OBAMA-CLINTON: LA CORRUPCIÓN TOTAL

Por Hugo J. Byrne

En una ceremonia religiosa de la antigua Roma se reunían las esposas de los Patricios más encumbrados para celebrar Bona Dea”, festival de la fertilidad y la virginidad. La presencia masculina estaba terminantemente prohibida. Sin embargo en el año 62 AC, un muy arriesgado romano llamado Plubilius Clodius, disfrazado de mujer, entró subrepticiamente al festival, pero fue descubierto y desenmascarado por otra sagaz romana llamada Aurelia Cotto.

La fiesta se celebraba ese año en la casa de Pompeya, la esposa de Julio César, a quien el tal Plubilius planeaba seducir. Es dudoso que Pompeya no supiera de los planes de Plubilius. Acusado de sacrilegio, Plubilius no tuvo más alternativa que tomar las de Villadiego a velocidad record, cuando “Bona Dea” amenazó terminar como la clásica “fiesta de los chinos”. Roma ya empezaba a pudrirse y los travesti no eran gran novedad, pero el escándalo resultó demasiado gordo.

El matrimonio entre César y su segunda esposa Pompeya, era uno de conveniencia e interés político (similitud con situaciones presentes quizás no sea coincidencia) y César al principio y en apariencias no tomó el incidente muy a pecho. Sin embargo, al abatirse la polvareda del escándalo, César repudió a Pompeya y se divorció. De aquí se origina el refrán quizás apócrifo, atribuido al “Conquistador de la Galia” sobre su esposa: La mujer de César, además de serlo, tiene que parecerlo”.

Inversamente, el axioma puede aplicarse tanto a la virtud como al vicio. El Obispo católico Fulton Sheen, personalidad de la tv de los años cincuenta, sostenía que un ave con la figura de un pato, que camina, grazna, nada y vuela igual que un pato, etc., es muy probablemente… un pato.

No es sorprendente que al matrimonio Clinton y al Presidente Obama y a su séquito se les relacione con múltiples escándalos de poder. En uno de mis últimos artículos afirmé que detestaba a Obama y les garantizo a los lectores que mi opinión sobre el “Mesías oxidado” es la misma hoy. Tengo una opinión muy similar de los Clinton.

Sin embargo, mi opinión personal poco puede afectar la reputación histórica objetiva de individuos o de grupos políticos. Desde los tiempos del notorio William (“Boss”) Tweed, cabecilla del “Tammany Hall” y “Emperador” demócrata de New York en los 1870, pasando por el Gobernador Huey Long (“King Fish”) de Luisiana, hasta nuestros días, nunca hubo un estado de corrupción y abuso de poder semejante al de Obama-Clinton. ¿Denominador común histórico? Tweed, Long, Obama y el matrimonio Clinton pertenecen o pertenecieron todos al Partido Demócrata.

La única excepción de esta regla es Illinois, donde la corrupción política es una cultura bipartita. Desde los tiempos de Alphonse Capone, la alcaldía de Chicago era notoria por estar en la nómina del crimen organizado. Chicago, con las leyes estatales más restrictivas de la Unión para las armas de fuego en violación flagrante de la segunda enmienda, sufrió en promedio 15 asesinatos diarios durante el mes pasado.

A nivel estatal basta mencionar los nombres de los ladrones ex gobernadores Ryan y Blagojevich. El primero republicano (y activo pro-castrista) y el otro, demócrata y antiguo socio de Obama. Ambos han servido prisión por sus fechorías (“Blago” todavía reside en “chirona” por tratar de vender la antigua senaduría de su carnal Obama). Y no olvidemos a la fatídica dinastía Daily, la que arrasó con el estado.

Hace algunos días la Fiscal General Loretta Lynch y el ex Presidente Bill Clinton se reunieron en el avión de la primera y conversaron en secreto durante media hora. La reunión ocurrió en el aeropuerto de Phoenix, Arizona. Agentes del Buró Federal de Inteligencia que acompañaban a Lynch, ordenaron a la prensa no tomar fotos ni hacer preguntas. Obviamente esa equívoca orden se originó en la Secretaría de Justicia. En la explicación avanzada por Lynch se caracteriza ese encuentro como espontáneo, impromptu y personal, cubriendo sólo temas privados cómo la crianza de los nietos y triviales cómo el juego de golf.

Entre los múltiples escándalos asociados con los Clinton me parece que este se lleva el premio. ¿A qué atribuir una entrevista secreta de “Bubba” con Lynch si nada se discutía sobre la investigación de la ex Secretaria de Estado por posible manipulación ilegal de documentos oficiales altamente clasificados? ¿Impropia política republicana? ¿Vasta conspiración derechista? Pamplinas. Nadie en su sano juicio lo cree.

Si decidimos creer a la señora Lynch, aceptando que la visita y el intercambio verbal con Clinton fue un evento escuetamente social, entonces ¿por qué la orden arbitraria obstruyendo el acceso de la prensa? Quien no la debe no la teme, dice el refrán. Recordemos a la mujer de César.

El abuso de poder o simplemente la apariencia del mismo, tienen que ser celosamente evitados por quienes lo detentan. Muy especialmente si el sujeto en cuestión, William Jefferson Clinton, ha mentido al público antes, hecho aceptado por el culpable de esa falta en un notorio “mea culpa” durante su primer período presidencial.

 

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