NOBAMA, NOHILLARY, NOARCHICOFRADÍA

Hugo Byrne
hugojbyrne@aol.com

Mi voto nunca es en contra. Voto a favor de algo, o de alguien quien ostensiblemente comparta lo que pienso, o que se aproxime a ello más que el resto de los candidatos. Recuerdo con gran remordimiento una época de mi distante juventud, en la que creía firme y honestamente que no existía un posible gobierno para Cuba peor que el de Batista.

En enero del 59 empecé a dudar de esa opinión y para principios del año 60 entendí que quienes mandaban en Cuba entonces eran las verdaderas antípodas políticas y sociales de mis principios éticos. Esa realidad se hizo concreta durante una discusión en La Habana con un antiguo conocido de inconsecuentes tertulias juveniles.

El ignorante siempre trata de descalificar al oponente. Me dijo: hablas como un pequeño burgués. Le contesté que el único pequeño allí era él pues no levantaba ni tres cuartas del suelo. “¿Cómo puedo ser pequeño si para verte tengo que mirar hacia abajo?” Le dije que yo no era pequeño burgués, sino gran aristócrata.” Entonces dijo que no debía perder su tiempo hablando conmigo, se puso muy rojo y se largó. No le sirvieron para impresionarme el uniforme militar, los grados de teniente de milicias, ni la Makarov al cinto.

Hoy es el once de junio del 2016, por la tarde, en California. Voy a comentar las acciones recientes del Presidente Obama y de la antigua Secretaria de Estado Hillary R. Clinton. No los llamaré con los adjetivos que se han ganado. Me abstengo de ello aunque no para complacer a quien objete que los llame lo que son y tampoco porque esté amparado en la primera enmienda, sino porque en general la opinión ajena me tiene sin cuidado. Describo actos deleznables sin agregar adjetivos a los actores.

El Presidente Obama recién declaró su apoyo a la candidatura presidencial de Mrs. Clinton, quien simultáneamente está siendo objeto de una investigación criminal por el Buró Federal de Inteligencia, debido a una supuesta manipulación impropia de documentos clasificados. La jurisprudencia de aquí demanda que todo acusado se considere inocente mientras no se pruebe su culpabilidad por tribunales competentes.

Sucede sin embargo, que Clinton no ha sido acusada hasta ahora. Solamente está siendo investigada por un organismo del poder ejecutivo, cuya única función es esclarecer actividades criminales de personas o grupos que sean sospechosos de violar la ley o subvertir los intereses de esta república. En estas movidas nadie debe llamarse a engaño: tal acción por parte del Presidente es incuestionablemente impropia, e implica un conflicto de intereses.

En la mejor tradición de los Clinton, Obama pega el parche antes de que salga el roto. Su mensaje es inequívoco: la investigación terminará en nada, excepto en gasto inútil de nuestro erario, al que ya ha endeudado diez trillones de dólares adicionales en menos de ocho años. Se trata de una copia al carbón de lo que hizo Bill Clinton por su compinche Mark Rich, fugitivo de la justicia, quien afortunadamente ya las paga todas juntas en una de las hirvientes calderas de Satán.

Rich había sido acusado de obvias violaciones de las leyes del embargo a Irán, pero nunca fue apresado ni sometido a juicio. Era un fugitivo allende los mares, amparado por sus cómplices. No podía ser perdonado de un delito del que no había sido condenado, y del que nunca fue sometido a juicio. Por eso el tal “perdón” del Presidente Clinton a Rich no fue más que una orden ilegal de inmunidad, otorgada a un presunto delincuente en fuga. Obviamente una acción fuera de las potestades constitucionales del poder ejecutivo.

No voté por Obama en su elección del 2008 ni en su reelección del 2012. Voté por McCain y Romney respectivamente. No eran ellos mis candidatos preferidos, pero ninguno había experimentado con todo tipo de drogas ilegales, ni asociado públicamente con cobardes terroristas. Obama hizo todo eso y más por propia confesión, en su libro “Sueños de mi padre. Que tal sujeto haya sido electo presidente dos veces consecutivas no acredita mucha responsabilidad colectiva al presente electorado de los Estados Unidos.

Las familias de Obama y de la Secretaria Clinton, a pesar de todos los rumores de rivalidad y conflicto de personalidades entre esta última y la Primera Dama, tienen sólidos intereses comunes y estos no son solamente políticos. Tanto Obama como Clinton son al presente multimillonarios. Sus respectivas fortunas sin embargo, no se deben a labores profesionales ni comerciales: fueron amasadas durante su manipulación del poder político, o derivadas del mismo.

Por supuesto, en ello no estoy incluyendo los pagos a las periódicas conferencias del dúo Clinton, que aunque importantes al meteórico crecimiento de su considerable fortuna, son perfectamente legales y amparadas por la primera enmienda. El mismo estatuto del que algunos fingen ignorancia cuando se trata de defender a “Su Majestad el congo, amante del mondongo.”

El extraordinario comentarista sindicado Charles Krauthammer describe en un reciente artículo cómo funciona el súper negocio de la “Fundación Clinton”. Recomiendo a todos mis lectores los ensayos de Krauthammer, quien es aún más incisivo escribiendo que en sus famosos debates de “Special Report” o “No Spin Zone Factor” de “Fox News”.

El primer paso en el “business” de la llamada Fundación Clinton, dice Krauthammer, fue establecer una especie de sucursal de caridades en el vecino Canadá. Como desconozco el nombre de dicha entidad caritativa, para referirme a ella en este contexto la llamaré arbitrariamente Archicofradía de los Desamparados”.

Los “desamparados” no son otros que la Señora Clinton y su esposo Bill, quienes al abandonar la Casa Blanca en enero del 2001 se encontraban, según declaraciones a la prensa de Mrs. Clinton, en situación económica precaria: “It was tough”, enfatizó la ex Primera Dama. Puede que sea esa la razón de que se vieran en la necesidad de tomar “prestadas” algunas piezas del mobiliario, decoraciones, enseres domésticos y otros artefactos de la Casa Blanca, los cuales tuvieron que devolver. Todo parece indicar que los borrascosos horizontes económicos de los Clinton se esfumaron muy rápido, como por arte de magia.

De acuerdo a Krauthammer el “negocio de caridad” de Bill y Hillary funciona de esta manera: la “Archicofradía” en Canadá recibe contribuciones generosas de quien quiera hacerlo, incluso desde cualquier lugar del mundo, aunque se trate de altos representantes de estados abiertamente adversos a los intereses de Estados Unidos. Entonces la “Archicofradía” engloba diversas contribuciones en una, enviándola a la Fundación Clinton. Tanto la Fundación Clinton como la “Archicofradía” declaran que las leyes bancarias canadienses prohíben la identificación pública de los donantes: aquí paz y en el cielo gloria.

Por último un detalle muy revelador. Uno de los más importantes funcionarios de la “Archicofradía” es un señor llamado Frank Giustra, quien fue el artífice de la formación del Conglomerado “Uranium Ore One”. Esa compañía canadiense fue la misma que hizo una compra masiva de uranio en Estados Unidos, revendiendo el súper estratégico material a un negocio controlado por el estado ruso. La transacción original necesitó la venia de la Secretaría de Estado. El Presiente de Estados Unidos en esa oportunidad era Barack Hussein Obama y la Secretaria de Estado Mrs. Clinton. Ahora entendemos la necesidad de un “server” y un E-mail particulares.

¡Nobama, NoHillary, NoArchicofradía!

 

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