ENRIQUE PEÑA NIETO ENFRENTA UN NUEVO ESCÁNDALO INMOBILIARIO

José de Córdoba y Santiago Pérez

El presidente de México, Enrique Peña Nieto, cuyos dos últimos años de mandato han estado bajo la sombra de un escándalo de conflictos de interés relacionado a una mansión en la capital mexicana, se encuentra ahora sumido en una nueva controversia ligada a un apartamento de lujo en Miami propiedad de la primera dama, Angélica Rivera.

Ricardo Pierdant, un hombre de negocios que reside en Miami pagó en 2013 cerca de US$30.000 en impuestos a la propiedad a nombre de Rivera por un apartamento que ella posee en Miami, según registros tributarios a los que tuvo acceso The Wall Street Journal. Pierdant es un amigo cercano de la primera familia de México, de acuerdo con la oficina de Peña Nieto.

La primera dama compró su apartamento en la exclusiva isla de Key Biscayne en 2005.

Pierdant subsecuentemente compró otro apartamento directamente encima del de Rivera, según registros de propiedad de Miami.

El portavoz presidencial, Eduardo Sánchez, reconoció que Rivera usó el apartamento de Pierdant, pero dijo que sólo fue en pocas ocasiones y que no había ningún conflicto de intereses porque Pierdant no tiene contratos con el gobierno federal y no está participando en ninguna convocatoria actual. Sánchez no quiso discutir por qué Pierdant pagó los impuestos a la propiedad de Rivera.

Otro portavoz de Peña Nieto dijo que desde que asumió el poder en diciembre de 2012, el presidente no ha usado la propiedad de Miami. El portavoz dijo que no tenía forma de saber si Peña Nieto la había usado antes de convertirse en presidente.

Pierdant no respondió a solicitudes de comentario. El miércoles, Pierdant, que posee un programa para compartir bicicletas en Miami, fue citado por un sitio web de noticias mexicano diciendo que se le pidió que se encargara del pago y que recibió un reembolso por parte de Rivera.

El condominio de US$3,5 millones en Key Biscayne, que compró en 2005, había sido dado a conocer públicamente por la esposa del presidente. Pero lo que no se sabía era la existencia de otro apartamento ubicado directamente encima que ha sido utilizado por Rivera y que es propiedad de un empresario mexicano, de acuerdo con registros inmobiliarios de Miami.

Las inusuales transacciones inmobiliarias evocan un escándalo similar de 2014 sobre la Casa Blanca, una mansión en Ciudad de México de US$4 millones que la primera dama compró a un prominente contratista del gobierno, lo que generó acusaciones de conflicto de interés.

El año pasado, el contralor federal, que fue designado por Peña Nieto, absolvió al mandatario y dijo que la transacción fue legal.

Los dos principales partidos de oposición han exigido que se abra una investigación sobre los apartamentos de Miami.

“Reaviva la discusión sobre los lazos que el presidente y su esposa tienen con hombres de negocios, particularmente el tipo de relación que podrían tener con alguien que te paga tus impuestos a la propiedad”, dijo Eduardo Bohórquez, director del capítulo de México de la organización no gubernamental Transparencia Internacional.

El miércoles, legisladores del Partido Acción Nacional le pidieron a los auditores federales y a la oficina del contralor que investiguen si los negocios de Pierdant tienen contratos con el gobierno federal.

El nuevo escándalo, reportado primero por el diario británico The Guardian y la cadena hispana estadounidense Univision, ha dominado en los últimos días los periódicos mexicanos independientes y los medios sociales.

Hay paralelos entre las transacciones en Miami y el escándalo de la Casa Blanca. En ambos casos, hombres de negocios ligados a la pareja presidencial compraron una propiedad de lujo junto a una vivienda existente propiedad de la primera dama, la cual tuvo una exitosa carrera como actriz de telenovelas antes de casarse con Peña Nieto en 2011. En ambos casos, ella usó las propiedades adyacentes a los hogares que poseía.

En el caso de la Casa Blanca, las dos propiedades estaban conectadas y compartían un teléfono. Rivera fue fotografiada viviendo en la Casa Blanca, pese a que los documentos de propiedad de la vivienda aún estaban a nombre del contratista, quien en ese entonces había obtenido lucrativos contratos con el gobierno de su esposo, tanto durante su mandato como gobernador como en la presidencia.

Sánchez, el portavoz del presidente, negó los informes de prensa que indicaron que los dos apartamentos están conectados y que comparten un número de teléfono.

En ese caso, la mansión, que no había sido dada a conocer al público, se conectaba a una vivienda adyacente comprada previamente por Rivera.

Junto a una economía debilitada y un deterioro de las condiciones de seguridad, el escándalo de la Casa Blanca perjudicó los índices de popularidad del presidente.

El jueves, una encuesta realizada por el diario Reforma mostró una disminución constante de la popularidad de Peña Nieto, que cayó a 23% en agosto frente a 52% en 2013. Es la calificación más baja para un líder mexicano desde que el periódico comenzó el sondeo a principios de 1995, según Reforma.

A principios de 2010, poco después de que ella y Peña Nieto empezaran a salir, Pierdant compró el apartamento ubicado directamente encima de la propiedad existente de Rivera, de acuerdo a registros de propiedad a los que tuvo acceso The Wall Street Journal. El empresario pagó cerca de US$2 millones por el apartamento. En ese momento, Pierdant estaba atrasado en los pagos de una hipoteca por una propiedad en Coral Gables, de acuerdo con documentos judiciales vistos por The Wall Street Journal.

Univision le preguntó al empresario, de 49 años, cómo podía darse el lujo de pagar un apartamento en efectivo, mientras que debía dinero en otra propiedad. “Tenía el dinero disponible”, fue citado diciendo.

- Lisa Schwartz en Nueva York contribuyó con este artículo.

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