CUBA Y EL FANTASMA DE SU LIBERTAD

Por Alfredo M. Cepero

 

“Y si rota cayera algún día

nuestra patria por obra del mal,

en tus muros se refugiaría

el fantasma de la libertad”.

 

Himno de la Universidad de La Habana.

Gustavo Sánchez Galarraga

 

En uno de mis recorridos por la historia turbulenta de nuestra patria tropecé hace unos días con la letra del Himno de la Universidad de La Habana, escrito por el poeta y dramaturgo Gustavo Sánchez Galarraga, cuya muerte prematura a los 42 años nos arrebató a uno de los espíritus mas sensibles de la literatura cubana. Al igual que otros artistas de su vocación y talento, Sánchez Galarraga tuvo la habilidad de sintetizar el pasado y de vislumbrar el futuro como lo vemos en la estrofa del himno que reproducimos al principio de este artículo. No en balde hay quién ha dicho que los poetas tienen algo de profetas. Y en los cuatro versos de esa estrofa, escritos en medio de la lucha contra la dictadura de Machado, el poeta-profeta describió la angustia en que vivía su alma sensible y vislumbró el trágico futuro de la patria bajo una tiranía que nos llegaría treinta años después.  

 

Desde el alzamiento de los hermanos Agüero en el Camagüey de mediados del Siglo XIX hasta la inmolación heroica de Orlando Zapata hace apenas un año los cubanos hemos luchado infructuosamente por hacer que crezca sobre nuestro suelo, afianzado en raíces profundas, el árbol de nuestra libertad. Pero, con excepción de breves períodos de libertad y democracia, los últimos ciento cincuenta años de la historia política de nuestra infortunada Isla han estado dominados por la rapacidad de nuestros gobernantes y la indiferencia de la mayoría de nuestro pueblo. Dicho en pocas palabras, hemos tenido el coraje para combatir la opresión pero hemos carecido del patriotismo y el sentido común para conducir la República por los caminos de servicio, solidaridad y justicia contenidos en la prédica martiana.

 

De ahí que muchos compatriotas, fatigados de este largo y doloroso camino, expresen su frustración afirmando que la libertad, como el son, se ha ido de Cuba. Algunos incurren en la desesperanza extrema de decir que la libertad se fue para no volver y que estamos condenados a sufrir esta horrible tiranía por muchos años más. A esos compatriotas les digo que la libertad no se ha ido sino que se ha refugiado no solo dentro de los muros de la Universidad de La Habana, como vaticinó Sánchez Galarraga, sino en el corazón de todos los cubanos. Los que dentro de Cuba sufren martirio, persecución y cárcel y los que fuera de Cuba siguen comprometido con el ideal martiano de una patria con todos y para el bien de todos.

 

Estoy convencido, no por razón sino por convicción, de que muy pronto asistiremos a una resurrección de ese fantasma de la libertad en nuestra amada patria. Estoy más convencido aún, de que los cubanos no estamos hechos de un barro diferente al de los europeos occidentales, los tunecinos, los iraníes o los egipcios.

 

Es cierto, como me dijo hace unos días mi amigo Héctor Maseda, que los procesos y las condiciones sociales son diferentes en cada país y que para que en Cuba se produzca un desenlace similar al de Egipto será necesaria una intensa labor de cohesión y coordinación de las fuerzas opositoras dentro de la Isla. Por otra parte, estoy de acuerdo con quienes afirman que las llamadas redes sociales como twitter y facebook funcionaron como detonadores de las recientes explosiones de libertad en los países árabes. Todos estos argumentos son respaldados por la razón y son emitidos por individuos comprometidos hasta el sacrificio supremo con la causa de la libertad de Cuba.

 

Yo vislumbro, sin embargo, un panorama diferente y para ello me baso tanto en los hechos como en la dificultad de predecir la conducta de las multitudes agobiadas por la desesperación. Los hechos. Ni las Damas de Blanco, ni Zapata, ni Fariñas, ni Reina Luisa Tamayo, ni Gloria Amaya, ni Antúnez, ni los presos del Primavera Negra del 2003 esperaron por el apoyo de las redes sociales para enfrentarse a la opresión. Y nadie puede negar que estos valientes hayan deteriorado la imagen internacional de la tiranía, hasta entre sus más ardientes defensores de la izquierda vitriólica.  

 

En cuanto a la predicción de conductas, ¿quién pudo predecir la embestida popular contra el Muro de Berlín en 1989 ni la protesta espontánea de millares de cubanos en el Malecón de La Habana en septiembre de 1994? Y en tiempos recientes, ¿quién pudo predecir hace un par de meses que la rebelión en Tunes serviría como catalizador a las rebeliones de Egipto, Yemen, Jordania, Siria, Líbano, Libia y hasta de la intransigente teocracia iraní? 

 

Es indiscutible que en Cuba el escenario es diferente. Las mayores diferencias son, en mi opinión, su condición insular, el control absoluto por parte del gobierno de las comunicaciones con el mundo exterior y unas fuerzas armadas politizadas y controladas por el Partido Comunista. Pero, pensar que estas Fuerzas Armadas son autómatas obedientes de los tiranos sería un gran error.

 

A diferencias de los miserables de la Seguridad del Estado, los institutos armados están integrados por hombres y mujeres de pueblo que son sensibles a las necesidades de sus padres, esposos, hijos y hermanos. Ellos pueden ser el detonador de un polvorín que se agiganta todos los días, ahora aún más con la expulsión por el estado benefactor de 500,000 cubanos que actualmente desempeñan empleos estatales. Según reza un lema de la oposición interna, la patria es de todos. Y todos tenemos el derecho de ser libres y la obligación de contribuir a la conquista de esa libertad para la patria común.

 

Para los soldados cubanos y los oficiales de nivel medio llegó finalmente la hora de tomar partido. Con Dios o con el diablo. Con la patria o con el tirano. Llegó la hora de rebelarse contra el centenar de generales eunucos que jamás han conocido otra batalla que la de trepar unos sobre otros para mendigar el favor del tirano. Llego la hora de transformarse de opresores de su pueblo en protectores de sus hermanos de infortunio. Porque mientras sus jefes disfrutan de las prebendas del poder ellos comparten las miserias del pueblo.

 

Para estos jóvenes militares, llegó la hora de recordar la frase admonitoria de José Antonio Echeverría en su Testamento Político: “A las Fuerzas Armadas que recuerden que su misión es defender a la patria, no someter hermanos, y que su puesto es el del Ejército Mambí que peleaba por la libertad de Cuba.” Todos los cubanos tendremos muy pronto una cita con el destino cuando saquemos para siempre de su letargo a nuestro largamente dormido fantasma de nuestra libertad.   Y cada uno de nosotros será juzgado por nuestra conducta en el camino hacia ese momento que cambiará el curso de la historia de Cuba e impactará la forma en que es percibida e implementada la democracia en América.

 

 

 

 

COMENTARIOS


...tengo nada que criticar, solo aplaudir el milimetrico enfoque sobre nuestrras desgracias y la descripcio del camino jorobao de nuestro destino politico... maximo mendoza
Hace 2937 dias.

Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image