LA PRUEBA DE QUE MACRI ES UN TIRANO

Por Cosme Beccar Varela

Un lector de este periódico, con un lenguaje destemplado que no vale la pena incluir aquí, niega que Macri sea una tirano: "soy un ex-PRO...pero por no compartir ciertas cosas....soy crítico...pero lejos estoy de decir que es tirano, más bien creo que expresarse de esa forma irracional, es propia de incurables fanáticos."

Como vemos, el objetante se expresa con una vehemencia que suele ser el estilo de quienes no tienen razón y pretenden substituir el argumento por una invectiva personal, intentando descalificar al otro en vez de alegar argumentos para probar la tesis opuesta. Nada más irracional que esa actitud.

Sin embargo, sostengo que Macri es un tirano y de los peores, porque encabeza un sistema tiránico compuesto por decenas de tiranuelos a los cuales les ha dado una participación de su poder presidencial y todos lo ejercen en perjuicio del bien común, de la Justicia y de las libertades legítimas de tal manera que su capacidad de oprimir se multiplica por el número de integrantes de la banda.

Es posible que el lector de marras no perciba el poder asfixiante de la tiranía macrista porque tiene un concepto muy pobre de lo que es un buen gobierno y de lo que es vivir sin sobresaltos bajo el imperio del Derecho (que no es lo mismo que la ley positiva, sino el fruto de una Ley superior impresa por Dios en el corazón de todos los hombres), en el pacífico goce de sus libertades legítimas y de sus bienes.

Para que un esclavo no se sienta tiranizado, basta que el amo no lo golpee ni lo haga trabajar hasta el agotamiento. Un ciudadano de tercera, que no tiene la menor idea de lo que es una sociedad política bien organizada y bien gobernada, si tiene un cubículo en el cual refugiarse para comer y dormir y tal vez, gozar de algunos pequeños placeres, no se sentirá tiranizado por Macri, aunque no dejará de tener una envidia rencorosa por los que tienen un poco más y exigirá que el tirano use su poder para aplastarlos y estará carcomido por diversos odios rastreros dirigidos contra todo superior, menos contra el que manda a la Policía, porque a ella le teme sin confesarlo.

Para quienes sabemos un poco más, estamos conscientes de lo que nos debe un gobierno, tanto más uno que se dice de "centro derecha" y tenemos una sensibilidad formada para percibir y aborrecer la injusticia, este gobierno macrista es indudablemente tiránico. Veamos las razones en que nos fundamos.

Un gobernante debe ser justo, inteligente, laborioso, moral y veraz; debe servir al bien común y no servirse a sí mismo ni gozar de los beneficios del mando con una fruición incompatible con la gravedad de las responsabilidades que tiene a su cargo; debe cohibir y castigar a los malos sin temor al qué dirán sus aliados de la prensa y de las sentinas sociales en las que habitan las fuerzas secretas; debe asegurar las libertades legítimas de los buenos dentro de un Estado que no sea una carga inútil para la sociedad y que garantice la seguridad jurídica mediante una Justicia eficiente, equitativa y rápida.

Ahora bien, Macri y su gobierno no cumplen ninguna de esas características esenciales de un buen gobierno de hombres libres. En cambio, goza de todo el poder de un Estado gigantesco, gigantescamente caro, con un millón de tentáculos que llegan hasta lo más menudo de la vida social, de tal manera que nadie escapa a su capacidad de asfixiar y de angustiar.

Ese enorme poder no es usado para impedir el daño que causan los delincuentes, los agitadores, los demagogos y los prepotentes de todo tipo, sino para atemorizar y succionar la substancia de los indefensos habitantes del país que trabajan y luchan por sus legítimas aspiraciones y las de los suyos.

Cuando digo "Macri", entiéndase que me refiero no sólo a él sino a todos sus colaboradores o cómplices quienes, sin embargo, no podrían hacer el daño que hacen ni dejar de hacer el bien que no hacen, si no fuera porque desde la cabeza de la pirámide del poder Macri los ha nombrado o los ha mantenido provenientes del kirchnerismo, y los respalda. Luego, hasta una boleta por una supuesta infracción del tráfico basada en reglas inicuas, como las que dicta la Legislatura de Buenos Aires, es responsabilidad de Macri. Él tiene poder para impedir, por ejemplo, que se penalice con una brutalidad confiscatoria supuestas "infracciones" y que, como acaba de ocurrir esta semana, se aumente la prescripción de ellas de dos a cinco años, retroactivamente.

Esa misma ferocidad contra los pacíficos conductores de vehículos de cuatro ruedas (no contra los motociclistas, que son inmunes y a cuyo gremio pertenecen los "motodelincuentes", asesinos vesánicos y ladrones, que matan y huyen sin que se los pueda detener), no se usa contra los "piqueteros" que cortan calles y rutas, queman y destruyen, amenazan con armas varias, encapuchados, cometiendo, cada vez que lo hacen, cinco delitos en concurso real con penas de varios años de prisión. Macri prometió acabar con ese desmadre que es causa de mucho sufrimiento para quienes tienen que ir y volver de su trabajo o de cualquier otro modo usar de su libertad constitucional de transitar, pero no sólo no lo hace sino que acaba de firmar un acuerdo para regalarles a los piqueteros $30.000 millones hasta el 2019, ha dado personería gremial a una Confederación de Economía Popular dirigida por esos mismos, cuyas funciones no están claras puesto que el "piquete" no es una "industria lícita" sino una asociación ilícita para delinquir, y ha creado una Obra Social Piquetera, a cargo del Estado, o sea, de los sufridos contribuyentes honestos.

Dicen los adulones de Macri que no puede reprimirlos porque la izquierda, que domina la prensa, lo atacaría. Pues bien, esa es una excusa tan miserable por parte de quien tiene la totalidad de la fuerza pública en sus manos, que ni merece respuesta.

Macri sigue subsidiando la vagancia mediante los "planes trabajar" (eufemismo para designar los subsidios a quienes no trabajan, sin averiguar si no lo hacen porque no quieren o porque no pueden). Eso cuesta al país miles de millones por mes y benefician a todos los miembros de un "grupo", familiar o concubinario, con lo cual la suma del aporte mensual que reciben es tal que se niegan a trabajar cuando se les ofrece algo que pueden hacer, pero no quieren. Muchas pequeñas empresas han debido cerrar por falta de empleados u obreros "subsidiados", que se niegan a trabajar.

Macri miente continuamente. No dice toda la verdad necesaria o miente directamente para mantener la ilusión de que las cuentas del Estado y que la economía están mejorando. Por ejemplo, afirma que ha derrotado la inflación y que ha reducido el "deficit" fiscal. Falso. Todos los habitantes del país sabemos por experiencia propia que un billete de $100 que en Enero del 2015, a pesar del gobierno catastrófico de los Kirchner, valía casi el doble que en estos momentos y que los precios de los consumos han subido meteóricamente.

Y el "deficit" fiscal, según informa el economista Espert, que era de 400 mil millones de pesos en el 2015, subió a 600 mil millones de pesos en el 2016 y las perspectivas para el 2017 son de que suba a 720 mil millones de pesos.

Entretanto, el dólar es mantenido a un valor irreal a causa del enorme endeudamiento externo. El Ministro Caputo anunció ayer (12/1/2017) que tomó u$s6.000 millones de dólares de seis bancos internacionales y que dentro de poco partirá una misión al exterior, presidida por él mismo, para conseguir otros u$s23.000 millones "para cubrir el deficit primario" ("Clarín", 13/1/2017, pag. 23). El año pasado el endeudamiento fue, si mal no recuerdo, de u$s20.000 millones de dólares.

Sin perjuicio de eso, los impuestos no bajan. La carga impositiva que pesa sobre los argentinos es una de las más gravosas del mundo. Lo peor es que los que más pagan son los que trabajan en relación de dependencia. Lo que cobran es el 50% de lo que constituye el costo real para sus empleadores. Lo demás, va al Estado. ¡Y encima se queja Macri del "trabajo en negro"! Es claro que si éste no existiera, en vez de haber un 30% de pobres en el país –como los hay- habría muchos más. Ese tipo de contratos son una legítima defensa de empleados y empleadores contra el asalto del Estado arriba mencionado. Y ni me digan que ese trabajo “en negro” impide al trabajador jubilarse. ¡Como si no supieran todos que el sistema jubilatorio es otra de las grandes estafas del Estado!

Entretanto, Macri anuncia que ha suspendido la contratación de nuevos empleados públicos mintiendo al hacer creer que eso significa una reducción del gasto estatal. Pero la monstruosa "planta" actual de empleados públicos, esa no la disminuye por nada del mundo, pues le teme al sindicato de izquierda que los nuclea, y hasta les aumenta los sueldos, algunos a cifras astronómicas, entre ellos a los jueces a los que los Kirchner sobornaban de ese modo y Macri sigue la mismo política, manteniendo los mismos jueces prevaricadores e ideólogos de izquierda que nombró el gobierno anterior.

El ciudadano común sabe que si sufre alguna injusticia, no puede recurrir al Poder Judicial porque es inútil. Los jueces de todos los fueros o son ideólogos, o ignorantes, o inservibles. La Justicia es impredecible y tan lenta que es como si no existiera. Sé lo que digo porque soy abogado hace 57 años y nunca vi una situación como esta. Macri puede remediarla, puesto que puede controlar el Consejo de la Magistratura, pero no lo hace. Eso es tiranía por desidia y desprecio del bien común.

Macri tiraniza a los secuestrados políticos que son casi 2.000, de los cuales han muerto en la cárcel, por homicidio de Estado, más de 40 desde que él se hizo cargo de la presidencia. Él sabe que esos encarcelamientos son injustos y prometió "acabar con el curro de los derechos humanos". Vista la complicidad de los jueces en la creación de esa situación inicua, Macri debió decretar un indulto general, usando el poder que le confiere el art. 99, cinso 5to. de la Constitución, pero no lo hizo y hace oídos sordos a los clamores de los encarcelados y de sus familias, como si ese asunto no fuera de su incumbencia. Para colmo, las cárceles dependen de él de manera que las rejas están cerradas porque él deja hacer a los carceleros. ¿No los indulta porque tiene miedo de la reacción furiosa de la izquierda? ¡Mala excusa! ¿No tiene miedo del juicio de Dios y de causar tanto dolor a tanta gente, la mayor parte inocente, y la totalidad gozando de un derecho adquirido por sentencias favorables o amnistías anteriores ilegalmente revocadas?

Macri tiraniza a toda la población honesta y pacífica por omisión de mantener el orden y la seguridad de los habitantes que están a su cargo. "Hace la plancha" sobre el desorden general, sobre el caos social, sobre el aumento de la delincuencia con sus crímenes horrendos, con la proliferación de obras inacabadas y dudosamente necesarias, que se eternizan impidiendo el libre tránsito, como ocurre en la ciudad de Buenos Aires, colapsada por decenas de obras estúpidas que se repiten en el mismo lugar y no terminan nunca porque no se trabaja debidamente y nadie controla ni sanciona la desidia (como la rotura de la Avda. Córdoba, que estaba en perfectas condiciones, su repavimentación a un costo enorme, y su nueva rotura dos meses después, cortando reiteradamente el tráfico en esa importante arteria que es la única que conduce hacia el Oeste de la Ciudad desde el Centro, con el consiguiente atropellamiento de vehículos, en medio de la canícula y la asombrosa sumisión de los esclavos de Macri, que somos todos, algunos resignados y otros hirviendo de furor, como es mi caso).

Macri tiraniza al país mediante su inmoralidad anticristiana al servicio del aborto, la "salud reproductiva", el "homonomio", la promoción de espectáculos procaces, la imposición de la homosexualidad como fenómeno normal contra el cual se prohibe hasta el más tenue comentario adverso, etc.etc.etc.

Macri oprime a la población dando poder a personas de dudosa capacidad para los altos cargos que ocupan, como por ejemplo, al niño Marcos Peña, nada menos que jefe de gabinete, cuyo aspecto infantil (pero sin la inocencia de la infancia) no autoriza a presumir semejante elevación, ni tampoco sus antecedentes.

Todo se hace en secreto y miente el "slogan" macrista, que suena como una burla: "Todo lo hacemos juntos". Esas palabras en las cercas que rodean las obras interminables (en vez del antiguo cartel que decía el número de las licitaciones que las habían precedido, ¿existirán esas licitaciones?) parece una burla. Porque la molestia es enorme y ¡nada de eso "lo hicimos juntos"...!

En resumen (porque podría seguir acumulando evidencias) Macri es un tirano, tanto más ofensivo e insolente cuanto más sonríen, él y su banda. Yo me siento oprimido y temeroso del futuro. Creo que el país así no sale de la crisis creada por el kircherismo y menos con gente como el lector que me movió a escribir este artículo, que parece no tener noción de la propia dignidad, ni amor a la libertad legítima, ni aspiración por un gobierno justo. Esa gente es un síntoma de la degradación de la sociedad argentina, ya preparada para ser esclava voluntaria y hasta satisfecha, especialmente al nivel de las clases cultas. Lo demás, hasta el comunismo, es cuestión de tiempo...

 

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