EL VOTO NEGATIVO

Por Esteban Fernández

Hace años, muchos años, estuvo de moda aquí en California (y en varios estados) los COMICIOS LIBRES. Se trataba de que cada uno de los exiliados votaran por la persona de su agrado para dirigir a las masas desterradas en la lucha por la liberación de Cuba. ¿Suena bien? Claro que la idea era magnífica. Sin embargo, existió un obstáculo enorme que echó a perder esa bella iniciativa. ¿Cuál? Les cuento:

En ese momento los cubanos solamente conocíamos bien a 10 o 15 viejos políticos de la Cuba de ayer: Carlos Prío Socarrás, Fulgencio Batista, Rafael Guas Inclán, Carlos Márquez Sterling, Tony Varona, Roberto Agramonte, Guillermo Alonso Pujol, y en todas las encuestas aparecían a la cabeza Prío y Batista.

A los dos ex presidentes no solamente la gente los conocía bien sino que eran millonarios, eran expertos en la política y en las triquiñuelas electorales, tenían simpatizantes y “sargentos políticos” en cantidades industriales y sin lugar a dudas en unas elecciones libres en el exilio barrerían con todo desconocido que se les atravesara en el camino.

No recuerdo a quién 'se le iluminó el bombillo' y dijo: “Bueno, eso es cierto pero al mismo tiempo tienen montones de detractores y adversarios, de gente que los detesta y que no votarían por ninguno de los dos” ¿Les parece familiar y similar la situación actualmente?

Tras escuchar esas palabras surge la "brillante" idea del “voto negativo”. Es decir, que la persona votaba por un candidato de su gusto y junto a eso podía votar negativamente por los políticos de antaño. El “voto negativo” ayudaba al futuro líder de nuestro agrado (como un Manuel Artime, un Orlando Bosch, un Jorge Más Canosa o un Tony Calatayud) y al mismo tiempo les anulaba un voto a favor a los que consideraban “viejos camajanes del pasado”.

Momentáneamente me gustó la idea pero nuestros antiguos personajes -al darse cuenta que serían relegados y prácticamente eliminados- se ahuyentaron, les viraron las espaldas al "Comité pro Comicios Libres" y este fue languideciendo hasta quedar en el olvido como un esfuerzo baldío más. Y yo pasé de haberme agradado inicialmente la idea del “Voto Negativo” a detestarla por haber matado una gestión que hubiera podido dar buenos resultados.

Pero hoy, después de haber pasado la devastadora contienda por la postulación de ambos partidos donde los norteamericanos se han quedado con los tres peores: dos súper conocidos y desastrosos millonarios y el peligro de que escojan a un comunistoide que cambiados por basura se pierde el cartucho, entonces he revivido en mi mente y extrañado el Voto Negativo.

Qué lástima no haber podido escoger a un patriota norteamericano y al mismo tiempo votar negativamente por Trump, Hillary o Sanders. Porque si bien los tres tienen personas que simpatizan con ellos hay millones que los detestan. Y quienes -gracias a los votos negativos que les hubieran llovido- hoy estuvieran cuidando a sus nietos y amasando sus fortunas, mientras Bernie (hasta sin "el voto negativo") ya debía, con el rabo entre las piernas, estar haciendo las maletas e irse de vacaciones a la estepa rusa. Y nosotros estuviéramos eligiendo entre Rubio, Bush, Cruz, Carson, y del lado demócrata a Jim Webb que me lucía una gran persona.

Postdata: Y a tantas personas que me preguntan constantemente por quién voy a votar en noviembre (como si mi voto fuera a cambiar algo) les respondo: Voy a votar por Donald Trump. Pero quiero explicarles mi voto en términos médicos: Para mí votar por Trump es exactamente igual a someterme a una desagradable colonoscopia para evitar en el futuro un cáncer nacional llamado Hillary.

 

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