OBAMA Y SU "WELFARE PRESIDENCIAL".

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Este Obama podrá adolecer de muchas limitaciones como servidor público pero es un experto en el arte de servirse a sí mismo y saber arrimarse al árbol que da la mejor sombra

Cuando ya pensábamos que habíamos sido testigos de todos los oportunismos, las arrogancias y los descaros de Barack Obama nos llega la noticia de la última osadía de este consumado farsante. El hombre que hizo campaña y entró a la Casa Blanca haciendo alarde de sus limitados ingresos previos a su elección como presidente propone ahora un aumento del 18 por ciento en la compensación y los gastos de representación de los ex presidentes. Todo indica que, tal como dijo durante su campaña a "Joe the Plumber", está aplicando a sí mismo el razonamiento de que el ingreso nacional debe de ser redistribuido entre los ciudadanos que, aunque son incapaces de producir riqueza, se sienten con derecho a ser mantenidos por el estado.

El socialista Obama se considera víctima del capitalismo norteamericano y aun después de dejar la Casa Blanca sigue empeñado en destruirlo aumentando la deuda nacional a niveles desconocidos hasta este momento. Una versión de "welfare multimillonario" para ex presidentes. Todo esto indica que el hombre que según el New York Times ganó 35,000 en 1988 como organizador comunitario se propone vivir en la opulencia el resto de sus días a costa de los impuestos que pagamos los ciudadanos productores de riqueza.

Ahora bien, este Obama podrá adolecer de muchas limitaciones como servidor público pero es un experto en el arte de servirse a sí mismo y saber arrimarse al árbol que da la mejor sombra. Lo hizo aún antes de ser presidente cuando se casó con una bien remunerada abogada llamada Michelle Robinson. Una mujer bien conectada con la maquinaria política creada en Chicago por el difunto Richard Daley, el hombre que en las elecciones generales de 1960 le vendió los votos a Joe Kennedy para elegir presidente a su hijo John. Para el 2005, año en que Obama tomó posesión como senador federal, el matrimonio de Barack y Michelle declaró un ingreso anual combinado de $479,062.00, a cuya suma Barack aportó solamente $162,100.00 por su cargo en el Senado. No en balde algunos dicen que, por aquello de que el que paga manda, en ese matrimonio, Michelle siempre ha llevado los pantalones.

Para el 2007, la balanza se había inclinado en la dirección de Barack cuando el matrimonio declaró ingresos de $4.2 millones gracias a la venta de "Dreams of my Father". Un mamotreto donde mintió, alteró hechos y renegó de su herencia blanca para idolatrar a un padre negro que lo abandonó en la niñez y al que vio solamente una vez en su vida cuando tenía 10 años de edad. Ya fuera por conexión emocional, preferencia cultural o conveniencia política, el mestizo Barack se declaró portador de una herencia negra que le ha servido bien para neutralizar a sus críticos calificándolos de racistas. Yo digo, en ese mismo sentido, que un Obama blanco habría sido sometido a juicio político (impeachment ante el senado) por sus flagrantes violaciones de la constitución norteamericana.

Volvamos, sin embargo, al tema central de este trabajo. El presupuesto enviado al Capitolio por la Casa Blanca para el año 2017 propone $3,870,000.00 anuales en beneficios para los ex presidentes y sus esposas, un aumento del 18 por ciento sobre el año anterior. Ese dinero cubriría gastos variados como pensión, seguro de salud, viajes, alquiler de oficinas, gastos de correos, salarios de secretarias y hasta papel de impresión. Todo ello para facilitar la transición del mandatario a la vida privada. Pero, en una época en que los ex presidentes reciben pagos de hasta seis cifras por conferencias y comparecencias, el Congreso Federal no se muestra inclinado a aprobar este tipo de "welfare presidencial' propuesto por Obama. De hecho, los legisladores han anunciado que la remuneración a los ex presidentes andará alrededor de los dos millones de dólares anuales. Otro de los librejos de Obama fue titulado "La audacia de la esperanza". Yo digo que esta descarada iniciativa merece un libro titulado "La audacia de la avaricia".

Para poner esto en un contexto en que todos podamos entenderlo tengamos en cuenta la cantidad anual solicitada por Obama y multipliquémosla por su esperanza de vida. Si redondeamos la cifra a 4 millones de dólares anuales y limitamos su esperanza de vida a 30 años, el Mesías le costará a los contribuyentes norteamericanos más de 120 millones de dólares, aún en el caso improbable de que el retiro presidencial no sea aumentado durante todo ese tiempo. Una cantidad exorbitante para compensar a un hombre con su deplorable desempeño como presidente.

Y si queremos ver con más claridad esta "audacia del descaro" del señor Obama sólo que tenemos que visitar las situaciones por las que atravesaron otros presidentes. Hombres que si fueron a servir a sus conciudadanos en vez de a servirse ellos de la credulidad o la indiferencia de las mayorías que votaron por ellos. En 1816, James Monroe se vio obligado a financiar con su propio dinero muchas de sus obligaciones primero como embajador y después como presidente. Cuando trató de ser compensado por sus gastos se encontró con un congreso renuente a sus peticiones y que accedió a las mismas después de muchos años de regateo. En 1884, Ulises S. Grant, un hombre que siempre confrontó problemas económicos, dictó un libro sobre su vida en medio de un cáncer de garganta para dejar una herencia a una familia que estaba en la pobreza después de su presidencia.

Sin embargo, la figura más representativa del servicio público en superlativo fue el presidente Harry S. Truman. La mejor medida de su estatura, de sus principios y del legado de civismo y servicio a sus conciudadanos fue la forma en que se comportó cuando abandonó la Casa Blanca. La única propiedad que tenía cuando falleció era la casa en la cual vivía, que se hallaba en la localidad de Independence, Missouri. Su esposa la había heredado de sus padres y, aparte de los años que pasaron en la Casa Blanca , fue donde vivieron durante toda la vida.

Pero Truman fue más allá. Cuando se retiró de la vida oficial en 1952, todos sus ingresos consistían en una pensión del Ejército de $13.507 al año. Al enterarse el Congreso de que se pagaba sus sellos de correo, le otorgó un complemento y, más tarde, una pensión retroactiva de $25,000 por año. Llegó incluso a hacer algo que sería impensable en estos tiempos de frivolidad y materialismo. Cuando el 6 de Mayo de 1971 el Congreso estaba preparándose para otorgarle la Medalla de Honor en su 87 cumpleaños, rehusó aceptarla, escribiéndoles: "No considero que haya hecho nada para merecer ese reconocimiento, ya venga del Congreso o de cualquier otro sitio."

¡Qué contraste tan extraordinario entre la humildad de Truman y la arrogancia de Obama, entre la integridad de Truman y la avaricia de Obama, entre el orgullo patriótico de Truman y la conducta apátrida de Obama, entre los pantalones de Truman confrontando enemigos y las pantaletas de Obama apaciguando terroristas! Contraste más que suficiente para desanimar a los más optimistas y debilitar a los más fuertes. Yo, sin embargo, sin pretender estar entre unos u otros, me niego a darme por vencido. Me lo exigen el respeto a mí mismo y la conciencia de que un final digno tiene que ser la última nota de la sinfonía de una vida de sacrificio y servicio. Yo tengo la idea de que la he vivido.

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