KASSERINE

Por Hugo J. Byrne

Los muchos vaivenes de la vida demuestran a las personas observadoras que no existe nada futuro que sea inmutable o esculpido en piedra. Los acontecimientos en la historia a veces se suceden muy rápidamente y, en sucesivas direcciones totalmente opuestas, como en el péndulo de un reloj.

Un caso interesante que confirma ello fue el inicio en 1943 del conflicto entre las fuerzas norteamericanas y los soldados del Eje. Era la primera vez que unidades terrestres del Tío Sam y tropas ítalo-germanas se enfrentaban cara a cara. El escenario era África del Norte y los sistemas montañosos de Túnez que partiendo del Cabo Bon en la costa del Mediterráneo, corren en dirección suroeste. Después de penetrar en Argelia, retornan en zig zag a Túnez, finalmente torciendo casi en ángulo recto hacia el mismo extremo norte de donde surgen. Se trata de una barrera natural, sólo atravesada por desfiladeros angostos. Uno de estos desfiladeros es conocido por Kasserine.

El Mariscal de Campo Erwin Rommel recién llegado de su retirada de más de 1400 millas desde su primera gran derrota en Egipto, se proponía obstruccionar la ofensiva que su perseguidor Montgomery sin duda emprendería. Para ello no sólo estableció una zona defensiva al sur de Túnez, en las viejas fortificaciones francesas de la llamada “Línea Mareth” entre las lomas de Matmata y el Mediterráneo, sino que envió una columna para atacar por sorpresa el flanco izquierdo de Montgomery.

Los británicos habían captado el movimiento gracias al eficiente reconocimiento aéreo aliado y esperaban a los Panzers con cañones antitanques hábilmente camuflados. Los veteranos artilleros esperaron hasta el momento adecuado para desatar un fuego letal y las tropas de Rommel tuvieron que retirarse rápidamente tras de de varios inútiles intentos, dejando tras de sí 52 Panzers envueltos en llamas. Rommel no deseaba ocuparse de esa zona hasta haber derrotado decisivamente a los norteamericanos en el frente noroeste. Eso nunca ocurrió.

Sin embargo, esa derrota casi se materializa semanas antes, en el desfiladero Kasserine, el “Día de San Valentín” de 1943. Rommel era un táctico brillante y nada en su historial bélico contradecía esa premisa. No obstante, a diferencia del Coronel General Jürgen Von Arnim, quien había parado en seco a los norteamericanos a las puertas de Túnez dos meses antes, Rommel a menudo alardeaba y subestimaba al enemigo. Von Arnim era más modesto y menos dado al cultivo de la publicidad.

Al mando del “5th Panzer Army” Arnim había sido enviado por Hitler a Túnez después del éxito del desembarco norteamericano en Marruecos (“Operation Torch”). Viejo rival de Rommel (a quien el prusiano Gert Von Rundstedt llamaba “el Niño Mariscal”), Arnim era tan buen táctico como “el zorro del desierto”. Sus fuerzas, unidas a los remanentes del Afrika Korps de Rommel constituían un oponente formidable.

Ahora vamos a enfrentarnos a esos muchachos de la tierra de posibilidades sin límites y vamos a darles una lección que los desmoralice, para que nunca la olviden. No me interesa conquistar terreno tanto como destruir su moral”. Rommel no era sincero en esa afirmación. En realidad el objetivo alemán era tomar los puertos argelinos del Mediterráneo. Pero su tono arrogante pareció justificado por lo menos al principio de su ofensiva.

El líder aliado a cargo de defender esos pasajes montañosos era el Mayor General Lloyd Fredendall, a cargo del II Cuerpo de Ejército de Estados Unidos. Fredendall enfrentaba a unos 100,000 hombres entre alemanes e italianos, dirigidos por uno de los mejores oficiales de campaña con que contaba el Eje. Fredendall, por contraste, era un oficial menos que mediocre. Para colmo tenía también la desventaja de comandar tropas bisoñas e inexpertas, encarando veteranos curtidos por años de continua campaña en dos continentes.

En vez de concentrar sus fuerzas a la entrada de los desfiladeros, Fredendall las esparció a lo largo de todo el frente a la usanza del general español Fernández Silvestre antes de su catastrófica derrota en Annual. Cuando los Panzers y granaderos alemanes irrumpieron en Kasserine utilizando al máximo su potencia de fuego en ese punto, muchos soldados norteamericanos abandonaron sus unidades, dejando en su rastro tanques, piezas de artillería, equipos, materiales y vituallas. Kasserine no fue una retirada, sino una fuga humillante. Los Panzer “Tigres” de 60 toneladas lograron cundir el pánico.

Pero después de 4 días de continua derrota y fuga, los norteamericanos empezaron a reponer tanto sus pérdidas materiales, como sus bríos para enfrentar el enemigo. Protagonista de ese dramático cambio en la suerte de la batalla fue la llegada de la Novena División de Artillería, incluyendo el Batallón 34 de Artillería de Campaña, al mando del entonces Teniente Coronel William C. Westmoreland. Los cañones norteamericanos habían recorrido 800 millas desde Orán hasta Kasserine.

De repente los Panzers “Tigres” empezaron reventar aplastados por bombas de gran potencia. Incapaz de maniobrar por lo angosto y quebrado del terreno y el obstáculo de sus propias unidades fuera de combate, Rommel ordenó parar la ofensiva el 22 de febrero de 1943: las puertas de Túnez habían sido abiertas.

Guerrero por excelencia, la retirada de Rommel fue tan discreta como rápida. Cuando las fuerzas norteamericanas empezaron su avance al día siguiente, no había ni rastros del famoso “zorro”. En la tarde de ese mismo día Rommel recibió la visita de su superior inmediato, el Mariscal de Campo Kesselrig, quien se sorprendió de la deprimida apariencia de quien fuera para él una leyenda viva.

Tres días después de la batalla de la “línea Mareth” el frustrado Rommel voló a Berlín para convencer a Hitler de que sin la evacuación inmediata de Túnez sólo se podía esperar una derrota aplastante. “Mantendremos África y usted se queda aquí bajo licencia de salud”, fue la insólita respuesta del “líder infalible”. Casi simultáneamente con el forzoso retiro temporal de Rommel, un general norteamericano de dos estrellas, 57 años de edad y un record legendario desde 1918, se hizo cargo del frente de Túnez. George S. Patton Jr. era tan capacitado como Rommel, sólo que aún más agresivo y al igual que el prusiano y el británico, también arrogante y vanidoso.

En mayo de 1943 todas las fuerzas del Eje en Túnez (más de 238,000 soldados) capitularon oficialmente ante los anglo-norteamericanos. Las pérdidas del enemigo en esa campaña fueron 32,000 muertos, las dos terceras partes, alemanes. El Eje había sido expulsado de África.

Las pérdidas de Estados Unidos fueron 2,838 muertos y 8,279 heridos. “Los muchachos de la tierra de posibilidades sin límites” no lo habían hecho mal después de todo y, por el contrario, quienes recibieron una lección terrible fueron los germanos.

 

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