EL ABRAZO AÑORADO CON MI AMIGO BISCET.

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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La semana pasada tuve una experiencia que atesoraré por el resto de los días que el Todopoderoso me permita seguir entre los vivos. Me encontré en persona con un amigo a quien ya conocía y con quien había coincidido en ideología, principios y esperanzas durante más de una década de comunicarnos todas las semanas a través del teléfono y de los correos electrónicos. Comunicaciones incómodas porque ambos sabíamos que los servicios de espionaje de la tiranía estaban grabando todo lo que nos decíamos. Muchos de quienes leen con frecuencia mis artículos saben que ese amigo es el Dr. Oscar Elías Biscet y González, presidente de la Fundación Lawton de Derechos Humanos y del Proyecto Emilia al que me honro en pertenecer como representante del Partido Nacionalista Democrático de Cuba.

Con mi cautela característica le extendí la mano y Biscet me haló hacia él, me dio un fuerte abrazo y me dijo; "Así no se encuentran los hermanos después de esperar tantos años por este momento" . Yo le dije que había llegado a temer que dicho momento jamás se produjera porque mi recorrido por la Tierra ya va siendo largo y él se juega literalmente la vida todos los días cada vez que sale a la calle en esa Habana aterrorizada por la mafia castrista. Con la tranquilidad de los hombre de fe y el optimismo de los iluminados por una causa que consideran superior a sí mismos me contestó que este encuentro era sólo el principio. Que todavía nos queda el largo camino de reconstruir una Cuba soberana, libre, justa y próspera como la que soñaron nuestros mártires y libertadores.

Fíjense bien en esos cuatro adjetivos que no son fuegos artificiales sino pilares de la nueva nación cubana que Biscet se propone construir con la ayuda de todos los cubanos amantes de la libertad y dispuestos a servir a la patria. Una Cuba soberana que no pida limosna ni acepte injerencia de nación alguna. Una Cuba libre donde cada ciudadano sea dueño de su propio destino. Una Cuba justa donde la justicia sea aplicada sin venganzas pero sin excepciones. Y una Cuba próspera donde el gobierno no mantenga parásitos pero cree las condiciones y ofrezca la asistencia para que cada ciudadano sea el arquitecto de su prosperidad personal. Fórmula aparentemente simple pero que tomará tiempo y será difícil de poner en práctica en un pueblo al que han acostumbrado a renunciar a la libertad a cambio de migajas de la tiranía.

Pero como todas las historias tienen su comienzo voy a empezar por el principio. Y ese principio fue la erupción del volcán que fue el "Maleconazo" de aquel 5 de agosto de 1994. La misma fue motivada por una multitud, mayoritariamente formada por negros y mulatos, gritando ¡Abajo Fidel! y ¡Abajo la dictadura! Algunos de los que vivieron aquellos momentos coinciden en que el levantamiento sólo quería provocar un éxodo masivo como el de 1980, y no derrocar al régimen. Fue solo la expresión de la frustración de un pueblo desesperado que ya no aguantaba más abusos y miseria. Pero no fue un plan preconcebido con un líder que señalara el camino. Por eso fracasó.

Sin embargo, en medio de aquella multitud desorientada fue tomada la foto histórica de Biscet levantando el brazo y gritando: "Vivan los derechos humanos". La imagen recorrió el mundo, llegó hasta mi televisor y fue el inicio de mi admiración por el Dr. Oscar Elías Biscet. Me pareció entonces y estoy convencido ahora de que es un hombre con los principios, la formación, el carisma y el coraje para convertir en cruzada de libertad las frustraciones, las ansiedades y las esperanzas del pueblo cubano. Pero debieron pasar algunos años antes de que yo actuara sobre aquella premonición.

A mediados del año 2003, varios cubanos preocupados por la libertad de nuestra patria decidimos fundar en Miami el Partido Nacionalista Democrático de Cuba con el fin de proporcionar apoyo a miembros de la oposición interna. En abril del 2005, se acordó crear el galardón de Paladín de la Libertad para reconocer y proporcionar ayuda a aquellas figuras más destacadas dentro de la oposición. Nuestro primer galardonado fue el Dr. Biscet y después de él una decena de opositores con muchos de los cuales ya no mantengo contacto. Realizamos en total cinco actos de Paladines de la Libertad de los cuales nos sentimos extremadamente orgullosos.

Pero, entre todos los premiados, el que pasó de ser Paladín de la Libertad del partido a mi amigo personal y aliado en esta gloriosa epopeya por nuestra libertad fue el Dr. Oscar Elías Biscet. Es cierto que en el plazo de los once años transcurridos desde el 2005 hasta el día de hoy hemos coincidido en la mayoría de los temas y las metas, pero que también hemos discrepado. Ahora bien, es más cierto todavía que siempre lo hemos hecho con el respeto y la moderación de quienes se saben parte de una causa superior a ellos mismos. Y esa es la libertad de Cuba según la contempla Biscet y la he descrito yo en los párrafos anteriores.

Como la mayoría de los cubanos, Biscet defiende sus opiniones con vehemencia pero, a diferencia de esa mayoría, es un hombre que sabe escuchar. Una cualidad muy rara entre los líderes que nos gastamos en los pueblos de la América Hispana. Tiene además otras cualidades que lo hacen un cubano verdaderamente excepcional. A pesar de que las busqué con la suspicacia que dan los años, no pude encontrar en su mirada un ápice de arrogancia ni un adarme de soberbia, esos dos males que tanto aquejan a nuestros líderes. Por el contrario, fui testigo privilegiado y me sentí cautivado por su despliegue de la más absoluta humildad.

Ahora bien, aunque debo dar crédito a los padres que lo criaron, atribuyo dichas cualidades a una acendrada fe en la protección de Dios (el "Dios Bíblico" del que habla con frecuencia como hombre de religión bautista) y a la providencia de ese Ser Supremo. Por eso reta sin miedo a las hienas que martirizan y devoran a la Cuba de sus amores.

Por otra parte, su fe esta matizada de un absoluto respeto por la religión que profesan otros de sus compatriotas. Un Paladín de la Libertad como Biscet, jamás podría negar libertad religiosa a sus conciudadanos, ni siquiera la libertad de declararse agnósticos o ateos. Todo esto además en concordancia con las cláusulas de la constitución de 1940, ordenamiento jurídico que él vislumbra como patrón para una futura constitución. Biscet es un convencido de la necesidad de la separación absoluta de las iglesias y el estado.

Quiero cerrar mencionando su encuentro privado con una veintena de miembros del Partido Nacionalista Democrático y del Partido Unión por Cuba Libre que residimos en Miami. Durante más de dos horas y como en familia nos refrescó los puntos fundamentales del Proyecto Emilia, un documento claro, breve y directo de sus planes para la libertad y cuyo enlace les incluyo a continuación:

http://www.cubalibreconemilia.org/index.html

Más adelante nos arengó a la lucha, nos describió su vida bajo la tiranía y contestó todas nuestras preguntas. Pero el punto que me causó mayor impacto fue su clasificación brillante de la actual oposición cubana. Nos dijo que había muchos grupos opositores pero sólo dos vertientes. La mayoritaria, que está dispuesta a aceptar un cambio a cualquier precio y de cualquier manera. Y la minoritaria, que no acepta otro cambio que la salida inmediata de los tiranos y el restablecimiento absoluto del estado de derecho. En la última militamos el Dr. Biscet y quienes lo acompañamos en el Proyecto Emilia. Robándole un término a mi amigo médico, cualquier otra cosa sería una componenda condenada al fracaso y como poner paños tibios a lo que demanda una cirugía mayor.

6-1-2016

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