FALSAS PROMESAS ELECTORALES

Por Hugo J. Byrne

Hace pocos días uno de mis lectores en el net me envió una breve lista de aquellas medidas que considera beneficiosas en la agenda política que su candidato presidencial promete. No deseo debatir los posibles méritos de su candidato o su habilidad para poder implementarlas. Eso ya lo hice en otros trabajos. Ahora sólo analizo la posibilidad física de cumplirlos cuando se confrontan con la realidad.

1. Construir una muralla en la frontera de E.U. con Méjico.

2. Deportar a los emigrantes ilegales.

3. Impedir que los “globalistas apátridas”, en su afán de obtener mayores ganancias, sigan llevándose las factorías norteamericanas para otros países aumentando el desempleo entre los ciudadanos norteamericanos.

4. Intentar traer nuevamente al País (para recuperar empleos) las factorías que los “globalistas apátridas” nos han “enajenado”.

5. Restringir la entrada de musulmanes a E.U. y vigilar sus actividades para prevenir sus actos terroristas.

La virtual invasión a través de la frontera mejicana de extranjeros carentes de visa, o su permanencia en territorio americano después de cesar su visado, es una violación a la soberanía nacional y a las leyes vigentes de este país. Fin de ese debate.

En la comisión de esas violaciones a la ley, sin embargo, participan muchísimos ciudadanos y residentes legales de los Estados Unidos. Son cómplices de dichas faltas y, si somos realmente serios en nuestro reclamo a la legalidad, debían ser igualmente procesados. Eso incluiría clérigos, activistas, funcionarios públicos, miembros de asambleas municipales, alcaldes, congresistas, senadores y hasta el actual Presidente de los Estados Unidos.

Por supuesto, nadie en su sano juicio espera que eso ocurra. Los ilegales se cuentan por varios millones (quizás 12) y sus cómplices adultos puede que tripliquen ese número. Construir una pared en la frontera con Méjico es bien factible, sin entrar en debates bizantinos sobre quién la va a financiar. Sin embargo, continuamente las autoridades fronterizas descubren túneles sofisticados por debajo de las presentes barreras. Túneles con la capacidad de traer contrabando por miles de libras y más que suficientes para infiltrar una masiva emigración clandestina. El capo de drogas “Chapo” Guzmán, demostró prácticamente las habilidades de topo entre esa gentuza.

La pared no impedirá que quienes arriban por vía aérea y con visado turístico permanezcan en nuestro territorio con una visa expirada. Ese creciente grupo de inmigrantes ilegales ni siquiera es hispano ni “latino”, sino mayormente asiático.

No existe forma humana de poner nuestra casa en orden económico sin una iniciativa seria para reducir los egresos. De nada sirven las promesas de un gobierno más eficiente si no incluyen la reducción real de la propia administración. Cuando se afirma que la eficiencia es la única clave de todo, se nos está tomando el pelo.

El éxodo de negocios al extranjero de las empresas de manufactura o tecnología no refleja una desmedida ambición de lucro de “globalistas apátridas”. Parece que los años bajo el colectivismo castrista nos afectaron sicológicamente y persiste en muchos de nosotros la noción de que las ganancias en transacciones comerciales legítimas son obscenas o faltas de ética. O que los negocios son entidades abstractas que pueden siempre plegarse voluntariamente a lo que el estado o la mayoría del público dispongan, aunque esto redunde en desaparición de mercados y consecuente pérdida de empleos.

En suma, parecen creer que proteccionismo y nacionalismo sean la misma cosa. Se han desarrollado incluso neologismos en varios idiomas cómo “outsorcing” y “globalismo”, identificando esas actividades como algo nuevo y nefasto. Quienes llegaran al tercer año de bachillerato en Cuba quizás recuerden en el libro de texto de Economía Política un capítulo llamado “interdependencia económica”. En él se describía el tema muy claramente.

De acuerdo al diccionario castellano “enajenar” es “Pasar o transmitir a alguien el dominio de algo, o algún otro derecho sobre ello”. Los consorcios que decidieron mudar sus centros de trabajo allende los mares no nos enajenaban nada. Simplemente ejercitaban sus derechos soberanos sobre sus capitales de acuerdo a la ley.

Lo que sí es eminentemente obsceno es el estrangulamiento a los negocios, grandes o chicos, por parte de Washington, causando el éxodo de los mismos del territorio americano. Abrir o mantener un negocio cualquiera, grande o chico, está resultando casi imposible en Estados Unidos debido a impuestos incosteables y regulaciones absurdas. Los llamados “liberales” (no sé por qué razón los llaman así) aparentan creer que los déficits presupuestarios pueden mantenerse indefinidamente y que el 47% de la población que recibe beneficios del estado sin pagar impuestos, sea algo aceptable y normal. Los votantes concurren. Es tan sencillo como eso.

Nada de lo descrito es normal ni aceptable y muchísimo menos ético. Ese es precisamente el motivo fundamental de nuestra declinación como país, la que parece importar un comino a la actual mayoría votante. Esa proclividad de la mayoría está descrita detalladamente en un artículo formidable del Rabino Steven Pruzansky, de Teaneck, New Jersey.

El artículo me llegó vía internet y se refiere a la muy probable elección presidencial de Hillary Clinton el próximo noviembre, describiendo las razones poderosas de esa su muy sombría predicción. No puedo reproducir en su totalidad el ensayo por sus vastas proporciones, pero traduzco parte de su contenido.

“La forma más caritativa de explicar los resultados de las elecciones del 2012 es que los americanos votaron por el status quo; la reelección del presidente y un congreso dividido.

“Romney no perdió a causa del ciclón “Sandy”, ni porque su campaña fuera pobre, ni porque los republicanos pudieron llevar un candidato mejor. Tampoco perdió porque Obama se beneficiara de una insignificante mejoría temporal en el ciclo económico.

Romney perdió porque no recibió suficientes votos para ganar. Eso podrá lucir obvio, aunque las razones no sean tan obvias. Romney perdió porque las tradicionales virtudes conservadoras, como la libertad, el trabajo duro, la empresa e iniciativa libre y la aspiración a la grandeza moral, ya no inspira ni anima a la mayoría del electorado.

La más simple razón por la que Romney perdió es que es imposible competir contra lo que se obtiene de gratis.

“Casi la mitad de la población no tiene gallo en esta pelea: no les importa que los impuestos sean altos, que se promuevan los negocios o que se creen más empleos, ni que el dinero que reciben de gratis se tome prestado de sus hijos…”

“Para los judíos, en su mayoría asimilados en ello y firmes votantes demócratas, el liberalismo es su Torah: Un 70% votó por Obama, a expensas del futuro de América y de Israel, prefiriendo a Obama sobre Netanyahu por amplio margen.

“Es inconcebible que un candidato conservador triunfe contra tan abrumador oponente.

“Eso genera la otra razón por la que Romney perdió: la conclusión inescapable de que el electorado es ignorante y está mal informado. Incluso que no paga estar informado adecuadamente si la clara mayoría es limitada y fácilmente impresionable por emociones y populismo crudo.

“Esta elección probará que la América de antaño desapareció. Y que, tristemente para el mundo, no regresa.

Yo agregaría que de otra manera un sujeto tal como Bernie Sanders, quien nunca en su vida trabajara por un día para ganarse el sustento, sea candidato a la presidencia con gran apoyo de un sector considerable de votantes. O que una evidente bandida hipócrita y demagoga, esté en los mismos trotes. O que…

Por último, la ingrata situación demuestra una vez más la imperiosa necesidad de un milagroso renacimiento intelectual.

 

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