SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(12 de febrero de 2017)

Padre Joaquín Rodríguez

Mis queridos hermanos:

Hace dos domingos meditábamos en las Bienaventuranzas, proclamación de los principios o "nueva ley" del reino con la que Jesús comienza su primer gran discurso en el evangelio según san Mateo; evangelista que nos presenta las enseñanzas de Jesús agrupadas en cinco grandes discursos, el primero de los cuales es éste, bien conocido como "sermón de la montaña" por la ubicación geográfica en que aparece en este Evangelio. Siguiendo fundamentalmente el esquema trazado por san Marcos, Mateo es mucho más rico en la extensión de las enseñanzas de Jesús y comienza su relato con un relato sobre los orígenes de Jesús y episodios de su infancia, ausentes en Marcos.

Jesús proclama hoy la nueva Ley (Mt. 5, 17-37). Esta proclamación no representa una abolición de la Ley que Dios había dado a su pueblo para que alcanzara su plena libertad (Eclo. 15, 15-20), sino que la perfecciona, poniendo un énfasis especial en la íntima disposición interior: donde el hombre pone en juego su fidelidad para con Dios.

En esta "nueva ley del espíritu" la apertura hacia los demás nace en el propio corazón del creyente; de esta nueva actitud dependerá también la fidelidad del mismo: "a la ley y hacia el prójimo".

En este detalle (el corazón y el prójimo) encontramos la novedad de las Bienaventuranzas; o sea, de la nueva ley, y de todo el Evangelio. En resumen: la Ley de Dios es, más que un código de conducta (de mandatos y prohibiciones), el llamado (vocación) a una vida superior como peregrinos hacia la verdadera "patria" que es el Cielo, la plenitud de la vida en Dios.

La Ley de Dios manifestada en el A.T. era un camino sabio para que el hombre pudiera decidir entre el bien y el mal con libertad. Dios no quiere el mal, ni mandó pecar al hombre, pero tolera la existencia del pecado y del mal porque respeta nuestro libre albedrío- Es, al final del camino, la responsabilidad personal y el compromiso libre lo que nos sirve como vía de discernimiento y camino en libertad para encontrar la verdad y abrazarla como opción de vida..., para toda la vida.

En la Epístola (I Cor. 2, 6-10), San Pablo sigue presentando sus credenciales a los corintios para merecerles autoridad cuando los corrija; su sabiduría y enseñanza vienen de Dios por la revelación que los apóstoles han recibido de Cristo y completado por obra del Espíritu Santo. Esta enseñanza del "Apóstol de los gentiles" nos invita a considerar la necesidad de acudir al Espíritu Santo y de obedecer sus inspiraciones en el marco de la Iglesia: Lugar privilegiado por Dios para ese discernimiento que nos evita, además, la tentación al individualismo y a creernos inspirados "por la libre" en algo tan serio y delicado como es la obra de Dios en su Iglesia.

Volviendo al tema del evangelio de hoy, no olvidemos que el mismo Señor nos llama a escogerlo como punto de referencia seguro y confiable: En el mismo, Jesús no dice "oyeron que se dijo a los antiguos...........PERO YO LES DIGO......". Por tanto, nada podremos interpretar correctamente de la Ley, con la mente de Dios, si no nos dejamos instruir y guiar por el Hijo amado que el Padre nos envió.

 

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