HASTA LA ALBORADA O HASTA EL FIN

Por Hugo J. Byrne

Al lado de estas aguas silenciosas,
en medio de este bosque, en este asilo,
debajo de estas gramas y estas rosas,
es donde quiero reposar tranquilo.

¡Y pronto debo reposar! Mis días
se tiñen ya de pálidos destellos,
y anuncian mis postreras alegrías
las nieves de la vida en los cabellos.

Más, ¿qué será si en las nocturnas

calmas
salgo a vagar como las sombras suelen,
y en vez de hallar mis quejumbrosas palmas
los sauces sólo de mi afán se duelen?

¡Oh!, ¿qué será si en honda pesadumbre,
sentado a meditar sobre la losa,
suspiro por mi pueblo en servidumbre
y el cielo busco de mi Cuba hermosa?

¡Tormentoso será! Más si tardío
nace a brillar el sol de mis anhelos
,
cabe la orilla del paterno río
llevadme a descansar con mis abuelos.

¡Y allí donde mi cuna en hora amarga
al capricho meció voluble suerte,
dejadme al fin depositar la carga
y dormir en el seno de la muerte!

Poema “Green Wood” de Juan Clemente Zenea,

poeta y patriota cubano fusilado en La Habana

por los perros de la Colonia Española en 1871.

Green Wood es un cementerio de New York.

Las diferencias entre un servidor y el hombre de negocio$ y antiguo Secretario de Comercio en la administración de George W. Bush, Carlos Gutiérrez, son tan amplias y profundas como el Océano Pacífico. Empero, la más importante no es económica ni generacional, aunque esté relacionada a la diferencia de edad. En números redondos, soy mayor que Gutiérrez por aproximadamente 20 años.

Nada tiene que ver nuestra diferencia con el nivel educacional. Gutiérrez se graduó en una universidad de Méjico y yo vi interrumpidos mis estudios de arquitectura cuando se cerró la Universidad de La Habana por obra y gracia de los nuevos amigos de Gutiérrez. Entonces ya eran dueños de todo en Cuba. Incluyendo el futuro de quienes controlaban. Gutiérrez no sufrió ese futuro fatal, pero no por propia iniciativa, ya que era un simple rapaz de seis años de edad a su arribo a Estados Unidos, sino gracias a la visión, el esfuerzo y el amor de sus padres. Aquí es donde hay que empezar a buscar las infinitas diferencias entre este exitoso comerciante-político y yo.

El gran contraste conmigo no está necesariamente relacionado a sus funciones corporativas. Nunca he creído que el acceso a CEO sea una consecuencia de política en todos los casos. Ni siquiera en la mayoría de ellos. Sin embargo, durante un cuarto de siglo trabajé para “Corporate America” y aprendí entonces de qué pata cojeaban algunos.

Nunca me ha gustado el alarde. Quienes somos, de dónde venimos y a dónde vamos será conocido por nuestros semejantes algún día, no importa el ruido que hagamos: “Por sus obras los conoceréis”, dijo Cristo. Si me comparo con Gutiérrez es sólo en dimensión humana y sólo para no compartir responsabilidad ni consecuencias por lo que escribo.

Llegué aquí de 26 años, casado y padre. Tenía responsabilidades inalienables. Había vivido y trabajado en Cuba. Sabía lo que había sido mi patria y entendía a cabalidad lo que pudo llegar a ser. En esto le llevo una ventaja inmensa a Gutiérrez, quién, repito, llegó aquí de párvulo. Algo que sólo he oído de dos personas, entre ellas mi esposa, es que hubiera deseado nacer antes, para haber vivido más tiempo en la Cuba que fue.

Mi problema con este fallido proyecto de hombre llamado Carlos Gutiérrez es su medular deshonestidad. Llamándolo deshonesto no lo insulto: tan sólo lo describo. No porque seamos nativos de Cuba podemos llamarnos cubanos. Hace falta sentirse y actuar como cubano para merecer ese título singular. A mi entender este señor CEO no es cubanoamericano y nunca lo fue.

¿Es cubano Fidel Castro? Nació en Birán y ese pueblo está en Cuba. Sin embargo, para individuos como ése la familia es un accidente y la nacionalidad aún más accidental. ¿Se sentían acaso cubanos los oficiales coloniales nativos de Cuba, como el Teniente General Manuel Fernández Silvestre, quien cuando los rifeños de Abd El Krim lo hicieran picadillo en Anual, Marruecos, ostentaba diez y seis cicatrices de otras tantas heridas recibidas luchando contra nuestra independencia?

No debe confundirse a Gutiérrez con especímenes extraños como “Bernie” Sanders. Para Sanders el estatismo ha dado jugosos dividendos. Acaba de comprar su tercera propiedad inmueble, nada manos que una casa de $600,000.00, en un área exclusiva de Vermont, estado que representa en el senado desde que recuerdo. Sanders, quien siempre ha vivido de la política y el erario público, nunca sudó por trabajar. Gutiérrez, por el contrario, hizo su fortuna en negocios reales, empezando sin nada y sin necesidad de embaucar a tontos. Demos al César su crédito.

Por eso Gutiérrez sabe, tan perfectamente como cualquier persona educada, que el atroz predicamento del pueblo que vegeta hoy en el territorio que se llamara República de Cuba, tiene un sólo origen y es el socialismo. También sabe de sobra que el llamado embargo sólo garantiza que el Régimen castrista no se beneficie de crédito respaldado por el Tesoro de Estados Unidos, que no tiene y menos merece: Castro dejó de pagar sus compromisos externos desde 1986 y recabó en esa oportunidad que otras naciones deudoras siguieran su doloso ejemplo.

La deuda soviética contribuyó a nuestras obligaciones internacionales por la cantidad de 81,000 billones de dólares (en inglés). ¿Cuál es el equivalente en poder adquisitivo de esa cifra del 1991 para 2016? No tengo la respuesta exacta, pero le garantizo al amable lector que Mr. Carlos Gutiérrez sí la tiene. Lo que puedo asegurar es que los bancos y los inversionistas fueron pagados hasta el último centavo. ¿Quién recogió la cuenta? Fue a engrosar los casi 20 trillones (en inglés) que todos debemos.

Los intereses de los contrabandistas que compran el botín son siempre paralelos al de los piratas que lo roban. Gutiérrez tiene una manera fácil de demostrar que no es un contrabandista: simplemente que proponga derogar el embargo, pero manteniendo la cláusula de pago en efectivo y por anticipado. Veremos así a cuántos inversionistas va a representar en Castrolandia.

Por último, celebro que Carlos Gutiérrez disfrute visitar la casa que una vez perteneció legalmente a su familia. Siempre he soñado con visitar mi casa, mi propiedad por derecho y en la que nací. Pero no lo envidio: nunca me he arrastrado y nunca lo haría aunque tuviera 28 en vez de 82. Como Zenea, quien sólo fue a Cuba en ingenua misión de paz y con un salvoconducto traidor extendido por Madrid, esperaré hasta que llegue mi alborada o descansaré para siempre en esta tierra, como un hombre libre.

 

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