¡QUE SE JERINGUEN!

Por Esteban Fernández

Conceptos inalterables que durante 55 años hemos tenido referentes a nuestro país chocan contra la mentalidad de la mayoría (no todos, desde luego) de los jóvenes recién llegados desde que sostenemos la primera (y en mi caso la última) conversación con ellos.

Primero que nada lo que nosotros consideramos, y siempre hemos creído ser una defensa de ellos lo toman como un ataque. Desde que me di cuenta que aquello era una tiranía comencé a llamar a mis compatriotas allá como “El esclavo pueblo de Cuba”. Esa palabras, para ellos, representan una ofensa.

Pero ¿Qué quiere decir eso para nosotros? Que nuestros conciudadanos han sido eternamente sojuzgados por los hermanos Castro y que nosotros hemos intentado quitarles los grilletes. Las buenas intenciones nuestras son obvias, pero ellos no lo ven así.

Todavía no me he encontrado con uno solo que me acepte que “era esclavo”. Todos respingan insultados. “¿Tú me estás llamando esclavo a mi?” Uno me dijo: “Mi mamá no es esclava, ella es presidenta de un Comité y no tiene ninguna dificultad con el gobierno”. Y fíjense que invariablemente ellos le llaman “gobierno” a lo que nosotros consideramos una dictadura, una tiranía, una satrapía…

“En Cuba se pasa miseria, desolación y mucha hambre” eso lo hemos repetido nosotros (o entre nosotros) por una eternidad. Y ¿quién les dice a ustedes que eso lo consideran una falta de respeto, una injusticia y una burla hacia ellos? Ni por las cabezas les pasa que el ataque no es contra los esclavos sino contra los esclavizadores.

Y con un orgullo –que no sé de donde sale- nos dicen que “Ellos allá se defendían”. Disculpen, la palabra más utilizada es “resolvían” Allá, según ellos, nadie pasa hambre, porque todos resuelven la jama. Uno me dijo "A mí en Cuba no me faltaba nada" y pensé "¿Y entonces que hace aquí este tonto útil?"

Es decir que los mejores motivos que tenemos nosotros y bajo los cuales nos excusamos para criticar aquello -y que nos dan jutificaciones válidas para luchar contra el régimen castrista- ellos de sopetón e inmediatamente quieren borrarlas de nuestro repertorio anticastrista.

La primera vez que me enteré de lo que la mayoría si

ente por Fidel Castro fue cuando el director del 20 de Mayo Newspaper, Abel Pérez, comenzó una labor para ayudar a los recién llegados de Cuba. Era una gestión altruista magnífica. Fui un día y quedé puesto y convidado cuando delante de un grupo de ellos me referí a Fidel Castro como “el monstruo” y por poco me comen vivo.

Mientras nosotros por medio siglo les hemos dedicado todos los epítetos despreciativos a Fidel y a Raúl y les hemos dicho “tiranos, bestias, asesinos, genocidas” ellos insisten en decir que: “Son hombres que hacen grandes esfuerzos y que el pueblo no les responden como ellos merecen”.

“Raúl- según ellos- viene tratando de implantar cambios favorables en la Isla”. Es decir, que 57 años no son suficiente para haber logrado ninguna mejoría y Raúl va a resolver algo en los próximos años”. No hay uno solo que sepa -y si lo saben se lo callan- que desde que Raúl puso una pata en Santiago de Cuba en 1959 comenzó a asesinar impunemente a soldados y policías del recién derrocado régimen.

Palabras como “guerra, combatir, luchar, derrocar” son malas palabras de unos viejos del absurdamente llamado “exilio histórico”. Y yo para ellos no tengo ningún insulto y solamente un pequeño exabrupto cuando me despido, les doy las espaldas y pienso: “¡JERINGUENSE!”.

Y los allá quedan que lustren las cadenas en los pies y las argollas en sus cuellos que tienen otros 45 años bajo el látigo de Alejandro Castro Espín.

 

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