EL TESTAMENTO CUBANO

Por Esteban Fernández

Todos los cubanos tenemos dos, tres o cuatro íntimos amigos. La pregunta que yo les hago es: Por muy mal económicamente que esté uno de esos amigos ¿el cubano lo tiene puesto en su testamento con dos o tres mil dólares? Yo no conozco un solo caso. LOS CUBANOS, TODOS, LES DEJAN LA FORTUNA EN SU TOTALIDAD A SUS HIJOS. Lo merezcan o no. Y para de contar.

Pero ese amigo que se está comiéndo un cable es el que lo va a buscar al aeropuerto a las doce de la noche cuando llega de un viaje porque no quiere molestar a los muchachos que mañana tienen escuela.

El amigo comparte secretos de incalculables consecuencias. Si le está pegando los tarros a la mujer y la va a dejar por otra más joven se lo confiesa a ese amigo. Inimaginable que le van a decir eso a sus hijos.

Llaman al amigo pobre para informarle: “Chico, me encontraron una mancha en un pulmón, el doctor dice que quizás sea cáncer”. El buen amigo responde: “Compadre ¿ya se lo dijiste a tu mujer y a tus hijos?” “No chico, que va, yo no voy a hacerlos sufrir desde ahora”…

Y siempre haciendo presunción de lo bien económicamente que están los retoños: “Muchacho, Maria Cristinita, tiene un puestazo, gana mas de 100 mil dólares al año en el banco donde es vicepresidente. La otra hija se casó con un viejo hacendado que es millonario, y el varón ya es médico y gana un dineral”…

Es decir, que obviamente, no necesitan para nada la herencia de su padre. Mientras -ya les dije- el magnífico amigo está súper jodido de dinero.

Y ahora viene lo increíble, la tapa al pomo: reconoce que “Sus hijos son unos botarates, que gastan el dinero a manos llenas, y que la plata que les deje la van a despilfarrar en menos de un año”. ¡Pero se los deja de todas maneras!

Claro que en ningún momento sugiero que no le dejen la fortuna a sus hijos, pero yo pregunto: ¿No pudiéramos cambiar la injusta costumbre y dejarles el 99 por ciento a sus muchachos y un simple uno por ciento al gran amigo muerto de hambre? No, de eso nada.

Y fallece el amigo rico, y sus familiares están sorprendidos de que “Tan saludable que estaba y se murió de repente”, mientras el amigo pobre se ha disparado y sufrido el secreto de la enfermedad y la gravedad del amigo rico.

El amigo pobre está llorando desconsolado el fallecimiento del amigo rico, lo invitan al velorio, rezagado se sienta en la iglesia en el último banco, nadie le da el pésame, y los hijos del difundo le dicen: “No te vayas, Cheo, sabemos que fuiste muy amigo del viejo, aquí tienes la dirección, ves para allá que nos vamos a reunir para CELEBRAR la vida de nuestro padre”. Esa es una costumbre norteamericana que se ha puesto de moda: en lugar de estar de luto dan un “party”.

El amigo pobre llega a la mansión de uno de los hijos del difunto. Entra y escucha un escándalo en el patio. Hasta música hay. Aquello es ¡UNA FIESTA! Y se sonríe pensado: “¡Ñooo, parece que ya comenzaron a gastar la herencia en pastelitos de guayaba, bocaditos, en un lechón, congrí, yuca y papas rellenas!”

Con lágrimas en los ojos se va para su casa, pero como tuvo que manejar hasta las montañas de Hollywood casi no tiene gasolina, para en una Union 76 y le echa los últimos siete pesos que le quedan en el bolsillo a su destartalado cacharro, un Ford del año 64…Y le guarda un recuerdo eterno a su gran e inolvidable amigo.

 

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