LOS TRES VILLALOBOS

Por Esteban Fernandez

Aparte de los jugadores del Club Almendares los héroes de mi niñez eran Rodolfo, Miguelón y Machito, los intrépidos cowboys de la serie radial Los Tres Villalobos.

Los tres Villalobos y yo somos contemporáneos. Ellos surgieron en el año 1943 y yo en el 44. Ellos en RHC Cadena Azul (después se pasaron para CMQ Radio) y yo en Cuba, ellos en el Valle del Ayatimbo, yo en el Valle de Güines.

Creo que mis únicos fanatismos de muchacho eran mi equipo favorito de béisbol y mi programa de radio.

Mi locura con Los Tres Villalobos eran de tanta magnitud que les aseguro que uno de los días más tristes de mi vida fue cuando se corrió el rumor de que Rodolfo Villalobos estaba muerto.

Mi martirio fue apoteósico cuando unos minutos antes de terminarse el episodio Miguelón y Machito se encuentran un ataúd, lo abren y ambos gritan: “¡Rodolfo!” A mí me parecía que me iba a dar una sirimba. Y mi pueblo, y todos mis amigos, parecían que estaban de luto.

Coincidió esto con que el Doctor Aucar conocido otorrinolaringólogo procedente de la Capital les había dado un turno a mis padres para operarme de amigdalitis precisamente a las 12 de día de la mañana siguiente.

Increíblemente yo logré que mi mamá llamara a la Capital a la consulta de Aucar y cancelara la operación. Imagínense ustedes la gran pena que tendría que pasar mi abnegada madre para explicar que “Mi hijo no puede operarse a esa hora porque mañana se decide si Rodolfo Villalobos está vivo o muerto”.

Desde luego que el autor de la serie llamado Armando Couto se aconsejó y permitió que Rodolfo siguiera vivito y coleando. Para alegría mía y de media Cuba.

Y no solamente quería entrañablemente a los tres hermanos sino también a Azabache el caballo de Jesús Alvariño “Machito”, Tormenta el de Rolando Leyva “Miguelón” y Centella el de Ernesto Galindo “Rodolfo".

Tremendo escándalo que se formó en el parque de mi pueblo cuando se corrió la bola de que todo el elenco de Los Tres Villalobos se encontraba de visita en el aledaño Santiago de Las Vegas.

¡Oh, cuanto me encantaban sus amigos El Gago Quiñónez, el viejito Tobías, el indito Ciervo Ligero, y cuanto odiaba a sus archi enemigos Sakiri el Malayo, Emilio Capetillo, el Indio Karinoa y el Látigo Negro!

Y todos, en una Cuba feliz, cantabamos contentos: ¡Tres eran tres, los tres Villalobos y ninguno era bobo!

Como era de esperar la tiranía intentó renacer y convertlr la serie en una lucha de campesinos contra los terratenientes y latifundistas y yo ni corto ni perezoso mandé a los Tres Villalobos a freír espárragos.

 

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