LA NIÑA Y LA MARIPOSA

D. Ramón de Campoamor, España

(1817-1901)

Va una mariposa bella
volando de rosa en rosa,
y de una en otra afanosa
corre una niña tras ella.

Su curso, alegre y festiva,
sigue con pueril afán,
y con airoso ademán
la mariposa se esquiva.

A veces con loco intento
quiere hacer presa en sus galas,
y, en vez de tocar sus alas,
toca las alas del viento.

Y su empeño duplicando,
cuanto más corre afanosa,
más leda la mariposa
va su inocencia burlando.

La ciñe en rápido giro,
y al ir a cogerla esbelta,
por cada vez que se suelta,
suelta la niña un suspiro.

Mas, sin ceder en su anhelo,
presta una, y la otra ligera,
ni una acorta su carrera,
ni la otra amaina su vuelo.

Y vagan embebecidas,
sin sentir indiferentes
ni el són de las claras fuentes,
ni el de las auras perdidas.

Ni los pájaros que espantan,
entre las ramas divisan,
ni ven las flores que pisan,
ni oyen las aves que cantan.

Y mientras estas cantando
siguen con plácido estruendo,
la niña sigue corriendo,
la mariposa volando.

-Amaina el vuelo sereno,
mariposa,
de quien es albergue el seno
de la rosa.
¿Por qué en tal dulce ocasión
vas sin tino
huyendo así la prisión
de lazo tan peregrino?

Reina de las blandas flores,
sus enojos
no temas, ni los ardores
de sus ojos,
porque ese puro arrebol
que enamora,
si es luciente como el sol,
es tierno como la aurora.

Entre mil palmas no hay talle
más galano,
ni azucena en todo el valle
cual su mano.
No oirás de su voz divina
la dulzura,
ni el ruiseñor que trina,
ni el raudal que murmura.

Aprende el aura a ser leve
de su planta,
y, para formar con nieve
su garganta.
le dió el cisne el atavío
de su pluma,
lumbre la aurora, y el río
su plata, cristal y espuma.

-No sigas más la inconstante
mariposa,
enamorada y errante
niña hermosa,
que al fin vendrá a ser cautiva
de tu llama,
si aun amorosa, aunque esquiva,
la luz de los cielos ama.

Y aunque aspira de mil flores
la fragancia,
no imites en tus amores
su inconstancia;
que al fin de tanto vagar,
suele, hermosa,
entre las flores hallar
la yerba más venenosa.

Imita sólo su vuelo,
pues serena,
jamás, niña toca el cielo,
ni la arena.
Quien se humilla o sin razón
subir quiere,
muere a manos de un halcón
si a las de un áspid no muere.

Mas ¡ay! que vas en pos de ella
vagarosa,
sin escuchar mi querella,
niña hermosa.
Sigues con presteza tanta
tu contento,
que así encomiendas tu planta,
como mi súplica, al viento.-

Y en tan inocente afán,
como su gusto entretienen,
así vagabundas vienen,
y así vagabundas van.

A veces en su embeleso
la mariposa, al pasar,
suele fugaz estampar
sobre su mejilla un beso.

Y rauda su vuelo alzando,
la niña de angel blasona,
al trazar una corona
sobre su frente girando.

Y siguen acordemente
la mariposa en sus giros,
la niña con sus suspiros,
con sus rumores la fuente.

Vagan los aires süaves
formando dobles acentos,
y al grato son de los vientos,
siguen cantando las aves.

Y entre tanta melodía,
tanta corriente murmura,
que es todo el aire frescura,
aroma, luz y armonía.

Y susurrando congojas
prosiguen mintiendo quejas,
en el pensil las abejas,
y en la enramada las hojas.

Y tiernas flores hollando,
y frescas auras batiendo,
la niña sigue corriendo,
la mariposa volando.

BIOGRAFIA

Ramón de Campoamor y Camposorio nació en Navia,
pequeño municipio del Principado de Asturias, (España),
un miércoles 24 septiembre de 1817. El mismo año en
el que nació también el poeta vallisoletano José
Zorrilla, autor del inmortal "Don Juan Tenorio".

Su padre, un modesto campesino y su madre una rica
hacendada de aquel concejo que agrupa varias pequeñas
villas, bajo la típica organización de los municipios
asturianos.

Creció Ramón protegido por los esmerados
cuidados de una rica y soltera hermana de su madre,
la cual se encargó de dar al niño los estudios primarios,
que cursó en un pazo que ésta poseía en Piñera, una de
las pequeñas villas que conforman el concejo de Navia.

A los 9 años comienza sus estudios secundarios que cursa
en la villa de Puerto de Vega, también perteneciente
al mismo concejo; allí transcurre su adolescencia.

Fue educado conforme a los gustos y costumbres de entonces,
consistentes en una enseñanza y prácticas de religiosidad
a ultranza, acompañada en plano más secundario, del estudio
de latín y de las otras materias propias de una cultura
general.

El clero ejercía una enorme influencia en la
educación, tanto privada y privilegiada de las clases
acomodadas, como en la más precaria, la pública.

De la forma en que le enseñaron a Campoamor e4l catolicismo en la escuela, garda de mayor un mal recuerdo que no logra
alejar de su mente; tanto le caló y traumatizó aquel tipo
de enseñanza sufrido en su infancia. Relata de mayor,
refiriéndose a los castigos y los miedos que le infundieron
durante su infancia, que "el infierno del Dante era un mal
aprendiz en comparación con los retorcidos inventos de
castigos infernales que me metían los clérigos enseñantes
en mi tierna y sensible cabecita infantil.

Todo el curso
de mis primeros años ha sido un sueño tenebroso, del cual
creo que todavía no he acabado de despertar".
Cursó estudios de filosofía en Santiago de Compostela; de
lógica y matemáticas, en Madrid.
A los 18 años se traslada a Torrejón de Ardoz (Madrid) en
su pretensión de ingresar en el seno de la Compañía de Jesús.
Poco tiempo después, probada ya su incapacidad y falta de
vocación para adoptar los hábitos religiosos, e inducido
por su familia, se matricula en la universidad madrileña
en la facultad de medicina. Poco duró también esta su
segunda experiencia vocacional, ya que el asco y la nausea
que le produce el espectáculo de los cadáveres sobre la
mesa de disección, le convencen nuevamente de lo equivocado
de su decisión. Allí en la facultad de medicina, en el
primer curso, conoce a un catedrático muy observador que
le aconseja con vehemencia dedicarse a la literatura,
pues cree descubrir en el joven una natural aptitud hacia
las letras, mucho más que para las ciencias.
A los 20 años publica su primera obra impresa, se trata de
una comedia en dos actos titulada "Una mujer generosa" la
cual no se tiene referencia alguna que se llegara a estrenar
en teatro. Sus primeros versos de tono romántico los publica
también en ese mismo año, 1838. Aparecen impresos en un libro
bajo el título de "Ternezas y flores". Dos años después publica
otro libro de poesías: "Ayes del alma". En 1846 se publica la
primera edición de "Doloras" obra que le proporcionó una gran
popularidad de joven y prometedor poeta. También ven la luz,
por aquel tiempo, los libros titulados "Pequeños poemas" y
"Humoradas". A partir de entonces, alterna su inclinación
vocacional por la poesía, con sus ideas políticas que consistían
en un gran fervor hacia la reina Isabel II en particular, y en
general, hacia la forma monárquica de organización del estado
español. Se afilia al partido moderado.
Con 30 recién cumplidos años, es nombrado gobernador civil de
la provincia de Castellón. Durante el ejercicio de este cargo,
se propuso hacer obligatoria la educación primaria dentro del
territorio de aquella provincia. Apenas tiene tiempo de intentar
su propósito cuando se ve trasladado al gobierno de la levantina
provincia hermana de Alicante. Allí casa con Guillermina o'Gorman,
una joven dama de acomodada familia irlandesa afincada en Alicante;
una devotísima católica, de cuya unión no hubo descendencia.
Luego, en el periodo comprendido entre los años 1851 y 1854 ejerce
el mismo cargo de gobernador en la provincia de Valencia.
Desde el año 1850 había sido elegido para ocupar un escaño en el
Congreso de Diputados e interviene activamente en la vida pública,
ya desde el Congreso, ya en polémicas tertulias y campañas
periodísticas. A consecuencia de su encendida defensa del sistema
monárquico, llegó a batirse en duelo con el marino español
(nacido en México), Juan Bautista Topete Carballo, que años más
tarde sobresalió en la célebre insurrección que arrojó del trono
a Isabel II en 1868. Todo aquello fue el preludio del advenimiento
de la 1ª República española, que llegaría cinco años más tarde.
En 1861 es designado como miembro de la Real Academia de la Lengua Española, ocupando el sillón E. También fue senador en los últimos años de su vida y llegó a ser muy conocido y admirado dentro de España y en toda Hispanoamérica. Por entonces sucedíanse a menudo las reediciones de todos sus libros de poesía. En aquellos tiempos, debido a la ocurrencia del gran poeta Rubén Darío, varios hombres de letras españoles, intentaron convencerlo para que aceptara ser coronado de laurel en solemne acto, a lo que Campoamor se opuso con tozudez. Su negativa la argumentaba en que no quería ya, a aquella avanzada edad, vivir emociones tan fuertes que aceleraran el momento de su muerte. En Madrid, un gélido domingo de febrero (11-02-1901) fallece don Ramón de Campoamor, a la edad de 83 años.


 

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