EL ALBATROS DE OBAMA

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

 

El Presidente Barack Obama hizo despliegue de sus reconocidas habilidades oratorias durante su reciente discurso sobre el Estado de la Unión. No voy, sin embargo, a aventurarme en un análisis exhaustivo de una pieza oratoria que ha sido analizada hasta el cansancio por sus aliados y por sus adversarios. Hago referencia a la misma solamente como un “pie para la décima” con la que me propongo destacar que ningún discurso—hablado, recitado o cantado—será capaz de restar intensidad a la oposición popular contra su agenda de izquierda ni de inocular al taumaturgo de la tribuna contra la paliza que se le viene encima en las elecciones del 2012.

 

Para ilustrar y comprender el asunto es importante dejar a un lado la retórica y destacar los hechos. Para ello, comencemos con el voto de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes derogando el nefasto plan de salud impuesto a las malas por los demócratas en sus tiempos de prepotencia y que ha sido bautizado como Obamacare. La prensa complaciente alineada con la Casa Blanca ha calificado el hecho de gesto simbólico y demagógico de los republicanos para complacer a los militantes del Tea Party y a la derecha del partido.

 

Sin embargo, quienes observan los acontecimientos sin la obstrucción de cristales empañados por prejuicios ideológicos saben que el voto republicano derogando el plan de Obamacare tuvo muy poco de simbólico y mucho de cumplimiento de promesas de campaña. El voto duro de la derecha norteamericana—ya fuera del Tea Party o del Partido Republicano—no habría podido propinarle a Obama la paliza que recibió el pasado mes de noviembre.

 

Quienes determinaron el resultado de la jornada electoral—y de paso pusieron freno a las aspiraciones imperiales del presidente—fueron los numerosos electores independientes frustrados ante la incapacidad de Obama para reducir el desempleo, disminuir el gasto gubernamental, estimular el desarrollo económico, enfrentar la crisis energética, asegurar las fronteras y promover una reforma migratoria sin estridencias demagógicas. Ante el hecho de no contar con otra alternativa, esos independientes le dieron un voto de confianza condicionado—no un cheque en blanco—a los republicanos. Y ellos lo saben. Por eso empezaron cumpliendo su promesa de derogar el Plan de Reforma de Salud.

 

Ahora bien, desde un punto de vista práctico, cualquier proyecto de ley derogando el Plan de Salud en su totalidad no tiene probabilidad alguna de convertirse en ley. Ahí están los dos valladares infranqueables de un Senado bajo control demócrata y de un presidente dispuesto a utilizar el veto para preservar el buque bandera de su legislación izquierdizante. Los republicanos también lo saben y por eso se aprestan a utilizar otra táctica con mayores probabilidades de éxito.

 

Algunos líderes del partido en la Cámara se proponen presentar un proyecto de ley que concentre su fuerza en la eliminación de lo que se ha dado en llamar “mandato individual” dentro del Plan de Salud. Este mandato impone la obligación a cada ciudadano norteamericano de comprar un plan de salud individual aún en contra de su voluntad y so pena de ser multado por falta de cumplimiento. Una imposición característica de regímenes totalitarios que es rechazada con vehemencia por la inmensa mayoría de los ciudadanos. Y, dicho sea de paso, este “mandato individual” constituye la piedra angular del financiamiento del nuevo Plan de Salud. Sin esos ingresos, el plan muere por inanición.

 

Y hay más. Cualquier proyecto aprobado por la Cámara anulando el mandato—rechazado aún con más intensidad que la totalidad del plan de salud—tiene altas probabilidades de lograr votos favorables de aquellos demócratas en el Senado que deberán aspirar a la reelección en el 2012. Las cifras hablan por sí mismas. Entre los 33 senadores que deberán someterse a la consulta popular en el 2012, hay 10 republicanos y 23 demócratas, muchos de estos últimos en estados con gobernadores republicanos o ganados por McCain en el 2008. ¿Cuántos de ellos estarán dispuestos a votar en contra de un proyecto de ley que libera a sus electores de un odiado “mandato individual” y a cometer harakiri político cerrando filas con su presidente? 

 

Continuando con las cifras, los 47 republicanos en el Senado solo necesitarían que 5 de los 23 senadores demócratas que van a la reelección en el 2012 voten a favor de la derogación del mandato individual para lograr la mayoría necesaria para la aprobación del proyecto en el Senado. Queda, sin embargo, el obstáculo de la táctica obstruccionista llamada “filibuster” que Harry Reid con seguridad pondrá en funcionamiento, y cuya neutralización demanda el voto de 60 senadores.

 

En tal sentido, nadie espera que los 13 demócratas necesarios para llegar a los 60 salten la cerca y voten a favor del proyecto de ley. Por lo tanto, existen altas probabilidades de que este proyecto, a pesar de haber sido aprobado por el procedimiento regular, muera la muerte infame del obstruccionismo de quienes, en primer lugar, aprobaron una ley de salud en medio de la noche y en contra de la voluntad de sus electores. Y este desenlace podría ser el beso de la muerte para la reelección de Obama.

 

Porque aquellos que vaticinan una recuperación del capital político de Obama en el 2012 a la manera de Bill Clinton en 1996 se olvidan de un factor muy importante. Irónicamente, en 1996 Clinton tuvo la suerte de que los electores se habían olvidado de un intrusivo Hillary Care que había fracasado dos años antes y no fue tema de contención en la campaña. Obama, para su desgracia, logró la aprobación de una Reforma de Salud rechazada por una proporción mayoritaria de los norteamericanos, incluyendo a los independientes que le dieron la victoria en el 2008 y que necesita para su reelección en el 2012.

 

Otro factor a tomar en consideración es la demanda presentada por 26 estados de la Unión Americana donde se solicita la anulación de la Reforma de Salud sobre la base de la inconstitucionalidad de la misma. El fallo del Juez Roger Vinson el pasado 31 de enero dando la razón a los demandantes constituye no solo un revés judicial sino debilitará el argumento político de la administración cuando esta defienda su Reforma de Salud en la campaña del 2012. Queda todavía, sin embargo, el fallo del Tribunal Supremo cuando el proceso llegue irremisiblemente a sus manos. Y la decisión del Supremo es un enigma que nadie está en capacidad de descifrar.

 

De lo que no caben dudas es que Obamacare será el argumento que dominará las elecciones presidenciales del 2012. Y es justo que así sea. Porque sus más de dos mil paginas, que quienes las aprobaron no se molestaron siquiera en leer, serán aplicadas por millones de burócratas obstruccionistas y determinarán la forma en que se gasta la sexta parte del presupuesto de los Estados Unidos. La victoria que el presidente exhibe como el mayor logro de su gestión podría muy bien convertirse en el albatros que devore sus probabilidades de mantenerse en el poder. 

 

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Como siempre, muy buenos y acertados sus comentarios. Aurora
Hace 3026 dias.

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