LA BATALLA DE CALIFORNIA DEFINIRÁ LA GUERRA DE LA CONVENCIÓN.

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Si se cumplen estos vaticinios, Trump llegará a California con 1096 delegados (844 que tiene hoy más los 252 ya mencionados). Para lograr la cifra mágica de 1237 antes de la convención de Cleveland el 18 de julio tendrá que ganar 141(80 por ciento) de los 172 delegados del estado.

Estas primarias republicanas son las más contenciosas y divisivas de las que he sido testigo en los 56 años que llevo viviendo en los Estados Unidos. Numerosos analistas y expertos vaticinan que herirán de muerte al Partido Republicano. Para esos expertos el antagonismo entre los dos candidatos punteros, Trump y Cruz, es de tales proporciones e intensidad que no queda espacio para la reconciliación. Ni siquiera para una cooperación forzada por el interés del partido como la que tuvo lugar entre Kennedy y Johnson en 1960 o entre Ford y Reagan en 1976. Esta guerra parece ser a muerte y donde no se pide ni se da cuartel al adversario. Y si tenemos en cuenta que la alta dirigencia del partido se ha ganado la animosidad de  sus bases y ha perdido toda influencia para servir de mediador en el conflicto nos encontramos con que el cielo republicano está pletórico de ominosos nubarrones.

De ahí el interés que este proceso ha despertado entre una población mayormente ignorante y generalmente indiferente a los asuntos políticos. Ni que decir de una prensa que ha visto la oportunidad de aumentar su circulación o su sintonía con el consiguiente beneficio de incrementar sus ingresos por conceptos de publicidad. Los medios masivos no han mostrado inclinación en destacar los programas de los candidatos o en señalar sus diferencias ideológicas. Esos temas son complicados, resultan aburridos y no despiertan el interés del gran público. Lo que estimula a los consumidores de información a prestar atención son las confrontaciones, los insultos y los ataques personales entre los protagonistas del proceso electoral. Ese es el circo deplorable y patético de unas primarias republicanas que compiten en vulgaridad e irrelevancia con las peores campañas políticas de cualquier nación tercermundista.

Pero, como siempre hay gente que piensa y trata de encontrar explicación a situaciones complicadas, algunos expertos y analistas políticos se han dado a la tarea de descifrar este acertijo y de especular sobre su posible desenlace. Desde luego que los análisis y las predicciones varían según las preferencias y lealtades de los analistas. Los partidarios de Donald Trump vaticinan que su candidato alcanzará la cifra mágica de 1237 votos antes de la convención de Cleveland, pautada para comenzar el 18 de julio. Quienes apoyan a Ted Cruz aseguran que Donald Trump no logrará esa mayoría y que deben de ser los delegados a la convención quienes determinen el candidato que será postulado. Los que promueven la candidatura de John Kasich destacan que su candidato es el único de los tres con la capacidad y el atractivo popular para derrotar a Hillary Clinton.

Yo voy a incurrir en la osadía de incorporarme a esta legión de adivinos. En el momento en que escribo este artículo, 25 de abril, Trump ha acumulado 844 delegados de los 1237 que necesita para asegurarse la postulación en la primera votación de la convención de Cleveland. Entre esta fecha y el 7 de junio, se discutirán un total 424 delegados en las elecciones primarias de Connecticut, Maryland, Delaware, Pennsylvania, Rhode Island. Indiana, Nebraska, West Virginia Oregon, Washington State, New Jersey, Montana, South Dakota y New Mexico. Las primarias de California tendrán lugar en esa misma fecha pero veamos primeros los números en los estados mencionados.

Una proporción considerable de expertos en primarias reñidas proyectan que Donald Trump acumulará 252 delegados o el 60 por ciento de la suma total de 424 que serán adjudicados en los estados en cuestión. Un estimado optimista que supera el 52 por ciento de los delegados ganados por Trump en las primarias celebradas hasta este momento.

California, con sus 172 delegados, será el gran premio de ese 7 de junio. Todo indica que serán los californianos quienes inclinarán la balanza en uno u otro sentido. Si se cumplen estos vaticinios, Trump llegará a California con 1096 delegados (844 que tiene hoy más los 252 ya mencionados). Para lograr la cifra mágica de 1237 antes de la convención de Cleveland el 18 de julio tendrá que ganar 141(80 por ciento) de los 172 delegados del estado. Una cifra posible pero un porcentaje poco probable de lograr si consideramos su desempeño hasta este momento.

Sobre todo si tenemos en cuenta que en una encuesta del pasado 15 de abril Real Clear Politics le adjudicaba a Trump un 41 por ciento de intención de voto en las primarias de California. Cruz y Kasich tenían 47 por ciento entre los dos. Para complicarle aún más la vida a Trump, hasta la fórmula de obtener delegados está diseñada para que ningún candidato se alce con la totalidad de los mismos. El ganador del estado recibirá 10 delegados, 159 se adjudicarán en forma proporcional al triunfador en cada distrito del congreso federal y los restantes 3 serán designados por el partido. Cruz y Kasich, concentrando esfuerzos a nivel de distrito, estarán en capacidad de poner piedras en el camino de Trump hacia la mayoría absoluta de 1237. Por eso Cruz y Kasich, con excepción de Cruz en Indiana, están dedicando la mayor parte de su tiempo a hacer campaña en California.

Después de aventurarme por el camino de los números y los pronósticos quiero concluir con una nota de cauteloso optimismo. Aunque admito que el Partido Republicano confronta una de las mayores crisis de su historia no comparto la idea de que dejará de existir como fuerza política. El Partido Demócrata confrontó una situación similar cuando Huber Humphrey en 1968 y George McGovern en 1972 fueron aplastados por Richard Nixon. La izquierda se convirtió en mala palabra para los candidatos demócratas hasta que un desconocido y descolorido Jimmy Carter derrotó a Gerald Ford en 1976. Y si alguien pensó entonces que la izquierda demócrata había muerto se llevó una sorpresa con estos ocho años de Barack Obama.

La supervivencia del Partido Republicano dependerá en gran medida de la habilidad con la cual enfrente los retos y concilie los intereses divergentes en su próxima convención. Si Donald Trump lograra el respaldo de 1237 delegados, el partido no tendría otra alternativa que postularlo como su candidato. No sería sólo lo justo sino le menos perjudicial para su supervivencia como institución. Si Trump no lograra los 1237 votos, el partido estaría no solo en el derecho sino en el deber de abrir las compuertas para que cada delegado vote según sus preferencias. El mismo Trump ha dicho que la postulación debe de ser decidida por votos, no de manera arbitraria para favorecer a un candidato específico.

Por otra parte, esta no es la primera vez que el Partido Republicano confronta una convención contenciosa y posiblemente divisiva. En mayo de 1860, después de enconadas batallas y golpes bajos por parte de ambos bandos, los republicanos postularon a un abogado casi desconocido que ejercía en el pueblo de Springfield, en Illinois, llamado Abraham Lincoln. El futuro presidente no obtuvo la postulación en la primera votación en que el favorito era William Seward sino en la tercera.

Según nos cuenta Carl Sandburg en su enciclopédica biografía de Lincoln, tras la primera votación, Seward obtuvo 173 votos, tal como esperaba. Lincoln quedó el 2º con 102 votos. Cameron recibió 50, Chase 49 y el resto mucho menos. Se llamó de inmediato a una segunda votación, que tampoco produjo un ganador. Comenzó la tercera votación, y Lincoln empezó a recoger nuevos votos mientras Seward los perdía. La mayoría necesaria se había alcanzando. Tras un silencio enorme, la audiencia prorrumpió en vítores y gritos. Cinco años más tarde Lincoln salvó a la Unión American con la victoria del Norte sobre los rebeldes del Sur.

Concluyo reconociendo que los procesos políticos están plagados de procedimientos que resultan repulsivos al ciudadano promedio y en que la democracia dista mucho de ser perfecta. Pero como alguien que ha vivido y sufrido la alternativa totalitaria estoy dispuesto a perdonarle a la democracia todos sus defectos. La convención de Cleveland, con toda sus polémicas, producirá un postulado posiblemente inesperado pero sujeto a la voluntad de los votantes a través de los delegados participantes en la misma. La convención de La Habana, con una armonía impuesta por el terror, siempre ha sido decidida de antemano a favor de un tirano que no está sujeto más que a sus intereses espurios. Decida el lector cual sistema sirve mejor los intereses del pueblo.

4-25-2016

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