EL APORTE DE LOS CLINTON AL CRIMEN ORGANIZADO

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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El resultado casi mágico es que el dinero extranjero llega al bolsillo de los Clinton libre de impuestos y sin que nadie sepa quiénes fueron los donantes originales. La definición exacta de "lavado de dinero" y, peor aún, de compra de influencia.

La fascinación del gran público con los temas de engaño, corrupción y violencia del crimen organizado alcanzó su pináculo con la obra "El Padrino" del perspicaz y meticuloso Mario Puzo, más tarde convertida en éxito cinematográfico por el genio de Francis Ford Coppola. Pero yo me aventuro a decir que ni Puzo ni Coppola, a pesar de su demostrado talento para describir y presentar el crimen en sus diversas expresiones, habrían podido nunca imaginar una trama tan elaborada y desfachatada como la protagonizada en la vida real por dos delincuentes convertidos en políticos que responden a los nombres de Bill y Hillary Clinton.

En 20 años, estos dos criminales desfachatados fueron de una modesta clase media a una opulencia obscena sin jamás haber fundado una empresa, creado un empleo privado o multiplicado riqueza para beneficio de sus compatriotas. En 1991, Bill ganaba unos míseros 35,000 como gobernador de Arkansas y Hillary, amparada en la influencia política de su marido, ganaba 110,000 dólares como abogado y 60,000 dólares en corporaciones como Walmart y otras que hacían negocios en el estado. En el 2012, ambos habían dado un nuevo significado a la frase de "servidores públicos" convirtiéndose en multimillonarios sirviéndose a sí mismos.

A la salida de Bill Clinton de la presidencia los trepadores que empezaron su ascenso en la Arkansas soñolienta y rural alcanzaron la cima de la prosperidad en la vibrante metrópolis neoyorkina. Bill recibió una cantidad millonaria por sus memorias y Hillary fue electa senadora por Nueva York en dos ocasiones--2000 y 2006--con un sueldo anual de 145,000 dólares. Acto seguido, la ex Primera Dama recibió un adelanto de 8 millones de dólares por sus memorias. Y después de ser derrotada por Obama en las primarias demócratas de 2008, fue nombrada Secretaria de Estado con un sueldo de $186,000 anuales. Los Clinton coronaron entonces sus aspiraciones al confort y la notoriedad adquiriendo dos lujosas mansiones, una en Chappaqua, New York y otra más suntuosa aún en Washington, D.C. valoradas por Zillow, la primera en 1.8 millones y la segunda en 6 millones de dólares.

Y el dinero siguió entrando en la forma de libros y conferencias. Al finalizar su período como Secretaria de Estado, Hillary obtuvo un avance de 14 millones de dólares por sus memorias durante la era de Obama. En el 2013, la señora Clinton pronunció 36 conferencias con una ganancia de 8.5 millones de dólares a clientes como Goldman Sachs y Fidelity Investments. En el mismo año, Bill pronunció 34 conferencias que le produjeron un ingreso de 10.22 millones de dólares. La declaración de ingresos de la pareja en el 2014 arrojó el gigantesco ingreso combinado de 28 millones de dólares. Fuentes dignas de todo crédito estipulan que la fortuna de los Clinton anda alrededor de los 111 millones de dólares.

Por otra parte, la mayoría de quienes se aventuran a participar en la vida pública ponen especial cuidado en separar sus fortunas personales de sus ingresos como funcionarios. No quieren ser objeto de sospechas, imputaciones o ataques por parte de la prensa o de sus adversarios políticos. Pero ese no es el caso de Bill y Hillary Clinton. Para ellos la política es un lucrativo negocio. No se molestan en establecer diferencias entre sus negocios y su carrera política porque no tienen vergüenza y cuentan con la impunidad que les proporciona una prensa cuyo principal objetivo es la promoción de una agenda de izquierda.

Sin embargo, es importante destacar que muy pocas personas resienten el hecho de que los políticos hagan dinero vendiendo sus memorias o comenzando negocios. Pero el negocio particular de los Clinton de lograr ingresos cien veces superiores a los de cualquier familia norteamericana por pronunciar conferencias de 40 minutos constituye motivo de serias dudas con respecto a su legalidad o su moralidad. Es muy difícil presentarse como un crítico creíble de Wall Street, como hace la señora Clinton, cuando tu colchón de plumas ha sido pagado con honorarios de seis cifras de bancos de inversión y firmas vendedoras de acciones.

Ahora bien, como la avaricia es un saco que jamás se llena los Clinton continuaron su frenética carrera hacia una grotesca riqueza. Una riqueza que muy pronto tomó el camino del enriquecimiento ilícito. Es así como nace a la vida política norteamericana la Fundación Clinton, una forma sofisticada de crimen organizado en que el mítico Robin Hood le roba a los pobres para llenar las arcas de multimillonarios como Bill, Hillary y sus compinches de fechorías. Basta preguntarle a los pobres haitianos sobre la ayuda de cientos de millones de dólares proporcionados por donantes internacionales que pasaron por las manos de Bill Clinton y que nunca les llegó a sus chozas destruidas por huracanes y terremotos.

Después de citar todas estas cifras y detallar estas situaciones llego a la inevitable conclusión de que muchos lectores podrían sentirse confundidos. Sobre todo con respecto al modo de operación de la Fundación Clinton. Haré por lo tanto un esfuerzo para simplificar las cosas yendo paso por paso para describir como fue creada esta monstruosa estafa. Esta es la forma en que la misma funciona:

1- Usted crea una organización caritativa en el extranjero. Los Clinton crearon una en Canadá.

2- Oligarcas y gobiernos extranjeros hacen donaciones a la organización caritativa canadiense. En el caso de los Clinton, 1,000 donantes contribuyeron miles de millones de dólares. Estoy seguro que todos ellos por compasión humana y sin esperar nada a cambio. (Imagínense ustedes que un amigo de Putin se despierte una mañana y decida de pronto enviar millones de dólares a una organización caritativa canadiense).

3- Acto seguido, la organización canadiense reúne todos estos fondos y hace una donación masiva a la Fundación Clinton.

4- La Fundación Clinton y su sucursal caritativa canadiense argumentan que las leyes canadienses prohíben que los donantes individuales sean identificados.

5- La Fundación Clinton gasta entonces parte del dinero en obras caritativas. Por desgracia, la mayor parte de los expertos afirman que ese gasto caritativo constituye sólo el 10 por ciento de las donaciones recibidas. El resto va a parar a las cuentas de los Clinton, a pagar por salarios, viáticos y lujos de ellos y de sus compañeros de tropelías.

6- El resultado casi mágico es que el dinero extranjero llega al bolsillo de los Clinton libre de impuestos y sin que nadie sepa quiénes fueron los donantes originales. La definición exacta de "lavado de dinero" y, peor aún, de compra de influencia.

Todo esto explica los 750,000 dólares pagados a Bill Clinton por Arabia Saudita por una ridícula conferencia mientras Hillary era Secretaria de Estado. Y todavía más alarmante para la seguridad nacional, que un individuo como Frank Giustra fuera uno de los principales funcionarios de la organización caritativa canadiense registrada por los Clinton. Busquen sus antecedentes en Google y verán que este tipejo fue uno de los creadores de Uranium One, la corporación canadiense que adquirió intereses masivos en uranio norteamericano para venderlos después a Rusia. Esta transacción necesitaba la aprobación del Departamento de Estado de los Estados Unidos. No tengo que decirles quien era en ese momento la Secretaria de Estado.

Todo esto muestra con claridad meridiana las razones por las cuales Hillary borró sus 30,000 correos electrónicos y arriesgó con ello su futuro político. Una prensa cómplice y un sinuoso director del FBI le han dejado el camino libre para llegar a la Casa Blanca. Aquellos que voten por ella o dejen de votar en noviembre estarán poniendo al país en manos del crimen organizado a sus más altos niveles de corrupción y engaño. Vito Corleone era menos perverso que los Clinton porque tenía amigos y tenía enemigos y unos y otros sabían a qué atenerse. Con Bill y Hillary nunca se sabe porque no tienen otros amigos que sus intereses más mezquinos.

8-3-2016

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