LA INTRANSIGENCIA ANTICASTRISTA

Esteban Fernández

Hoy me voy a referir a los intransigentes cubanos a los cuales los castristas, los infiltrados, los pacifistas, los hombres nuevos, los asere que volá, los que invierten en Cuba, llaman “cavernícolas y dinosaurios”.

Intentan barrerlos del mapa, o que los años, los fallecimientos y los achaques los eliminen del panorama. Ese es el objetivo y el sueño dorado de cuanto desmadrado existe la faz de la tierra.

Son los no han cedido ni un centímetro en este proceso y que por mantenerse firmes logran una verdadera victoria moral. Quizás en todo el mundo, en la historia universal, no ha existido nunca un grupo de seres humanos que les dificulten tanto mantener esa posición -con tantos obstáculos- como a los titanes cubanos. Son los intolerantes. Son los que contra de viento y marea siguen adelante. Más de medio siglo al pie del cañón.

Sí, porque los intransigentes anticastristas y anticomunistas consideran una claudicación ¡hasta ir al cine! Porque el cine, Hollywood y sus estrellas, está inundado de fidelistas, de izquierdistas y de H.P. y por cada artista patriota hay cientos de Jane Fonda, de Robert Redford, de Harry Belafonte, de Ed Asner, de Danny Glover, de Oliver Stone, de Martin Sheen, de Susan Sarandon, de Sean Penn, de Tim Robbins, de Robert De Niro. etc. Y cientos de “etc.” más.

No visitan países que mantengan simplemente amables relaciones con Cuba. Es decir, si les regalan un pasaje en primera clase, y todos los gastos pagados, para pasarse unas vacaciones en Venezuela mandan al diablo a quien les haga la oferta.

Adoran y añoran a la tierra que los vio nacer pero no han regresado allí en más de 50 años. Y no ponen un pie en Cuba a no ser que Cuba sea libre.

Están disgustados con la inmensa mayoría de las naciones del mundo que viven de espaldas a nuestra tragedia. Se defecan en Nicolás Maduro, en Daniel Ortega, en Rafael Correa y en Evo Morales por su apoyo incondicional al castrismo.

Votan en contra de todo candidato que no mantenga una línea clara contra la dictadura. No participan en ninguna fiesta, ni pachanga, donde toquen o actúen artistas que representan al desgobierno cubano como los Van Van por ejemplo.

Veneran al béisbol pero mandan al carijo al equipo de pelota enviado por la satrapía. Es más, los verdaderos hermanos míos intransigentes ¡no quieren verlos ni jugar por la televisión! Y los que han entrado al stadium es para enseñar un letrero diciendo “Abajo Raúl”.

Son gente con buenos sentimientos que hasta les cuesta trabajo matar una mosca, sin embargo, han disfrutado la muerte y las enfermendades de la hiena al igual que yo y si pudieran se orinaran en sus cenizas. Y al ser incinerado estamos dando la fiesta (usando una frase mexicana) por la muerte de ese “hijo de su pinche madre” que ojos humanos han visto en el mundo entero.

Odian ver que las ropas sean fabricadas en China, o Viet Nam, o Corea o de algún país comunista. Hasta con España (que siempre muchos han considerado “la madre patria”) están súper incómodos desde que abrieron un montón de hoteles en la Isla.

¡Hasta el color rojo les molesta! Y muy difícil que usen una combinación de camisa y pantalón (o blusa en caso de que sea una cubana intransigente) roja y negro. Hoy sufren al verse rodeados por agentes del castrismo que han convertido al exilio en un verdadero estercolero.

Puede ser la mejor persona del planeta pero si se pone un T-shirt con la efigie del Che Guevara lo consideran un imbécil, un ignorante o un hijo de perra. Ahí mismo dejó de ser buena gente. Quizás cada día vayan siendo menos, pero cada día son más intolerantes contra la basura castrista.

Y yo comparto plenamente esa actitud: Ni un paso atrás en el radicalismo, ni un fallo, ni tramitación, ni transición. El amigo de nuestro enemigo es nuestro enemigo. Nada de pacifismos, nada de contemporizar con el monstruo. El que simpatice con la tiranía no nos interesa como cantante, ni como pelotero, ni como actor, ni como ser humano. Y que se vayan al infierno. Y el país que nos rechace o nos traicione puede tener miles de turistas menos a nosotros. Y los enemigos ¡qué se atengan a las consecuencias el día en que Cuba sea libre!. Esos son mis hermanos del alma.

 

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