NIZA, TRUMP Y HILLARY.

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

Sígame en: http://twitter.com/@AlfredoCepero

Niza es la gota que ha llenado la copa y dará legitimidad y urgencia al mensaje de Trump.

El 14 de julio de 1789 el pueblo de París tomó la fortaleza prisión de La Bastilla para sacudirse el yugo totalitario de Luís XVI y conquistar el bien preciado de la libertad. El 14 de julio de este 2016 un fanático del califato diabólico de ISIS se propuso dar marcha atrás al reloj de la historia con el acto salvaje de asesinar gente inocente en nombre de una ideología que se propone sustituir la libertad con el más feroz de los totalitarismos, el que tiene como base la intolerancia religiosa. En 1789, la noticia de la toma de La Bastilla demoró semanas y hasta meses en ser conocida a nivel mundial. En este 2016, gracias a la diversidad y velocidad de los medios de comunicación y de las redes sociales, el mundo se estremeció y lloró con los franceses en cuestión de minutos.

Ahora bien, quizás en ningún otro país haya repercutido esta masacre de Niza con mayor intensidad que en los Estados Unidos. Los norteamericanos tienen todavía fresca en su memoria la barbarie de las 3,000 víctimas de las Torres Gemelas del Centro Mundial de Comercio en septiembre de 2001. Es por eso que Niza añadirá leños al fuego de una ya reñida y controvertida campaña presidencial por parte de los candidatos de ambos partidos. En buena parte del 2015 y en todo este 2016, el tema de la seguridad nacional ha ocupado un lugar destacado en la propaganda de esa campaña. De hecho, el magnate inmobiliario Donald Trump ha convertido la seguridad en el punto central de su aspiración a la Casa Blanca.

Las ideas de Trump sobre cercas en la frontera sur, reducción del flujo de inmigrantes y hasta deportación masiva de ilegales fueron descritas con escarnio por la prensa de izquierda y recibidas con incredulidad por muchos sectores del espectro político, aun dentro de su propio Partido Republicano. Cuando Trump mencionó el cierre total de fronteras a inmigrantes de países musulmanes la histeria alcanzó niveles de paroxismo. Tanto sus partidarios como sus adversarios cavaron trincheras profundas para defender sus puntos de vista antagónicos. Pero la diversidad y la repetición de docenas de actos terroristas en los últimos doce meses en todo el mundo están poniendo a prueba la tolerancia y la pasividad de Occidente frente a la barbarie del terrorismo islámico. Niza es la gota que ha llenado la copa y dará legitimidad y urgencia al mensaje de Trump.

A mayor abundamiento, en los escasos tres meses que nos separan de las elecciones generales apuesto a que se producirán actos similares. Los vándalos saben que se les acaba al apaciguamiento de Obama y que, de salir victorioso Donald Trump, los Estados Unidos adoptaran una posición más agresiva y de mayor liderazgo en la lucha contra el terrorismo, ya sea islámico o racial, interno o externo. Y ya hemos visto que, cuando los Estados Unidos marchan delante, los demás siguen para no quedarse a atrás.

Niza podría además cambiar el orden de prioridades en los programas de los aspirantes a la presidencia. Vaticino que, de ahora en adelante, la seguridad nacional de los Estados Unidos superará a la solución de la crisis económica, a la derogación del Obamacare, a la mejora de la educación, al aumento de los niveles de empleo, a la reducción de los impuestos y hasta el nombramiento de magistrados al Tribunal Supremo como el tema más candente de estas elecciones. Y esto favorecerá a Donald Trump que, precisamente porque le importa un bledo la diplomacia, sabe que a los terroristas no se les apacigua sino se les aniquila. Que aplicará el poderío militar de los Estados Unidos para barrerlos de la faz de la Tierra. Esa es la fórmula para la victoria frente a estos salvajes que se proponen degollarnos si no acatamos su ideología barbárica.

En sentido contrario, los partidarios de Hillary argumentarán que su experiencia como Secretaria de Estado la ha preparado para conjurar el peligro del terrorismo islámico. Pero sus acciones la condenan y sus errores en el manejo de la política exterior serán destacos en la empecinada lucha electoral que se avecina en los próximos meses. Citarán su participación estelar en el derrocamiento de Gadafi sin un plan para llenar el vacío, su ridículo "reset" en la relación con el delincuente Vladimir Putin y sus mentiras en la barbarie de Benghazi. Y para que no queden dudas, la harán cómplice en la retirada apresurada de Irak, la política de apaciguamiento de Obama con respecto a ISIS y su cobardía al negarse a hacer respetar la "línea roja" que trazó al condenar las masacres de Bashar al-Assad.

Por lo tanto, la opción que confronta Hillary no es nada atractiva ni fructífera para su campaña política. Seguir unida a Obama para capitalizar algo de su popularidad entre las izquierdas, los negros y los hispanos o separarse de la deplorable política exterior de Obama para ganar apoyo entre unos electores independientes que la rechazan por mentirosa y que serán quienes decidirán estas elecciones.

Ahora bien, lo que no podrá negar ninguna cantidad de propaganda electoral es que el pueblo norteamericano está atemorizado ante la amenaza del terrorismo islámico. Y los pueblos atemorizados son como un ganado en estampida que arrasa todo lo que se interpone en su camino a la salvación. Busca un puño firme que le garantice la seguridad y le devuelva la tranquilidad. Esa mano no es la que promete continuar el apaciguamiento y la cobardía de Barack Obama.

Quizás nadie como el General Michael Flynn, ex director de la Agencia de Inteligencia del Pentágono, haya descrito mejor la amenaza que confrontan hoy los Estados Unidos y el resto del Mundo Occidental. Dijo hace unos días que el Occidente se encuentra abocado a una tercera guerra mundial. Que los enemigos actuales no están uniformados ni atacan en formaciones abiertas que puedan ser confrontadas con armas tradicionales. Una guerra asimétrica de un enemigo fantasma cuyas armas son más peligrosas y mortíferas que los fusiles. Flynn propuso que el Congreso Norteamericano haga una declaración formal de guerra contra el terrorismo islámico. No contra la religión islámica sino contra la ideología aberrante que mata cristianos, judíos y hasta musulmanes.

Pero yo no soy tan tolerante con los musulmanes que se niegan a condenar el terrorismo islámico. Creo que, si quieren ser exoneradas de la barbarie del terrorismo que ha prostituido su religión, tienen que dar un paso al frente en la lucha para derrotarlos. El papel de víctimas ya no los exime de condenar la barbarie. Si quieren los beneficios de la libertad y la prosperidad norteamericanas tienen que unirse a nosotros en la tarea de combatirlos.

Por otra parte, quien sustituya a Barack Obama tendrá ante sí una tarea de proporciones siderales. Tendrá la responsabilidad de garantizar la seguridad ciudadana y de restaurar la confianza del pueblo en la habilidad de su gobierno para protegerlo del terrorismo islámico. Confrontará la disyuntiva de establecer un equilibrio difícil entre la libertad y la seguridad. La libertad casi irrestricta a la que están acostumbrados los norteamericanos facilitaría la labor de quienes se proponen destruir esta sociedad. Es necesario, por lo tanto, hablarle claro y explicarle que el precio de la seguridad será una cierta limitación de las libertades según han sido disfrutadas hasta el momento.

Yo me sumo a Newt Gingrich y propongo que sean debidamente escrutados todos aquellos que quieran ingresar a este país, sobre todo los inmigrantes procedentes de países donde impera la atávica Ley Sharía. Para cerrar el círculo propongo que los musulmanes residentes en los Estados Unidos que no renuncien a la Ley Sharía sean deportados y que las mezquitas donde se predique el odio a la cultura y a las instituciones occidentales sean clausuradas.

Nosotros no empezamos esta guerra. Ellos nos la declararon cuando pulverizaron las Torres Gemelas del Centro Mundial de Comercio. No hay lugar, por lo tanto, para las medias tintas y los paños tibios de Barack Obama y de Hillary Clinton. La guerra es a muerte y, si queremos salvar nuestra civilización, tenemos que asegurarnos de que sean ellos quienes pongan los muertos.

7-18-2016

La Nueva Nación es una publicación independiente cuyas metas son la defensa de la libertad, la preservación de la democracia y la promoción de la libre empresa. Visítenos en : http://www.lanuevanacion.com

SI NO DESEA SEGUIR RECIBIENDO LA NUEVA NACION, PINCHAR ABAJO

FAVOR DE BORRARME DE SU LISTA DE DIRECCIONES

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image