EL BORRACHO Y EL BODEGUERO

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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"Una cosa piensa el borracho y otra el bodeguero", frase elocuente del refranero vernáculo cubano.

Uno de los recursos más utilizados por los tiranos de Cuba para prolongar su poder absoluto ha sido la manipulación y la diseminación de la desinformación. Cada vez que confrontan una crisis se aparecen con una nueva "realidad virtual" en ese teatro del absurdo con que el que han engañado al mundo y al pueblo cubano durante más de medio siglo. Con la muerte del tirano prestidigitador, la crisis económica de su colonia venezolana, la renuencia de Rusia a arriesgar la ira norteamericana penetrando su zona de influencia, el mutis político de Barack Obama y los vientos huracanados procedentes de la Casa Blanca de Trump el "trust del cerebro" que asesora al heredero analfabeto le ha creado un nuevo libreto. El asesino empedernido de los inicios de la tiranía se ha transformado en un octogenario benévolo que renunciará al poder en el 2018 y dará paso a nuevas caras. Pura patraña que ya no se la traga nadie. Ni siquiera los cerebros adulterados por el odio, la envidia y la mentira de los infelices que han sido adoctrinados en las "madrazas" del castrismo.

Uno de los actores principales de esta última farsa es la sabandija purpurada de Jaime Ortega Alamino. Según la agencia noticiosa AFP, en el curso de una conferencia en Nueva York, Ortega reveló que el coronel Alejandro Castro Espín, hijo del actual tirano, representó al Gobierno en las negociaciones secretas que condujeron al histórico deshielo con Estados Unidos en diciembre de 2014. El texto de dicha conferencia fue publicado en La Habana por la revista católica Espacio Laical, que circula este mes. El objetivo no puede ser otro que adornar y enaltecer la imagen de un sujeto que hasta hace muy poco tiempo era mantenido en la oscuridad y en la periferia del gobierno, se me antoja que no por casualidad sino por designio. Se presentaba al inocuo Miguel Diaz-Canel como sustituto del "presidente", como cuando el ilusionista te hace ver un conejo donde en realidad hay un tigre.

Y el tigre escogido es sin dudas el coronel Alejandro Castro Espín. Con 51 años de edad, este hijo privilegiado del tirano es coronel del temido Ministerio del Interior y forma parte de la Comisión Nacional de Seguridad y Defensa. La formación y las credenciales perfectas no para servir al pueblo cubano sino para prolongar su esclavitud. Como parte de su entrenamiento para sustituir a "papá", cuando el tirano de 84 años, se reunió en abril con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en un encuentro histórico en Panamá, Castro Espín formó parte del reducido grupo que permaneció en la habitación donde se celebró la entrevista. Y cuando el tirano se reunió el 10 de mayo en el Vaticano con el Papa Francisco, su hijo estuvo cerca de ambos.

Quienes hemos seguido la diabólica fórmula utilizada por los Castro para aferrarse al poder vemos en estos acontecimientos el mismo procedimiento utilizado para pasar las riendas del gobierno del hermano mayor al hermano menor, cuando el primero renunció en el 2008. El mayor utilizó al menor como su perro de presa y como sus ojos y oídos en el Ministerio del Interior. El actual tirano crió a su hijo para estar a su lado y para una sucesión que prolongue la tiranía y le garantice la impunidad por sus crímenes. Se propone nada menos que duplicar en Cuba la fórmula de tiranía perpetua de Corea del Norte.

Para entender mejor esta trama vale la pena seguirla más de cerca. En un revelador libro de la escritora e investigadora francesa Constance Colonna-Cesari, titulado "Los Secretos de la diplomacia Vaticana", la autora nos cuenta el papel desempeñado por Jaime Ortega en esta traición a la patria. Para quienes estén interesados en profundizar sobre el tema, dicho libro fue reproducido recientemente en la web de Cuba Posible.

Entre los detalles sobre el proceso clandestino de acercamiento, la autora asegura que Ortega recibió el encargo del papa Francisco el 27 de abril de 2014, cuando viajó a Roma con motivo de las ceremonias de canonización de Juan XXIII y de Juan Pablo II. Colonna-Cesari escribe que Ortega fue llamado por el Papa quien, luego de una larga conversación, lo escoge para una misión delicada: "entregar en sus propias manos dos cartas redactadas por él, una a Raúl Castro y la otra a Barack Obama".

De regreso a La Habana, el solícito Ortega Alamino entregó la carta a su jefe Raúl Castro. La entrega a Barack Obama fue más complicada y demandó un mayor sigilo. Para no levantar sospechas, fue programada una conferencia de Ortega en la Universidad de Georgetown, en Washington D.C. A su salida de la misma la eminencia cubana desaparece en un vehículo con los cristales polarizados, discretamente estacionado cerca del campus del lago Potomac", relata el libro. Acto seguido , con ayuda de los cardenales estadounidenses Sean O'Malley y Theodore Edgar McCarrick, Ortega consigue una cita en el Despacho Oval con Obama para entregar la carta del Papa.

Según el libro, "las dos cartas pontificias son idénticas, una en español y la otra en inglés". Las mismas "abogaban en favor de los argumentos que tendrían ambos países en enterrar el hacha de guerra con el fin de favorecer, a muy corto plazo, la reanudación de relaciones diplomáticas cubano-estadounidenses. Ese alegato se acompaña de una proposición de apoyo del Papa para lograr este acercamiento", añade la autora. Y en un gesto de reconocimiento al arquitecto de esta infamia, los protagonistas deciden revelar al mundo su acuerdo de restablecer relaciones el 17 de diciembre de 2014, fecha de cumpleaños del papa.

Para suerte de los cubanos que amamos la libertad, Francisco I no es santo ni tiene la capacidad de hacer milagros porque está haciendo la obra del diablo cuando condena a 12 millones de seres humanos a la más abyecta esclavitud. Y sólo un milagro sería capaz de prolongar la pesadilla del castro comunismo.

Yo digo que, por el contrario, el régimen tiene los días contados. Me explico. Gracias a la ayuda del exterior, los Castro han superado sus peores momentos de crisis. Cuando quebraron la república dilapidando el bienestar heredado de la Cuba próspera que se robaron en 1959, vendieron la soberanía nacional a los intereses estratégicos de la Unión Soviética. Moscú financió de buen grado la fracasada revolución a cambio de que se le permitiera establecer bases militares y de proyectiles en territorio cubano a manera de un puñal en el vientre del odiado imperialismo "yankee".

Cuando en 1989 se vino abajo el andamiaje de la fábula del comunismo como doctrina y como sistema, apareció el apátrida de Hugo Chávez, quién traicionó los intereses nacionales de Venezuela para satisfacer su vanidad personal y salvar del naufragio a su padrino ideológico cubano. Cuando la mafia chavista depauperó a la otrora próspera Venezuela y no pudo seguir financiando a sus chulos cubanos, otro ideólogo empedernido traicionó los intereses de los Estados Unidos y se apresuró a llenar el vacío. De hecho, la realidad política de este Siglo XXI nos dice que Obama será el último bodeguero en extender crédito a un borracho que no paga sus deudas.

De ahí que este 2017 sea un año de extremo peligro para la supervivencia de la tiranía comunista cubana. Esta vez una cosa piensa el borracho de Raúl Castro y otra el bodeguero de Donald Trump. Porque, a diferencia de los anteriores mecenas, Donald Trump es un bodeguero que no fía y un negociador experimentado que exige reciprocidad de aquellos con quienes negocia. En este sentido, en nada me extrañaría que Trump respondiera un día en afirmativa a las actuales súplica de La Habana de sostener negociaciones. El problema para el tirano es que, si accede a las que pienso que serían las condiciones mínimas de Trump como liberar presos, aceptar libertad de expresión y convocar a elecciones transparentes y supervisadas internacionalmente, el régimen se derrumbaría en un corto plazo.

Vaticino, por lo tanto, que el borracho no va a negociar con Trump sino que recurrirá a la represión y al terror como últimos recursos de aferrarse al poder. Pero sin la ayuda exterior que la salvó en ocasiones anteriores estoy convencido de que la tiranía está condenada a la desaparición. Una nación sin energía para iluminar sus noches, mover sus automóviles y operar sus negocios, así como sin recursos para mitigar un hambre que ya es endémico es una hoya de presión a punto de hacer explosión. No hay que ser un genio para concluir que a Cuba se le acerca la hora de la libertad.

3-29-17

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