QUINTO DOMINGO DE CUARESMA

(2 de abril de 2017)

Padre Joaquín Rodríguez

Queridos hermanos:

Hoy concluimos los temas bautismales que nos han ido acercando al momento más importante de la Cuaresma que es, aunque no disminuya en nada el peso del ‘misterio de la cruz’, la celebración de la ‘resurrección’ del Señor; momento cumbre del ‘misterio pascual’ en el que celebramos en uno los pasos del mismo que son: PASION, MUERTE Y RESURRECCION. La revelación de Jesús al decirnos, en los tres evangelios que nos muestran las catequesis mistagógicas, YO SOY, nos lo muestran como el Hijo de Dios, Dios mismo, de la misma naturaleza del Padre; como solemos confesar en el Credo. YO SOY el agua viva, YO SOY la luz del mundo, YO SOY, la resurrección y la vida; son las palabras reveladoras que hemos escuchado de boca de Jesús en estos tres evangelios de los cuales, el de hoy, es el último y decisivo en este camino de adentramiento en el ‘misterio del Siervo de Yahvé’ que se nos revela en Jesús; que ES Jesús.

El evangelio de la resurrección de Lázaro nos anuncia la resurrección de Jesús y es ya promesa y prenda de la nuestra (Juan 11, 1-45). Aquel que otorgó a su Hijo el poder de llamar a Lázaro de entre los muertos hizo que habitara en nosotros su Espíritu de vida (Romanos 8, 8-11) como nos enseña san Pablo en su carta a los Romanos; “el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en nosotros”. Fue El quien llevó a cumplimiento, el día de Pentecostés, la promesa que había hecho a Israel por medio del profeta (Ezequiel 37, 12-14). Dándole una proyección insospechada en los tiempos antiguos no sólo ofrece la salvación a un pueblo, sino a todo hombre que dé acogida al Espíritu del Señor. Una profecía expresada en imágenes, llega a ser una verdadera promesa cumplida en Cristo y en esa nueva realidad edificada sobre su “cuerpo resucitado”: LA IGLESIA.

Otro aspecto común une estos tres evangelios y sus propósitos catequéticos de la Iglesia apostólica y permanece vivo como llamada constante al cristiano de hoy: El encuentro personal con Jesús y nuestra fe que, en El y sólo en El, encuentra su síntesis vital. Cuando hablamos de espiritualidad cristiana tenemos que referirnos al Espíritu Santo ineludiblemente, pero nuestra fe es Cristocéntrica y es en Jesucristo, Hijo-Dios encarnado, en quien encuentra su “materialización” en esa realidad, día a día de nuestra vida espiritual, de nuestra VIDA EN EL. No es lo mismo creer en la resurrección que creer en el Resucitado. Nuestra salvación, nuestra “resurrección” pasa necesariamente por esa FE y ese ENCUENTRO. Después de esta introducción a la Palabra de hoy, leamos con calma todas las lecturas y releamos el largo evangelio de la resurrección de Lázaro, lectura meditada, y tratemos de vivir el encuentro como hemos hecho los pasados domingos, con más atención aún, porque en él nos encontramos con el evangelio cumbre de la revelación de Jesús: DIOS ENCARNADO, DIOS PERSONAL, RESURRECCION Y VIDA PARA TODO EL QUE CREA EN EL.

 

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