ESCÁNDALO JUDICIAL

Por Hugo J. Byrne

 

Esta república responde a firmes cánones cuya violación acarrea consecuencias. Las consecuencias de violar la ley están especificadas en los códigos penales y hasta el pasado reciente se han aplicado por igual a todos los ciudadanos, sin importar cuán encumbradas fueran sus posiciones: incluso un presidente se vio forzado a renunciar ante la evidencia de haber intentado ocultar actividades criminales y sólo el perdón ejecutivo lo salvaría eventualmente de una probable condena a prisión.   Esto no es un punto de vista interesado, sino una simple descripción objetiva de la realidad histórica norteamericana. 

 

Por contraste, ¿cuál es la realidad histórica del régimen que ha sufrido Cuba durante los últimos 52 años? Hablando objetivamente, ese régimen se estableció por la violencia y esa violencia continúa ejerciéndose contra quienquiera se atreva a desafiar su arbitraria autoridad. Autoridad que ha impuesto un solo partido, que no permite libertad de palabra, prensa o asociación y cuyos más evidentes logros son el destierro de casi dos millones de cubanos entre una población que antaño recibía inmigrantes de todo el orbe y el empobrecimiento indefinido de una sociedad que hasta la imposición del castrismo era eminentemente próspera.

 

En el orden legal Castrolandia es junto a Sudán, Irán y Norcorea, una de las cuatro naciones que la Secretaría de Estado de los Estados Unidos desde hace muchos años designara como santuario de actividades terroristas. Esta es la única evidencia práctica sobre el verdadero estatus legal del castrismo. ¿Quién puede alegar con cara seria que la membresía en los llamados “organismos internacionales”, como “Naciones Unidas” extienda respetabilidad o incluso legalidad a un estado miembro? 

 

¿Puede considerarse respetable una institución que ha brindado tribuna a los más brutales y sangrientos tiranos como Robert Mugabe, a terroristas con las manos llenas de sangre, como el felizmente desaparecido Jasser Arafat (¡Premio Nóbel de la Paz!), o incluso antropófagos confesos como Idi Amín o Bokassa? La condena anual a Estados Unidos por parte de ese circo de tres pistas por el llamado “bloqueo económico contra Cuba” es objetivamente hablando un galardón de honor para esta nación.

 

¿Qué clase de revuelo hubiera provocado que durante la tiranía de Lenin un alto oficial de la GPU hubiera sido admitido a testificar ante una corte federal de Estados Unidos respondiendo a un requerimiento de la Secretaría de Justicia Norteamericana? ¿O un jerarca de la Gestapo durante el Imperio Nazi en 1939?

 

No existe diferencia ética alguna entre un verdugo de la “Horda Dorada” de Gengis Kahn, un alto oficial de la cruel KGB en la felizmente difunta Unión Soviética, un miembro de la temida Gestapo Nazi y otro perteneciente a la presente “Dirección de Inteligencia” castrista. En los cuatro casos se trata de rufianes totalmente despojados de los valores éticos que se supone reinen soberanos en occidente y de manera especial en los Estados Unidos de Norteamérica. Aunque suene repetitivo debo agregar que esta realidad es diáfanamente objetiva.

 

Si esto es desconocido por la Jueza de la Corte Federal de El Paso, Kathleen Cardone, no es culpa del sistema judicial de esta nación, sino de la increíble ignorancia de Cardone en un tema tan esencialmente básico en relación al caso del Departamento de Justicia contra Luis Posada Carriles, que ella preside. Esa ignorancia se hizo ampliamente manifiesta cuando en su decisión de aceptar “documentos” aportados por el régimen de La Habana Cardone sentenció: “El gobierno de Cuba no es el acusado en este caso”.

 

Como la historia en su momento demostrará sin apelación posible, el régimen castrista es la fuente de toda la violencia y de todo el mal relacionado con este caso y en todos los casos en que persiga esa tiranía de oprobio a cubanos dignos y libres. Si Cuba fuera el país soberano por el que se sacrificaron sus fundadores, si tuviera un gobierno civilizado que respetara los inalienables derechos del pueblo, Luis Posada no estaría siendo acosado por los perros de presa del tirano. Tirano que aún tiembla ante la determinación y fuerza moral de Posada, a pesar de sus años y pobre estado de salud. Que el poder judicial en Norteamérica se haga cómplice ahora en ese acoso constituye un verdadero escándalo.

 

En relación al “testigo” Roberto Hernández Caballero, “Teniente Coronel” de la Porra castrista, quien ya ha testificado en dos casos anteriores en cortes federales defendiendo los intereses de la tiranía y atentando contra los de esta nación, tenía algunas preguntas que no han sido aclaradas por la prensa al servicio de la presente administración norteamericana. La primera era ¿somos los contribuyentes quienes pagamos por su viaje desde Cuba y sus gastos aquí? La respuesta me la dio mi amigo el siempre bien enterado Humberto Fontova, en un reciente artículo: sí, el notorio Secretario de Injusticia Eric Holder, nos pasa la cuenta a todos para avanzar su agenda política superizquierdista, que es por cierto bien antagónica al interés nacional de los Estados Unidos.

 

Aceptar como posiblemente legítima una declaración de un esbirro castrista como si se tratara de un miembro de la policía de un país libre es una afrenta a esta nación. Aceptarla con la devergonzada frecuencia que lo hacen las cortes federales de los Estados Unidos de hoy es una falta de respeto a la ciudadanía de este país y a la justicia de los hombres.     

 

   

 

 

 

 

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