SUBVERSIÓN DESDE EL PODER

Por Hugo J. Byrne

Si bis pacem para bellum

En mi respuesta a un artículo de Carlos Alberto Montaner semanas atrás hice mención a la decadencia evidente del antaño indisputado poderío militar norteamericano. En esa oportunidad lo hice sólo en el contexto de la acelerada decadencia general de nuestra República. Aquí retorno al tema militar en mayor profundidad.

En los asuntos relacionados al poder los símbolos son importantes. Las humillaciones deben evitarse a todo trance. En especial aquellas que por vergonzosas y notorias dejan una indeleble huella amarilla. Como la vista de marinos de Estados Unidos hincados de rodillas y con las manos en la cabeza y el video de uno de ellos llorando por su cautiverio. El repulsivo espectáculo se publicó hace varios meses, pero para un servidor sigue siendo insoportable. Ese incidente es una alegoría a nuestra decadencia nacional.

La embarcación inexplicablemente se había perdido navegando el Estrecho de Hormuz y entró en aguas territoriales iranesas. Si fue consecuencia de un ridículo accidente por instrumentos defectuosos o personal con pésimo entrenamiento y en un teatro de operaciones sensitivo por definición, no es de importancia. Lo triste es que implica una enorme negligencia. La reacción de Washington a esa injuria fue agradecer a los santones del Régimen de Teherán el “buen trato” dado a los marineros secuestrados.

Quienes demanden más nueces que ruido deben leer un artículo de Mackenzie Eaglen, Miembro Residente del “Marilyn Ware Center for Security Studies” del “American Enterprise Institute” y respetadísimo ponente en temas de defensa y seguridad nacional. El artículo de Eaglen, publicado por el órgano oficial del “American Legion” en su edición de agosto del 2016 es lectura educativa y educar a la gente ahora es la clave del futuro de nuestros hijos y nietos, si es que todavía tienen uno. Utilizo aquí además del ensayo de Eaglen, alguna información obtenida por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, desclasificada desde marzo del 2014.

Lo más importante en el trabajo de Eaglen llamado Our Incredible Shrinking Military son los cuadros sinópticos comparativos entre lo que poseemos en términos estratégicos y nuestras reales necesidades defensivas del presente. Eaglen usó material al alcance de todos y por eso reproduzco los más impresionantes números entre sus estadísticas.

Empecemos con “U.S. Navy”, víctima del escándalo bochornoso de Hormuz. Todo análisis científico debe ser comparativo y las dos potencias que pudieran considerarse antagonistas a nuestra seguridad e intereses en los mares continúan siendo Rusia y China, como durante la llamada “guerra fría”. La Marina Rusa no es hoy en día el desecho oxidado y corroído de comienzos del siglo XXI. Muchas unidades de superficie han sido construidas desde entonces y a pesar de un dramático accidente en un sumergible nuclear hace ya varios años, su flota submarina permanece poderosa y peligrosa.

Cuando la invasión de Crimea, Rusia se apoderó de 51 buques de guerra de Ucrania impunemente. A partir de esa fecha los rusos contaron con un total de 331 unidades navales, comparadas entonces a 283 de los Estados unidos (ahora 272). Al presente la superioridad estratégica norteamericana se concentra en los diez portaaviones de la Clase “Nimitz”, a los que se agregarán dos “supercarriers” de la clase “Ford”. Rusia está en vías de poseer un segundo portaaviones para una flota que durante la Guerra Mundial y la guerra fría no tenía ninguno.

La Marina Rusa también ha incrementado su personal a costa de los ucranianos. Alrededor de 12,000 entre un personal de 15,450 de la marina de esa nación estaban estacionados en Crimea cuando los rusos invadieron. La mayoría de sus oficiales han ingresado a la Marina Rusa de acuerdo a Moscú.

Aún si no damos crédito al antiguo esbirro de la KGB Vladimir Putin, la realidad es que la pérdida de Crimea es uno de los mayores desastres estratégicos de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial. En materia de prestigio y pérdida de credibilidad, su triste epílogo es segundo sólo al de Siria, donde más de cuatrocientos mil inocentes perecieran víctimas de Moscú y de la ausencia culpable de nuestro liderazgo. En términos reales los dos desastres hacen palidecer a Bahía de Cochinos.

En el 2014 el Vice Ministro de la Marina Rusa anunció la comisión inmediata de cuarenta navíos de guerra adicionales, incluyendo submarinos y barcos de apoyo.

Cuando se analiza desapasionadamente el peligro a nuestra seguridad, la amenaza rusa palidece ante la de China. Aunque la prensa presta mucha atención a las bufonadas del criminal vástago de la dinastía reinante en el estado artificial que llaman Corea del Norte, mejor debían publicar las movidas de Beijing, su financiador.

La idea ridícula de que China no tiene otro remedio que apoyarnos porque adquirió parte de nuestra deuda nacional se da de cachetes con la realidad histórica. Stalin no temía una invasión alemana en 1941 por la firma del Pacto Ribbentrop-Molotov, sino por su convencimiento de que Hitler necesitaba el petróleo de los Urales. Nunca se le ocurrió que Hitler estaba de acuerdo con él, sólo que no tenía la menor intención de obtener ese petróleo por las buenas. Estoy seguro que Stalin leyó “Main Kampf”, pero quizás no tomó muy en serio “drag nach osten” (que perdone mi alemán la memoria de Goethe).

Los dictadores chinos ya tienen su primer portaaviones oceánico y están a punto de comisionar el segundo. Su objetivo es contar con cuatro antes del 2020. La agresividad de Beijing contra los Estados Unidos en el Pacífico es evidentísima, aunque muy menospreciada por los medios de comunicación y la indiferencia pública.

Para terminar este comentario haré una relación breve entre los medios bélicos de que disponemos y aquellos que nuestros expertos militares creen que necesitamos hoy. No creo necesario agregar más adjetivos a nuestro predicamento.

De un nivel de 566,000 soldados del U.S. Army durante el grueso de los conflictos de Afganistán e Irak, el total se reducirá 475,000 para fines de este año. La reducción de 95,000 hombres va en contra de la recomendación de sus mejores líderes. Prominente entre ellos es el Jefe del Estado Mayor del Ejército, General Mark Milley. Para encarar las misiones programadas por Obama y el Pentágono, Milley recomendó 1.2 millones de soldados.

La Infantería de Marina, nuestra fuerza élite, cuenta hoy con unos 182,000 marines. Durante el grueso de las operaciones en Afganistán e Irak su número era 202,000: una reducción de 20,000 hombres. Eso equivale a los efectivos de toda una división de infantería de mi tiempo.

La diferencia entre medios y objetivos es aún más dramática cuando se tienen en cuenta los equipos de combate. Los submarinos de ataque requeridos por la Armada debían ser no menos de 86, pero sólo contamos con 52. Los buques capaces de lanzar misiles balísticos requeridos no deben ser menos de 77, pero sólo disponemos de 33.

Los aviones de combate para 2012 requeridos en el presupuesto del Secretario de Defensa Gates eran 1469. Al presente son 1141. La Fuerza Aérea de la Infantería de Marina es otro desastre en lo que se refiere a material disponible y las unidades que son retiradas por obsoletas desaparecen con mayor rapidez que sus reemplazos.

En una ocasión durante la guerra de Corea el tirano genocida Mao Zedong afirmó que el poderío militar norteamericano era un “tigre de papel”. Los acontecimientos probaron que entonces eso era una falacia. Pero eso fue en la mitad del siglo pasado. Ahora en 2016 Obama y sus cófrades se empeñan en demostrar que Mao estaba correcto.

 

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