EL AFFAIR BILL O’REILLY, ETC.

Por Hugo J. Byrne

A mi amigo y asiduo lector Israel Vidaurreta, quien sugirió el tema.

¿Cuál es el común denominador entre Roger Ailes y Bill O’Reilly? Bueno, sin duda existe más de uno. Aceptemos que estos dos personajes son extraordinariamente acaudalados, poderosos y de gran fama. La epidemia de acusaciones de acoso sexual contra ellos y otros semejantes, en casi todos los casos muy tenuemente planteadas por las demandantes, nada tiene de sorpresa. Lo muy sorprendente sería que los demandados no fueran notorios ricachones, sino pelagatos desconocidos.

En una época pretérita la distinción entre las clases sociales no era basada totalmente en la posición económica. Lo imprescindible era poseer tierra. El señor feudal y hasta algunos encumbrados cortesanos del rey, no poseían necesariamente riquezas valoradas tres o cuatro veces más que las de un palurdo próspero. Eso forzó que para establecer el paradigma de distinción y superioridad, el monarca, señor feudal y hasta el cortesano poderoso, se abrogaran el llamado “derecho de pernada”.

Este “derecho” (muy jorobado), establecía que el mandamás podía reclamar para sí el privilegio de ser el primero en penetrar a cualquier dama de su elección en la noche de bodas de la víctima. En otras palabras, los varones siervos de la gleba que aspiraran a crear una familia tenían que convertirse en cornudos antes de ser esposos, por obra y gracia de ese “derecho”.

Irónicamente la otra distinción dramática sucedía a la hora de la ejecución de convictos. Quienes carecían de linaje, eran ahorcados para facilitar al verdugo usar la misma soga para otros reos después de cortarle un pedazo. Sólo los nobles eran decapitados. Este “privilegio” se establecía para garantizar que la sangre en el hacha del verdugo, que sólo se afilaba sin esterilizarse, permaneciera azul.

Eso era en la “Edad Obscura” y desde entonces las cosas han cambiado radicalmente. Al presente los más encumbrados pueden fácilmente convertirse en víctimas. ¿Es eso todo lo ocurrido en la presente epidemia de “acoso sexual” en Fox News? Probablemente, en la mayoría de los casos. Hasta hoy no he visto ni oído evidencia sólida de nada.

Pero no es necesaria evidencia sólida ni líquida ni gaseosa para desear y obtener un compromiso (“settlement” en idioma inglés). Toda acusación de corruptela perjudica al mundo corporativo con su publicidad negativa. Eso lo sabe muy bien el magnate publicitario Robert Murdoch, cuya familia controla “Fox News Channel” y muchos otros negocios similares a través del mundo.

A pesar de tantos “corazones sangrantes” y otros muchos hipócritas en nuestro entorno, el único escándalo con evidencia real de infidelidad, perjurio y negligencia de funciones oficiales de los últimos veinticinco años no ocurrió en los medios de comunicación ni en “Corporate America”, sino en la Casa Blanca. ¿Consecuencias punitivas para el culpable? Bien, gracias. Por supuesto, en el caso Lewinsky tampoco hubo acoso alguno.

Creo honestamente que las prioridades domésticas de la administración Trump pueden mejorarse. En el plano internacional respaldo plenamente sus esfuerzos por recuperar la preeminencia estratégica perdida con Obama y de ser imperioso aplastar sin contemplaciones a todo aquel que amenace continuamente nuestra seguridad. Si acaso esa política debía ser más uniforme, evitando obvias contradicciones entre la Casa Blanca y la Secretaría de Estado. Eso confunde a nuestros aliados y envalentona a nuestros enemigos, dentro y fuera de esta nación.

En mi criterio, la aplicación estricta de la constitución y las leyes ya está siendo observada por el Fiscal General Jeff Sessions, resultando en mayor seguridad de las fronteras. Una iniciativa imprescindible es la reforma de la legislación sobre derecho civil (“Tort Reform”), la que complementaría la anulación de “Obamacare” y la imprescindible reforma fiscal.

¿Es acaso un secreto que el Partido de los burros está controlado desde hace muchos años por un bando de picapleitos sin escrúpulos? Todos ellos sin excepción, son enemigos acérrimos de cualquier iniciativa que ponga coto a sus multimillonarias demandas frívolas, razón fundamental de la espiral en costos procesales y seguros de salud. Todo esto es mucho más importante que quién paga o quién no por la cerca mejicana, o incluso si ella es imprescindible. A no dudarlo hay picapleitos republicanos, pero son menos.

En cuanto a Bill O’Reilly, creo que es solo la más reciente víctima de la implacable insidia política de la izquierda, aunque no será la última. O’Reilly no es un periodista sino un comentarista de la actualidad. Ni O’Reilly, ni Ailes ni Murdoch son lo que aquí llaman “conservadores”. Muy especialmente Murdoch.

El lema de O’Reilly en su “no spin factor” era “fair and balanced” lo que se traduce como “justo y equitativo”. Más importante que la noción personal de justicia o equidad es, tanto para un periodista como para el autor de un comentario, ser objetivo.

O’Reilly es divorciado y creo que está por los setenta. Dadas las inverosímiles nociones legales de hoy sobre “acoso sexual” en Estados Unidos, le recuerdo al amigo lector que un simple piropo o una mirada intensa pueden fácilmente interpretarse como tal. Gracias a Dios nací en Cuba, donde éramos más tolerantes. En mis tempranos veinte, de haber vivido en esta sociedad y poseído algún capital, me hubieran dejado en cueros.

 

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