LA "PAPA CALIENTE" DEL PARTIDO REPUBLICANO

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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De ahí la urgencia con que los delegados a la Convención Republicana de Cleveland buscan a un candidato capaz de resultar atractivo a una mayoría de los votantes independientes.

Hace escasamente veinte días Donald Trump había asegurado su postulación por el Partido Republicano y su aceptación por una vieja guardia que había hecho todo lo posible por descarrilar su campaña. Los guerreros enardecidos del "Nunca Trump" se habían retirado al anonimato después de haber fracasado miserablemente en su intento de negarle la postulación. Atrás habían quedado sus mentiras habituales y sus frecuentes cambios de posición según su estado de ánimo. En un momento ha afirmado defender los intereses de los trabajadores norteamericanos y, acto seguido, amenazado con destruir la economía del país con guerras comerciales y jugado peligrosamente con la fe y el crédito de la moneda de los Estados Unidos. Pero Donald Trump se había convertido en un "hecho consumado" y el partido se había resignado a aceptarlo como su candidato.

Sin embargo, entonces ocurrió lo que muchos temíamos. Donald fue incapaz de cumplir su promesa de comportarse con la ecuanimidad y la mesura de un candidato "presidenciable" y volvió a sus diatribas contra todo el que se atreviera a cuestionar sus credenciales, su programa, sus antecedentes personales y hasta sus intereses empresariales. Demostró una vez más ser un potro desbocado que no puede amortiguar sus pasiones ni controlar sus rabietas. Precisamente los puntos vulnerables que explotaran los Clinton para desviar la atención de la deplorable trayectoria y la corrupción galáctica de la candidata demócrata y su camaleónico compañero de fechorías.

Cuando el juez norteamericano Gonzalo Curiel--un hombre nacido en Indiana que pasó meses escondidos de unos carteles de la droga que querían asesinarlo--emitió un fallo que le resultó adverso en el juicio de la Universidad Trump, el candidato republicano lo acusó de prevaricación por el hecho de que sus padres habían nacido en México. Cuando el fanático Omar Mateen asesinó a medio centenar de personas en Orlando y se proclamó soldado de ISIS, Trump volvió a sus andadas y ratificó su política de exclusión masiva de musulmanes sin tomar en cuenta que su cooperación será necesaria en esta lucha que, más que militar, es ideológica.

Entonces, las encuestas reflejaron casi de inmediato el daño que se había infringido a sí mismo con unas declaraciones extremas que hacen cuestionar a muchos su estabilidad para tener el dedo en el gatillo nuclear. Mientras el 55 por ciento de los encuestados expresaron una opinión desfavorable de la Clinton, el 70 por ciento de ellos (7 de cada 10) dijeron tener una opinión negativa del magnate empresarial. Un aumento del 10 por ciento con respecto a encuestas del mes anterior.

La vieja guardia del partido se puso nerviosa y dio una acelerada marcha atrás. Se produjo entonces una especie de resurrección del "Nunca Trump", con fuerza renovada ahora por la reincidencia del candidato en su misma conducta errática. El presidente del Senado, el republicano Mitch McConnell, expresó su frustración y llegó a amonestar públicamente a Trump para que evitara ese tipo de conducta en el futuro. El presidente de la Cámara de Representantes, el también republicano Paul Ryan, quién además presidirá la Convención Republicana de Cleveland, declaró a la prensa que él no pediría a los delegados del partido que votaran por Trump sino sugeriría que cada cual "votara según su conciencia". Esto ha hecho que muchos califiquen ahora esta iniciativa con el nombre de "Cualquiera menos Trump" . Con ella buscan otro candidato menos vulnerable que el magnate y con mayores probabilidades de resultar victorioso frente a Hillary en las que se vislumbran como unas apretadas elecciones generales.

Unas elecciones en que ambos candidatos tienen el voto duro de la extrema izquierda y de la extrema derecha de sus respectivos partidos pero no cuentan con el respaldo ni de los moderados dentro de sus partidos ni de los independientes. Unas elecciones en que, tomando en cuenta los niveles de rechazo de Trump y Hillary en la población en general, los votantes independientes determinarán como nunca antes quien será el ganador. De ahí la urgencia con que los delegados a la Convención Republicana de Cleveland buscan a un candidato capaz de resultar atractivo a una mayoría de los votantes independientes.

Ese candidato todos sabemos que no es Donald Trump. Un hombre que se resiste a aceptar consejos y que, como de costumbre, ha subido la parada. Hace escasamente una semana amenazó con lanzar su candidatura fuera del Partido Republicano. Una bravuconada que nadie le cree y que él sabe que no puede cumplir. Hasta el momento, la campaña de Trump ha salido victoriosa a pesar de haberse hecho con poco dinero y de haber sido un desastre en organización e infraestructura. Ha ganado las primarias gracias a su carisma entre el ala derecha del partido y a su capacidad de producir altos niveles de audiencia en medios de prensa que le han dado publicidad gratuita. Pero esto era mientras luchaba contra otros republicanos detestados como él por la gran prensa norteamericana.

Ahora bien, en unas elecciones generales contra Hillary otro gallo cataría. La prensa controlada por la izquierda vitriólica le sacará todos los esqueletos de su vida anterior, que todos sabemos son numerosos. Va a necesitar una infraestructura que él no tiene y una cantidad de dinero con la que no cuenta su campaña. Para divorciarse del Partido Republicano Trump tendría que vender una buena parte de sus propiedades a los efectos de auto financiar su aspiración presidencial. Si tomamos en cuenta que hasta ahora no ha dado pruebas de estar inclinado a hacerlo, Trump nunca podría ganar sin la infraestructura y las arcas del partido. El matrimonio de una pareja unida por la necesidad de supervivencia más que por el amor del uno por el otro.

Aunque saben que cuentan con escasas probabilidades de éxito son muchos los delegados a la convención que buscan la alternativa de lanzar una candidatura con un candidato más aceptable a los votantes independientes. Se habla del gobernador de Wisconsin, Scott Walker y del gobernador de Ohio, John Kasich, dos conservadores respetados en las filas del partido y populares entre los votantes independientes. Pero esta alternativa tampoco traerá armonía en las filas del Partido Republicano porque los partidarios acérrimos de Trump no se quedarán con los brazos cruzados. Su conducta indica que, con la bendición o no del partido, Trump aspirará a la presidencia. Por lo que una cosa es segura, la Convención Republicana del 2016 podría ser una de las más divisivas y contenciosas del partido de Abraham Lincoln.

Los expertos vaticinan que ninguno de los tres candidatos contaría con votos suficientes para ganar la Casa Blanca por el procedimiento ordinario de elecciones y la decisión caería en manos de la Cámara de Representantes. Se aplicaría entonces el Artículo II, Sección1, cláusula 3 de la Constitución de los Estados Unidos. Algo que ha ocurrido solamente en dos ocasiones, en 1800 y en 1824. De ahí la importancia de que los republicanos mantengan el control de la cámara baja.

Por su parte, el Presidente del Comité Nacional Republicano, Reince Priebus, se ha pronunciado en contra de cualquier iniciativa que divida aún más al partido y ha pedido unidad bajo la candidatura de Trump. Yo, sin embargo, creo que esta amenaza a su postulación podría haber contribuido a frenar al potro desbocado de Tump. Una muestra podríamos tenerla en la reciente decisión del magnate de despedir al conflictivo Corey Lewandowski como su jefe de campaña y nombrar como sustituto a un experimentado y más moderado Paul Manafort. Son muchos los que afirman que su hija Ivanka ejerció gran influencia en esta decisión.

De todas maneras, no tendremos que esperar mucho tiempo para saber el resultado de esta drástica movida dentro del tablero republicano. Si vemos a un Trump leyendo telepromter y con un bozal en la boca sabremos que Manafort logró domar el potro y que los republicanos lograron enfriar a su papa caliente en unas elecciones que hasta ahora han amenazado con destruir al partido.

6-21-16

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