LA GUERRA EN SIRIA, UN PROBLEMA PARA HEZBOLLAH EN LÍBANO

George Chaya

Ningún actor puede luchar una guerra indefinidamente. Al continuar su intervención militar en Siria, Hezbollah ("Partido de Dios", en español) perjudica no solo a los libaneses en su conjunto sino a sí misma como organizacion politica dentro del Líbano.

Claramente las guerras son la manifestación de la insensatez y el ejemplo mejor acabado de la necedad humana. Y una guerra civil, puede definirse como el fracaso del sentido común y colectivo de una sociedad y sus gobernantes. Sin embargo, una vez desatadas, tienen objetivos estratégicos y tácticas que los actores deben observar.

En el caso sirio, como lo ha publicado el periodico libanes An-Nahar en una extensa editorial del pasado domingo, "las implicancias de las operaciones de Hezbollah no tienen mas objetivo que el sostenimiento en el poder del presidente Assad y el apoyo militar a un régimen que ha estado asesinando a su propio pueblo por mas de 5 años". Después de todo, esto es lo que esta sucediendo en Siria, donde continua librándose una guerra que nadie puede ganar, por lo cual debe ser detenida, y que sólo puede ser resuelta por la comunidad internacional en su conjunto a través de cambios internos y globales.

Sin embargo, Hezbollah sigue combatiendo allí y lo hace por algo que el mundo ya ha comprendido. La excusa de combatir el terrorismo sunita del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en ingles) no es más que una falacia. En realidad, Hezbollah esta allí por ordenes de Teherán, como un ejercito chiita de ocupación extranjera que no es mas que otra rama del terrorismo islamista.

Esta afirmación no es para castigar a Hezbollah o menospreciar su destreza. Hezbollah ha mostrado disciplina, resistencia y potencia militar en el campo de batalla, lo cual la coloca muy por delante de la mayoría de las fuerzas de combate islamicas en la región.

Pero incluso las grandes potencias, como Estados Unidos, no pueden luchar en guerras civiles extensas y no convencionales como la guerra siria. Hassan Nasrallah y Hezbollah deberán comprender que Beirut no es superior a Washington y que los partidarios de Hezbollah no son ciudadanos -como los estadounidenses- que sí disponen de libertar de pensamiento. Los partidarios de Hezbollah, de mayoría chiíta, apoyarán la dirección del partido sean cuales sean las consecuencias y de acuerdo con el protocolo de la tribu y la secta; lo cual sera sumamente negativo para la propia comunidad chiíta libanesa.

Hezbollah está abusando claramente de la lealtad de los chiítas del Líbano, ya sea por que son lo bastante débiles para decir no a que sus hombres sigan muriendo en Siria, o porque temen demasiado a Hezbollah. De allí que la cúpula de Hezbollah ha utilizado siempre el sectarismo para contener la ira de sus bases.

Después de la guerra de 2006 con Israel, en la que Nasrallah pagó un precio muy alto en bajas de sus hombres y partidarios, Hezbollah dirigió e instigó a sus seguidores contra sus rivales sunitas y drusos libaneses. En ese momento atacó al ex primer ministro Fouad Siniora y su gabinete, y acusó al diputado druso Marwan Hamadeh de colaborar con la fuerza aérea israelí. En una operación propia de su actuar, Hassan Nasrallah desvió la ira chiíta por su derrota militar a manos de los israelíes hacia los políticos libaneses débiles como Siniora y Hamadeh, preservando así a su partido político.

Nasrallah ha estado utilizando la misma estrategia en el caso sirio y juega la misma carta que en 2006 para desviar la ira chiita contra la intervencion militar de su partido en la guerra siria. Desde 2011, el Secretario General de Hezbollah ha tenido que redefinir la misión de su milicia en varias ocasiones: fue desde la defensa de los chiítas libaneses que viven en la frontera con Siria, a la defensa de los santuarios chiítas en Damasco, y de allí a la lucha preventiva contra el radicalismo sunita en Siria en su excusa de que se extienda hacia el Líbano.

De vez en cuando, Nasrallah ataca verbalmente y difama a alguien. Un día ataca la Casa Saud y a la familia del rey de Arabia Saudita. Otro día a los Estados Unidos o a Israel, y otro a los suníes de Líbano.

Lo cierto es que a pesar de todas sus acrobacias y retórica, Nasrallah no ha logrado mitigar la catástrofe que se ha abatido sobre los chiítas del Líbano: "Cientos de sus hombres han muerto y continúan muriendo en el pantano sirio", tal como lo sostiene el diario An-Nahar. El liderazgo militar de alto rango de Hezbollah se ha agotado de tal manera que Nasrallah es uno de los pocos sobrevivientes de aquellos hombres que primigeniamente fundaron la milicia en 1980.

El "radicalismo sunita" encarnado por el Estado Islámico (ISIS) o el Frente Al-Nusra es un problema global al que Hezbollah puede -posiblemente- hacer frente, pero no podrá derrotar. Muchos de los mejores ejércitos del mundo están golpeando a ISIS día y noche. Decenas de servicios de inteligencia están cazando a sus líderes y a pesar de la cantidad de sangre que se esta derramando, los hechos indican que -una vez que pierda el control sobre sus territorios- seguramente el ISIS pasará del autodenominado Estado a una poderosa fuerza insurgente, lo que significa que sus atentados terroristas suicidas aumentarán. Hay signos tempranos que ya se han visto en la serie de atentados de ISIS en Francia, Belgica, Estados Unidos, Líbano, Jordania, Turquía y Arabia Saudita, donde no domina territorios.

No hay una meta militar clara de Hezbollah en Siria aparte de la lucha para mantener el presidente sirio, Bashar al-Assad en el poder. Y en ausencia de un objetivo claramente delineado, Hezbollah debería retirarse inmediatamente de allí o el pantano sirio perseguirá a los chiítas líbaneses por varias de las generaciones venideras.

Hezbollah puede ser un peso pesado en un país pequeño y débil como el Líbano. Pero al involucrarse en una crisis con Israel o en una escala mayor en países como Siria, su poder interno en los asuntos libaneses corre grave peligro de debilitarse. Tal vez por esta cuestión, el Líbano durante sus años dorados entre los '50 y '70, jamas participo en las guerras regionales entre los árabes e Israel.

Se puede decir mucho, bueno o malo sobre el liderazgo cristiano del Líbano de aquel momento, pero no cabe duda que era mucho más inteligente que sus descendientes actuales. En el pasado, los cristianos entendieron que cuando los grandes y poderosos luchan, los pequeños se quedan fuera. Hoy en día, ni los líderes cristianos, ni sus aliados chiítas, parecen haber aprendido la lección.

 

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