BISCET, DE PIE SOBRE EL YUGO

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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¡Dame el yugo, oh mi madre, de manera
Que puesto en él de pie, luzca en mi frente
Mejor la estrella que ilumina y mata!

"Yugo y Estrella", José Martí

En este interminable carrusel del horror que durante 58 años ha sido la tiranía castro comunista ha habido momentos heroicos, momentos trágicos y hasta momentos inocuos. Todos deberán ser parte del currículo escolar que será impartido algún día a futuras generaciones de cubanos para asegurarnos de que la historia no se repita. Parto por afirmar que, en su gran mayoría, los actores de todos esos momentos han actuado con el coraje, la generosidad y la entrega de verdaderos patriotas. Pero esto no quiere decir que, ya fuera por ingenuidad, ignorancia o desesperación, algunos de esos patriotas no hayan incurrido en el error de hacerle el juego a la misma tiranía que se han propuesto y se proponen combatir.

El mayor peligro de esta estrategia de lucha consiste en que otorga argumentos dialécticos a la mayoría de un pueblo cubano que se ha acostumbrado al yugo y no se arriesga a formar filas junto a una oposición activa no violenta que arrebate las calles a los tiranos. Porque mientras el pueblo no se lance a la conquista de las calles los tiranos seguirán robando, reprimiendo y asesinando a perpetuidad. Para eso están preparando a su parasitaria descendencia. Martí lo vio muy claro cuando emplazó a los indiferentes de su tiempo con la descripción del yugo en su "Yugo y Estrella".

"Éste, es un yugo: quien lo acepta, goza:
Hace de manso buey, y como presta
Servicio a los señores, duerme en paja
Caliente, y tiene rica y ancha avena".

Irónicamente, ese pueblo cubano que acepta el yugo de los tiranos no come rica avena porque se está muriendo de hambre y no puede dormir tranquilo porque vive bajo la pesadilla de la delación, la represión y la cárcel. Ese pueblo es víctima de un terror que paraliza, opta porque sean otros quienes asuman los riesgos y pone sus esperanzas en cualquier proyecto por inocuo e infructuoso que pueda parecer.

En los últimos días he sido testigo de varios de esos momentos y proyectos inocuos. Empecemos por la reciente entrevista de las Damas de Blanco con el nuevo Arzobispo de la Habana, Juan de la Caridad García, para pedirle su intercesión ante el tirano Raúl Castro. Es necesario tener muy mala memoria para pensar que Juan de la Caridad, el hombre que representa en Cuba al mismo Estado Vaticano que ha apoyado constantemente a la tiranía en su estrategia diabólica de perpetuarse en el poder, va hacer causa común con quienes se han impuesto la meta de ponerle fin. Para mayor abundamiento, el mismo Vaticano encabezado por tres Papas--Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco I--que derramó sus bendiciones sobre el dinosaurio ensangrentado a pesar de que éste fue excomulgado el 3 de enero de 1962 por Su Santidad Juan XXIII. Excomunión que jamás ha sido levantada.

El otro momento inocuo de los últimos días ha sido la invitación al Secretario General de la Organización de Estados Americanos, el uruguayo Luis Almagro, para ser receptor de un premio a los derechos humanos en la capital cubana. El mismo Almagro politiquero que desde su toma de posesión ha querido quedar bien con Dios y con el diablo y ha sido objeto de los ataques de los tiranos de Cuba y Venezuela. Al tomar posesión en mayo del 2015, Almagro se comprometió a "buscar la integración de Cuba en el organismo tras el levantamiento de su suspensión en el 2009" dentro del contexto del acercamiento entre la Casa Blanca y Punto Cero. De donde, la presencia de Almagro en Cuba carece de todo sentido porque en el 2009 la tiranía rechazó la oferta de regresar a la OEA y en esta oportunidad manifestó que la invitación era "una grave provocación internacional" para generar "inestabilidad interna" en la isla. Una victoria para la política arrogante y represiva del régimen comunista.

Para aparecer aún más desafiante la tiranía le negó la entrada al país a su antiguo cómplice, el ex presidente mexicano Felipe Calderón y a la ex ministra chilena Laura Mariana Aylwin, hija del fallecido ex presidente de Chile, Patricio Aylwin. Aprovechando la oportunidad de sumarse al circo, una veintena de ex presidentes, "cotorras" que ya nadie escucha, condenó la decisión del régimen comunista cubano de negarle visas a sus colegas. ¿Dónde estaban estos personajes cuando los tiranos hundieron el Remolcador 13 de marzo, mataron a Orlando Zapata, a Laura Poyan y a Oswaldo Payá? Respuesta: Estaban gobernando y protegiendo sus intereses políticos. Ahora que no peligran sus intereses políticos se acuerdan de los principios.

Pero el proyecto que trasciende las fronteras de lo inocuo para caer en el campo de la ingenuidad galáctica es la convocatoria a un supuesto Plebiscito Vinculante con la quimérica esperanza de iniciar una transición a la democracia. Sus proponentes estipulan que, para que el resultado del plebiscito sea legítimo, deben garantizarse las siguientes condiciones: independencia e imparcialidad del organismo electoral, presencia de observadores nacionales e internacionales y libertad para hacer campaña electoral en el pleno uso de la libertad de expresión y asociación.

Vamos a ver. El organismo electoral nombrado por el tirano va a correr el riesgo de despertar su ira protegiendo los derechos de los opositores. El régimen que negó visas a Almagro y compañía va a otorgarles visas para que supervisen unas elecciones donde sería despojado del poder. Y el gobierno que ha matado opositores y reprimido mujeres para evitar que denuncien su maldad va a otorgarles libertad de expresión y asociación para que lo derroten en las urnas. Un camino plagado de curvas, baches y obstáculos que no conduce a la libertad de Cuba y únicamente servirá de pretexto a la tiranía para ganar tiempo y prolongar su oprobio.

El camino recto, aunque empinado y difícil, que nos puede conducir a una libertad verdadera y permanente es el que propone una minoría de organizaciones opositoras, entre las que se destaca el Proyecto Emilia que lidera el Dr. Oscar Elías Biscet. En su más reciente artículo, publicado con exclusividad en La Nueva Nación, Biscet afirma: "No es hora de dialogo ni de indulgencia con la dictadura, es hora de desmarcarse por siempre de Castro, sus acólitos y su régimen, y ponerle fin. No hay otra cuestión que plantearse sino aquella que lleve un cambio total y digno hacia la libertad de Cuba".

Por su parte, el Partido Unión por Cuba Libre, Gestor del Proyecto Emilia junto al Partido Nacionalista Democrático de Cuba que yo represento, se ha referido al tema en estos términos: "No debemos traicionar al pueblo cubano con falsas expectativas de esperanza de libertad, a través de plebiscito, participación en elecciones supuestamente justas y limpias o cambios constitucionales que garanticen los derechos individuales; nunca esperemos eso bajo el patrocinio de un gobierno dictatorial".

Por mi parte, lo expresé con claridad el 17 de enero pasado cuando, en estas páginas de La Nueva Nación, escribí: "Si queremos una Cuba libre tenemos que olvidarnos de una transición pacífica y cerrar filas en una rebelión abierta que tome las calles, fuerce a los tiranos a la represión y despierte al pueblo de su letargo".

Los autores de las citas que acabo de hacer sabemos que estamos en minoría y que nos arriesgamos a la condenación de quienes se niegan a abrir los ojos a la terrible realidad de nuestra patria. Pero nos reconforta y tranquiliza la compañía y el aval de José Martí, el hombre que desafió a un imperio e ignoró las críticas de muchos de sus contemporáneos para lograr la libertad de Cuba. Siguiendo la admonición martiana, Oscar Elías Biscet se empina sobre el yugo y opta por la estrella:

"Ésta, que alumbra y mata, es una estrella:
Como que riega luz, los pecadores
Huyen de quien la lleva, y en la vida,
Cual un monstruo de crímenes cargado,
Todo el que lleva luz se queda solo".

Y yo concluyo, solo pero en pie de guerra hasta que el último vestigio de la tiranía desaparezca de la faz de la Tierra.

3-1-2017

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