las manos y los pies de su Divino Hijo, cuando clavaron la lanza en su costado, cuando se pudieron contar todos sus huesos. 

Estaba a su lado durante toda la agonía, y cuando fue bajado de la Cruz, después de su muerte por nosotros, cargó su cuerpo ensangrentado y limpió las heridas espantosas.  

De la misma forma la Virgen de la Caridad se ha mantenido esperando por nosotros, ha mirado nuestra agonía durante medio siglo, ha llorado con nosotros, ha tratado de remediarnos y sanarnos. La Virgen es discreta, prudente y respetuosa. Nosotros nos alejamos de Ella, ahora nosotros debemos acercarnos. 

Y Dios Nuestro Señor ¿dónde estaba? ¿Qué hizo? Él estaba y está con nosotros. Nosotros nos alejamos, él se mantuvo en su sitio. Debemos ser fuertes, pararnos sobre nuestros pecados. erguirnos, tomar la decisión y volver. En este caso, debemos recordar la parábola del hijo pródigo: En aquel tiempo, se acercaban a Jesús todos los publicanos y los pecadores para oírle. Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este acoge a los pecadores y come con ellos.

Jesús les dijo esta parábola: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: "Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde." Y él les repartió la hacienda.

Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino.
 

«Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba.

Y entrando en sí mismo, dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! (Lc 15, 1-3, 11-32)

Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros."
Y, levantándose, partió hacia su padre. «Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente.

El hijo le dijo: "Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo."
Pero el padre dijo a sus siervos: "Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies.

Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado". Y comenzaron la fiesta.
Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Él le dijo: "Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano."

El se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba.
Pero él replicó a su padre: "Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!"
Pero él le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado."
 

El pueblo de Cuba fue, en muchos sentidos, como el hijo pródigo. El Padre dejó que el hijo hiciera lo que quisiera con su parte de la herencia, porque su hijo era un hombre libre. El Padre no evitó las desgracias que cayeron sobre su hijo, porque era el hijo el culpable; pero se alegró de su regreso.

 

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