CASTRO Y SUS RAÍCES

Por Hugo J. Byrne

En un artículo de fondo publicado en un periódico de España que me envía un buen amigo de California, se describe la gran ayuda tanto económica como diplomática brindada por el régimen franquista a Castro, como causada por el “nacionalismo” que ambos sistemas profesaban. Esto, como tantas otras confusiones históricas, no es producto de malicia sino de cruda ignorancia.

No es la primera vez que el concepto de nacionalismo se usa en error. Así como libertad y democracia son ideas singulares y diferentes, capaces de ser antagónicas, las premisas de socialismo y nacionalismo son totalmente irreconciliables. Esto fue tácitamente admitido por el propio Tirano al llamar a “su” revolución literalmente; “Internacionalismo Solidario”.

No es una coincidencia que el partido único de Alemania desde 1933 a 1945, se llamara contradictoriamente “Nacional-Socialista”: el sangriento disparate que culminara en hecatombe mundial reclamando más de 50 millones de víctimas, también ostentaba un título disparatado. Esto fue como para que todos lo reconocieran (aunque muy pocos lo hicieron).

Aunque el tercer grupo económico más afectado por los latrocinios armados de Castro durante la primera parte de la década de los sesenta fueron muchos comerciantes españoles, después de los cubanos y norteamericanos, Madrid nunca protestó. Estados Unidos tomó algunas medidas ineficaces. Los cubanos se alzaron en las montañas del centro de Cuba, se desangraron en acciones de sabotaje urbanas y trataron sin éxito de enfrentarse a la represión en muchos lugares, muriendo en encuentros con las fuerzas del Régimen, o siendo capturados por estas.

Estos últimos pagaron con el cadalso o con largas penas en viejas mazmorras coloniales. La Cabaña, El Príncipe y San Severino, entre otras, reverdecieron los tiempos nefastos del Conde de Balmaseda y de Valeriano Weyler.

Franco no levantó un dedo ni balbuceó una queja. Favoreció al castrismo, no porque ello redundara en beneficios importantes para España o para su régimen, sino porque coincidía con la Bestia en la fobia antiamericana y el profundo desprecio hacia las instituciones que se diera libremente la República de Cuba. Haciéndolo complacía su ego, ayudando a realizar una estéril venganza histórica sobre los insurrectos cubanos de 1895. De aquí la estrecha relación que siempre existió entre Castro y Fraga Iribarne, Felipe González y otros políticos peninsulares.

De éste último sin embargo, se burló cuando todavía era Presidente. Para ello utilizó al premio Nóbel de literatura Gabriel García Márquez. “Gabo” era un enano moral quien se prestaba de correveidile de la Bestia. “Tengo un mensaje personal de Fidel para usted Sr. Presiente: quiere que usted sepa que para él, usted es maricón”.

De acuerdo a todas sus biografías y a lo escrito por Torcuato Luca de Tena, antiguo Director del madrileño ABC, Franco escribía con el seudónimo de “Hispanicus” para algunos medios de la prensa española durante su régimen, entre ellos una revista titulada “Mundo Hispánico”, órgano oficial del llamado “Instituto de la Hispanidad”, una especie de academia peninsular en un tiempo dedicada a la quimérica reconquista del “Imperio Español de América y Asia”.

Uno o dos ejemplares de “Mundo Hispánico” me fueron prestados por una amiga quien era alumna de mi madre en la Escuela Superior #1 de Matanzas. Las revistas eran propiedad de su padre, un comerciante español de la localidad. Aunque no puedo precisarlo, creo que eso fue por el año 1946. Como compensación a olvidarme hoy de lo que fui a buscar a mi habitación en cuanto llego a ella, recuerdo con bastante precisión lo ocurrido cuando tenía solamente once años de edad.

En un largo artículo firmado por el tal “Hispánicus” en una de las dos revistas se afirmaba que “la independencia de Cuba era el resultado perverso de la villanía de masones y traidores”. Tengo muchos amigos cubanos, todos ellos buenos (de lo contrario no serían mis amigos), quienes afirman que “Franco salvó a España” y quienes simpatizan con el diminuto ferrolano.

Salvar a España no es ni nunca fue asunto de mi interés, sino el de los españoles. Por lo que a mí respecta tengo que parafrasear a Martí: “Otros pueden, yo no”.

 

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