DE LA SOCIEDAD LIBRE

Por Hugo J. Byrne

Nada es más importante en la educación social que la historia. ¿Cómo definir la historia? La respuesta es bien fácil: para el lector la historia es todo cuanto ha sucedido hasta el instante en que lee esto. De lo que se deduce que todo aprendizaje implica historia, nos agrade esa disciplina o no.

¿Sería necesario un simple ejemplo? Si observamos cómo se desarrolla la carpintería en un moderno taller de fabricar muebles o gabinetes, aquello que no es diseñado electrónicamente por un remoto ordenador operado por un solo técnico, se realiza mediante herramientas operadas por energía eléctrica, las llamadas “power tools”.

El banco de carpintero “aficionado” de uno de mis tíos, estaba todo rodeado de instrumentos de acero y madera pulida colgando de las paredes o de una lámina perforada. Esas herramientas hoy solo se encontrarían en un museo. La diferencia, sin embargo no reside tanto en la calidad del producto final, como en el tiempo de producción. Aunque mi tío una vez fabricó un bello barco dentro del zaguán de su casa, con seguridad demoró cien veces más tiempo que un astillero moderno.

¿Alguien ha visto cómo funciona hoy una línea de montaje de automóviles? Básicamente se usa el mismo principio que diseñara Henry Ford, pero la enorme diferencia es que durante las tres cuartas partes del proceso todo lo hacen enormes robots programados exclusivamente para ello.

El mantenimiento de los más precisos entre esos sofisticados mastodontes electrónicos, se reduce a una fracción de lo que costaba un operario manual en Detroit en 1958. Entonces éstos eran los técnicos mejor pagados y con más beneficios en el planeta. Lo que no se reflejaba en su actitud hacia quienes hacían ello posible.

Los operarios manuales aparecen en esas cadenas de ensamblaje de hoy sólo al final del proceso, son muy pocos y se dedican a instalar interiores, utilizando herramientas operadas por energía eléctrica. El resultado es una capacidad productiva inmensamente superior a la del pasado y un trabajo manual más ligero y más preciso.

Dos frases caracterizan al mal llamado “capitalismo norteamericano”: “to make money” (hacer dinero) y “time is gold” (el tiempo es oro). La primera frase nada tiene que ver con la falsificación de papel moneda y todo que ver con la habilidad de brindar los beneficios del trabajo productivo a todos los sectores que intervienen directa o indirectamente el proceso. La frase “hacer dinero” surgió en la versión del idioma inglés de Estados Unidos.

La sociedad capitalista no tiene su origen en Wall Street, como proclaman sanguijuelas burocráticas como el Gobernador Brown de California y el Senador Sanders de Vermont. Adam Smith, el autor de “Wealth of the Nations” era tan británico como John Bull. Sin embargo, la cuna del comercio libre ya dista mucho de ser libre. El Reino Unido, otrora imperio poderoso y hoy debatiéndose en el infierno creado por el sangriento terrorismo islámico, hace años que cedió a la tentación colectivista, desarmando totalmente a su infeliz población. ¿Quién puede asombrarse del asesinato colectivo de niñas inocentes?

La sociedad libre demanda absoluto respeto a las libertades fundamentales del individuo, sin las que la sociedad se convierte en un triste rebaño de esclavos. Nada es más horrible que la dependencia y de todas las infames dependencias la peor es la dependencia al estado, el que siempre es impersonal hacia el ciudadano individual y con frecuencia, inhumano, opresor y totalitario.

Por eso es que uno de nuestros mejores presidentes, Calvin Coolidge, lo definió con absoluta precisión. “Silent” Calvin afirmaba que el mejor gobierno era el menor.

Una sociedad realmente libre solo puede basarse en completa autonomía individual. De lo contrario podría ser democrática pero no libre. Todos los derechos humanos residen en el individuo.

¿Desea el amable lector vivir en un aposento sin pagar renta? ¿Desea tener dos o tres comidas al día sin pagar manutención? ¿Desea tener asegurado cuidado médico y hospitalización totalmente gratis? ¿Desea tener recreación audiovisual gratuita? ¿Desea acceso a ejercicios y gimnasia con parafernalia para practicarla sin incurrir en gasto alguno? ¿Quiere vivir sin trabajar? ¿Desea vivir donde la ley prohíba forzarlo a trabajar?

Hay un lugar donde todo residente tiene acceso a todo eso, además de satisfacer sus necesidades espirituales, cualquiera que fuera su fe religiosa. Además en el inevitable acontecimiento de su muerte, en ese lugar le ofrecen un sepelio modesto, pero decente y acorde a los ritos de su fe.

Si cree que tal lugar es la prisión, es usted sagaz. ¿No semeja al socialismo?

 

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