OSCAR ELÍAS BISCET: “LA LIBERTAD NO ES UN TEMA POLÍTICO, SINO MORAL”

Iliana Lavastida, Jesús Hernández, Luis Leonel León

Diario Las Américas

(5-28-16)

El opositor y expreso político cubano Oscar Elías Biscet afirma en exclusiva para DIARIO LAS AMÉRICAS que le gustaría volver a ejercer como médico en una Cuba libre. "Incluso, cuando haya libertad, quizás pueda ser mucho mejor de lo que era antes".

Oscar Elías Biscet tiene el poder de la palabra. Posiblemente esa sea la característica de su personalidad que más ha temido el régimen de La Habana. El médico y disidente cubano ha enfrentado años de prisión, golpizas y presiones para que salga al exilio, pero no ha cedido y lo ha hecho con aplomo, como respondió a todas las preguntas durante su visita a la redacción de DIARIO LAS AMÉRICAS.

Posiblemente esa serenidad con que defiende sus convicciones es otra de las características de su personalidad que le debe quitar el sueño al longevo gobernante cubano. Un hombre culto, de mediana edad, doctor en Medicina, desafiando abiertamente a un régimen totalitario desde el corazón de una barriada humilde de La Habana debe ser una pesadilla para un anciano general con las riendas de toda una nación.

“No puedo dar la espalda a quienes viven esclavizados en Cuba”, asegura Biscet y añade: “Estoy orgulloso de todo lo que he hecho, incluyendo los años de cárcel por defender mis ideas”. Sí, definitivamente este doctor, a quien finalmente el régimen ha permitido viajar al exterior, debe ser un dolor de cabeza para el que “los estalinistas tropicales” no tienen una cura.

¿Por qué cree que el régimen cubano le permitió salir al exterior después de 5 años de que le otorgaron la libertad extrapenal?

Se están tratando de disfrazar de un régimen que está haciendo aperturas. Quieren lograr financiamiento de los Estados Unidos, así como tuvieron la manutención de la [extinta] Unión Soviética, durante más de treinta años. Quieren lograr de EEUU el apoyo económico que están perdiendo con el fracaso de Venezuela. Tienen que fingir que se están haciendo aperturas. Dejarnos viajar es un modo de mostrar que sí van a hacer cambios pero en realidad todo es falsedad porque no hay libertad de viaje, mantienen el control de quién sale y quién entra al país. Controlan incluso los viajes internos dentro del país, para sacar un pasaje [entre provincias], hay que entregar el carnet de identidad. Si vas a tener de visita a un familiar más de tres días, también hay que informarlo a los Comités de Defensa que trabajan con la Policía Política, son los que informan de lo que ocurre en cada casa y cada lugar. Prohibir la libertad de movimiento es una de las violaciones de derechos que se cometen en Cuba. Lo vi estando detenido en los cuarteles de policía, vi como deportaban de la capital a las personas de las provincias orientales. Ese derecho tan mínimo, se viola. Imagínese lo que sucede con el derecho a expresarse, reunirse.

¿Cómo evalúa el hecho de que la disidencia cubana pueda viajar?

Viajar al exterior puede consolidar el pensamiento de cada activista tanto en el tema de los derechos humanos como en política. En mi caso particular, aunque no me gusta mucho hacerlo, este viaje tiene un propósito político para visitar amigos que están relacionados conmigo en el mismo objetivo de libertad para nuestra patria. Para el Gobierno constituye una debilidad permitir que las fuerzas democráticas viajen, porque se adquiere cultura y se puede comprobar mucho de lo que uno conoce sólo a través de lecturas. Es un enriquecimiento para el espíritu democrático que las personas puedan viajar. Para mí ha sido una gran felicidad poder abrazar a los amigos que siempre me han apoyado durante muchos años, considero una bendición poder estrechar la mano de muchas personas que han hecho mucho por la libertad de mi pueblo.

¿Qué ha sido Miami para su lucha personal?

Miami para mí es otra Cuba. Al llegar he visto la gran diferencia entre mi ciudad, La Habana, y Miami de tipo estructural, pero de tipo espiritual, los cubanos de aquí y los de allá nos parecemos todos, en las costumbres, las formas de manifestarnos. Todo esto me hace feliz, porque aquí han adquirido el modo de vida americano, pero han mantenido vivas las ideas de cubanía. Puedo decir que Miami es mi segundo pueblo, sin descontar el resto de las ciudades de Cuba. Aquí me siento en una ciudad un poco más al norte de Cuba.

¿Cuál fue su peor momento en la cárcel?

La cárcel siempre fue dura. El régimen no reconoce a los prisioneros políticos. Por ejemplo, mi causa fue de conciencia porque apoyé el derecho a la vida y me opuse a la pena de muerte, sin embargo, ellos me condenaron por incitación a delinquir y escándalo público. Por manifestar mis derechos en la calle me golpearon, en una ocasión me fracturaron un pie, en otra me quemaron con un cigarro en un cuartel de policía. En un régimen tiránico un opositor puede perder hasta la vida y eso no es lo peor, porque uno puede quedar vivo y con lesiones traumáticas.

Fidel Castro dijo que yo era un enfermo mental porque protestaba en favor de la vida. Hizo tanta presión para que me volviera un enfermo mental que en la cárcel me aplicaron todo tipo de torturas para desacreditar mi personalidad. Gracias a Dios pude resistir y hoy estoy aquí con ustedes saludable, dispuesto para regresar a mi país y seguir nuestra lucha para alcanzar la democracia y la libertad.

Una de las torturas que me aplicaron fue tratar de ponerme en la mente que podía morir en cualquier momento. Me ponían en la celda junto con asesinos acabados de cometer un crimen. En varias ocasiones me pusieron junto a enfermos mentales a los que dejaron de darles medicamentos durante días. Por suerte mis conocimientos de medicina sirvieron hasta para poder ayudar a esas mismas personas.

Al conocer mi trayectoria en la cárcel, algunas de las personas que cumplían por delitos comunes terminaron ofreciéndome su apoyo. En una ocasión en una prisión de Pinar de Río los presos impidieron que otro grupo de reclusos, instigado por la Policía Política, me dieran una golpiza.

El prestigio que gané en la cárcel lo obtuve porque siempre estuve en resistencia y desobediencia civil, desde el primer día que entré hasta que salí, nunca me dejé poner la ropa de preso, me la ponían a la fuerza y yo me la quitaba, tampoco nunca me levanté para el conteo de los presos en forma de protesta.

¿Por qué una persona como usted, formado en aquel sistema, decide oponerse e incluso enfrentar la muerte?

Todo fue por un problema de conciencia. Estudié en escuelas públicas, como cualquier cubano sencillo, bajo total adoctrinamiento donde buscan despersonalizar al individuo, pero a partir de las historias de otros que uno escucha, se da un despertar hacia la verdad.

En mi caso particular, estudié en una escuela militar vocacional, la Camilo Cienfuegos, donde había hijos de personas con responsabilidades y cargos en el Gobierno y por ellos supe que Cuba tenía un ejército invasor, con soldados y oficiales que enviaban a Angola y a países de Centroamérica como Nicaragua y el Salvador.

A partir de entonces, desde que tenía entre 16 y 18 años comencé a disentir. Fue un proceso paulatino con lecturas y enriquecimiento espiritual, hasta que llegué a convertirme en lo que soy.

La caída de la Unión Soviética y del campo socialista dejó una gran huella en los cubanos. A partir de entonces cobró fuerza la lucha por los derechos humanos que hoy en día es indetenible. Por eso en estos momentos el régimen totalitarista no puede derrocar a la oposición porque es un movimiento sólido con criterios y objetivos políticos definidos.

¿Cómo afecta a la oposición interna el acercamiento entre EEUU y Cuba?

A mí no me tomó de sorpresa porque desde que Barack Obama era senador fue partidario de las relaciones con el régimen de los Castro. Para establecer esta relación la administración estadounidense ha tenido que violar la ley Helms-Burton. Uno de los artículos de esa ley establece que para tener relaciones con el régimen de los Castro tiene que haber pasos hacia la democracia.

EEUU hasta el momento en que se anuncia el acercamiento ofrecía un gran respaldo a la causa de la libertad en Cuba, era el amigo. Después que se inicia el diálogo entre los dos gobiernos, algunas personas se han sentido desamparadas, en mi caso particular siempre he sido del criterio de crear una fuerza interna, independientemente de que cualquier Gobierno extranjero se solidarice con nosotros. Pensamos que todo el que crea en las libertades esenciales debe apoyar nuestra causa, pero no es una obligación.

Que Obama haya entrado en contubernio con los Castro debilita el espíritu democrático de EEUU ante el mundo y también para los cubanos porque en Cuba hay un despertar intelectual más allá de las necesidades económicas.

El abrazo de Obama con un tirano muchos lo ven como que EEUU desamparó a un pueblo que busca libertad.

Algo que llama la atención de lo que estamos viviendo es que antes en Cuba a quienes portaran una bandera americana les negaban hasta la atención en los hospitales, los mandaban a la cárcel, sin embargo, ahora la bandera americana está en todas partes.

¿Qué posibilidades reales existen de que la oposición interna deje a un lado diferencias políticas y personales para crear un cónclave nacional y hacerle frente a la situación actual de Cuba?

Esa fuerza nacional existe, pero con dos grandes ideas: los que quieren diálogo con el Gobierno y los que quieren un cambio profundo desde la base hasta la superestructura, en este caso estamos los que respaldamos el proyecto Emilia.

La oposición está muy bien organizada, sabe lo que quiere, los planes que tiene y no afecta nada que existan estos dos grupos tan distantes en el modo de ver cómo tomar las acciones para el cambio porque la mayoría lo que quiere realmente es la libertad para Cuba. Desde el punto de vista intelectual, estamos unidos. Existen muchos grupos, pero estamos unidos en un mismo propósito.

¿Cree que bajo un régimen dictatorial el método de lucha pacífica que usted practica puede alcanzar resultados concretos?

Aplicamos el método de la lucha cívica no violenta o desobediencia civil, que muchas personas han hecho a través de épocas pasadas. Nosotros la definimos como resistencia activa no violenta. En la India, por ejemplo, se logró la independencia a través de este método, incluso la propia caída del comunismo se debió a la lucha no violenta. Pensamos que a través de esta lucha podemos lograr nuestro objetivo de cambio para el pueblo cubano, específicamente en el campo político que es donde la tenemos conceptualizada. Comenzamos siendo un pequeño grupo que se ha ido extendiendo. El proyecto Emilia que pide la desintegración de la dictadura ya ha logrado un poco más de 3.000 firmas de quienes han dado su nombre y dirección y número de identidad, afirmando que quieren desintegrar a la dictadura. Hay sólo dos métodos para derrocar una dictadura, el militar, y la resistencia activa no violenta. Pensamos en este último porque evita el derramamiento de sangre y tiene menos costos, que permitirá cuando triunfemos, instaurar el amor al prójimo y acabar con el odio que este régimen ha exacerbado para crear dificultades hacia la libertad. Estamos convencidos de que una multitud de pueblo en las calles puede ponerle fin a la dictadura.

¿Cuál es el principal cambio que ha observado la psiquis del cubano en los últimos años?

Económicamente en Cuba no ha habido grandes cambios a pesar de las facilidades para que algunos tengan sus pequeños negocios. Algunos teóricos pensaban que con estos pequeños cambios iba a haber mejoras. Siempre he creído que por alcanzar ciertas libertades económicas no se llega a libertades políticas. China es un ejemplo. En mi opinión, cuando se conquistan las libertades civiles y políticas es que podemos llegar a la económica.

En el caso de Cuba, lo que ha habido es un despertar en el pueblo que como todos sabemos en los inicios de la llamada revolución, fue engañado por un grupo.

Ese grupo que tomó el poder ha implantado un régimen de terror de estado por decenas de años, de lo cual es difícil liberarse. Pero sí ha habido cambios que permiten observar el final de la dictadura. En 2015 por ejemplo, se fueron de forma ilegal del país 43.000 personas, eso constituye un voto en contra del Gobierno. Nuestro objetivo es llamar a esos jóvenes a quedarse para construir una Cuba nueva, desde el punto de vista económico. Cuando tengamos libertad, lograríamos en unos diez años la recuperación moral del país; quizás tome más tiempo. Pero en la actualidad sí hay un espíritu de cambio en el pueblo cubano.

¿Cómo se ve el doctor Oscar Elías Biscet en una Cuba futura, volvería a ser médico?

Desearía volver a las personas después de haber curado a la sociedad. Desde ahora muchas personas me están pidiendo que elabore una plataforma para ese futuro de libertad.

En una democracia pienso que me permitan volver a ejercer. Sigo leyendo, pero tengo que prepararme nuevamente porque tengo muchos años fuera de la rama de la salud. En cualquier cosa que tenga que trabajar en un futuro, voy a tratar de hacerlo de la mejor manera posible.

¿Qué se lleva de su visita a Miami?

En los pocos días que llevo aquí y lo que he podido ver en Miami digo que es lo que lo que quisiera para mi país, que haya prosperidad, que la gente pueda tener lo que sea capaz de obtener por su capacidad. Aquí los cubanos han desarrollado su capacidad intelectual, hay cubanos con grandes recursos, que se han convertido en millonarios. Por eso digo que en Cuba cuando haya libertad, el cambio va a ser rápido porque el cubano es muy emprendedor y a pesar del adoctrinamiento, cuando hay oportunidades, la gente de desarrolla.

Los cubanos de aquí y los de allá tenemos que estar en interacción. Cuando haya libertad, los cubanos donde quiera que estén, podrán participar en las elecciones de su país.

En lo personal, por todo el pensamiento que he desarrollado, me cuesta trabajo dejar detrás a mi pueblo en la pobreza de la esclavitud, porque el hambre más grande que hay en Cuba es la falta de libertad.

¿De qué manera los cubanos de Miami pueden ayudar a su país en este momento y en los que se avecina?

Si no fuera por los cubanos del exilio, por los desterrados, posiblemente hace rato a mí me hubiesen aniquilado. Gracias a muchas personas de aquí del exilio que se acercaron a mi esposa y nos ayudaron, pude salir con vida de la cárcel. El exilio es un baluarte de firmeza y nuestro pueblo un ejemplo de resistencia contra la tiranía, por eso siempre he estado muy orgulloso del pueblo cubano aunque la dictadura trata de minimizar el valor de las personas para que haya quienes crean que no vale la pena luchar por liberar a ese pueblo y se pierda el espíritu de lucha. El pueblo ha estado subyugado por el férreo control que va desde el pan hasta los movimientos individuales, pero estamos muy cerca de la libertad.

¿Usted y su familia han pagado un altísimo precio por la libertad, ha valido la pena su esfuerzo?

La libertad, no es un problema político, es un problema moral y cuando se afecta la moral, se afecta la personalidad y el individuo. Eso trae un trastorno tan profundo en la sociedad que el país se convierte en el desastre en que hemos caído bajo la dictadura totalitaria de los Castro. Me siento bien de todo lo que he hecho y no me arrepiento de nada porque no se trata de un interés personal, sino de poder formar esa sociedad democrática y libre que queremos en Cuba. Eso me hace sentir feliz, realizado y saber que puedo ser una mejor persona. Incluso, cuando haya libertad, quizás pueda ser mucho mejor de lo que era antes.

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