¿POR FIN SE DESTAPÓ EL GALLO?

Por Hugo J. Byrne

Trump enfatiza eficiencia. Siempre se puede usar más eficiencia en todas partes. El problema reside en que la eficiencia es del dominio absoluto del llamado “sector privado”.

Durante semanas y meses el candidato republicano y famoso empresario de bienes raíces Donald Trump, ha repartido insultos a diestra y siniestra, cambiado de criterio en todo lo humano y lo divino, algunas veces al día siguiente y hasta durante el mismo discurso o entrevista. Sus rectificaciones se producen siempre tras afirmaciones descabelladas, las que con absurda frecuencia niega después o reclama que fueron usadas fuera de contexto.

Trump no tiene clase. Es grosero e insultante con todo aquel que lo contradiga o difiera de sus opiniones, incluyendo las mujeres. Algunas colegas de su partido han sido objeto de sus burlas, como Carly Fiorina y hasta miembros de la prensa, cómo la abogado y comentarista de Fox Megan Kelly, a quien Trump le faltó el respeto. Incluso insultó de forma vulgar a la esposa de otro candidato presidencial republicano, Heidi Cruz. El Senador Cruz, quien es de común comedido, no tuvo alternativa a llamarlo cobarde. Coincido con Cruz y en su lugar hubiera ido bastante más lejos.

Quienes han sido sus críticos dentro del Partido Republicano fueron de inmediato acusados contra toda evidencia por los partidarios de Trump (oficiales u oficiosos), de estar clandestinamente apoyando la campaña de Clinton. Entre los dos únicos ex candidatos republicanos que decidieron brindarle su apoyo, se cuenta el adiposo Gobernador de New Jersey, Chris Christie, un bien acreditado RINO (“Republican in name only”) si alguna vez lo hubo. Sin embargo, individuos a quienes respeto social e intelectualmente, apoyan a Trump y prometen votar por él, si llega a ser finalmente el candidato republicano.

Hace algún tiempo decidí declinar este debate ya que pensar es una función totalmente individual y por eso nadie es capaz de convencer a nadie. Para la gran mayoría, los asuntos políticos e históricos son temas profundamente emocionales. No comparto eso, motivo por el que perdería mi tiempo tratando de razonarle a la pasión. En definitiva no pude resistir la tentación de llamarle vino al vino.

Quizás eso sea formación académica: interrumpí arquitectura gracias a Castro y apenas cursé dos años de la carrera. Tengo de Cuba sólo un título de Bachiller en Ciencias y otro de Dibujante Profesional de la Escuela de Artes y Oficios de La Habana. Hoy, retirado permanentemente desde el 2003, escribo por afición y hacerlo no me remunera, pero me complace.

Sin embargo, tuve un maestro de matemáticas que me ayudó a poner en práctica un proceso mental analítico y ordenado, gracias al cual sobreviví y progresé en el destierro: decía el Profesor Manuel Labra, citando al insigne matemático alemán Carl Friederick Gauss, “los números rigen el mundo” y “nunca me digas qué vas a hacer si no me explicas primero cómo lo harás”. Usando ese ordenamiento razonable obtuve empleo técnico remunerado y me gané la vida bastante bien durante casi cuarenta años, desde octubre de 1963 hasta mi permanente retiro a comienzos del 2003.

“El gallo tapado” es una frase que tiene su origen en las peleas ilegales de esas aves, refiriéndose a los galleros que cubrían sus “finos” hasta el momento mismo del encuentro en la valla. En Cuba también se usaba la frase en el llamado “juego de la bolita”, también supuestamente ilegal, cuando el número al que se apostaba, se cubría a propósito, siendo desconocido de quien hacía la apuesta. En caso que ese fuera el número premiado, las utilidades del apostador eran mucho mayores.

Otra definición de la frase es cualquier revelación sorpresiva, que puede ser buena o mala. Para la gran mayoría Trump fue un “gallo tapado” políticamente, hasta el primer debate republicano. Allí empezó su “destape”. Con cada debate y con cada declaración pública este gallo se ha ido destapando. Ahora está casi desnudo.

A pesar de eso su respaldo popular entre los votantes de las primarias republicanas ha sido tan sólido como consistente. Ha recibido más del 38% del promedio de votos y ganado más delegados a la próxima Convención Republicana que los dos candidatos restantes combinados. Si bien es cierto que su oposición inicial era de diez y seis aspirantes que se dividían el voto y que el 62% de los votantes no lo escogió, nadie puede disputar que mientras se escriben estas líneas está en una posición muy cercana a la nominación en Cleveland.

El candidato Trump es sin duda un líder. La definición de líder es “conductor”. Alguien quien encabeza un grupo al que conduce en una dirección específica. El Flautista de Hammelin era sin duda un líder. Llevó a las ratas a su némesis. Pero hizo otro tanto con los niños, cuando la ciudad no le pagó la onerosa recompensa acordada. A pesar de ser líder, Trump es también un redomado patán.

Todo esto tiene su “moraleja”, que es el doloroso aprendizaje por la experiencia propia y no por la ajena. Esa última tiene la virtud de no doler. Otro líder político, ascendido a presidente y reelecto por el voto popular ha sido Obama. Trump supuestamente es un Obama, pero de signo filosófico diferente. ¿Diferente? Veamos.

Consideremos los problemas que encaran Estados Unidos y que harán crisis en breves años, afectando negativamente las vidas de nuestros hijos y nietos. El peor de nuestros monstruos es la deuda nacional que se aproxima a 20 trillones. ¿Cómo se originó esa deuda? A través de continuos déficits presupuestarios. Cuando se gasta más de lo que se ingresa se termina pobre y endeudado. ¿A quién la debemos? A bancos nacionales y extranjeros. También a la llamada República Popular China, que ha comprado entre un cuarto y un tercio del montante de nuestra deuda.

La ex Secretaria de Estado Clinton no considera la deuda nacional como un problema grave o inminente. En consecuencia ni siquiera la menciona. Por el contrario, tanto su contrincante el Senador Sanders como ella, atacan furiosamente las diferencias económicas en la sociedad, las que atribuyen a injusticias legales y misóginas. De acuerdo a las cuatro quintas partes del electorado demócrata no hay un problema social o económico que no pueda resolverse mediante legislación adecuada. ¿Por qué Bernie y Hillary no van del brazo? Aunque no son grandemente estéticos, su disputa es sólo un “concurso de belleza”. Su debate no es de substancia, sino competencia de personalidades. Pero no están solos.

Mr. Trump tampoco hace énfasis en medidas de economía para resolver los problemas de déficits fiscales, única raíz de la deuda nacional. Trump enfatiza eficiencia. Siempre se puede usar más eficiencia en todas partes. El problema reside en que la eficiencia es del dominio absoluto del llamado “sector privado”.

El gobierno, por el contrario, es la ineficiencia por antonomasia. Sólo la empresa privada alcanza grados aceptables de eficacia, por la necesidad de cubrir gastos, mas obtener ganancias substantivas. Eso lo puede comprobar cualquiera que visite y observe el “Department of Motor Vehicles” y Wall Mart durante la misma tarde.

El tercero en discordia es el Senador Ted Cruz, quien junto al Gobernador de Ohio, John Kasik, son los dos únicos republicanos que aún compiten contra Trump por la nominación de su partido a la presidencia. Quizás un tanto injustamente de mi parte voy a dejar a Kasik fuera de este análisis. No tengo nada contra el Gobernador, sólo la impresión arbitraria de que suceda lo que sea, no será el candidato presidencial republicano.

Cruz es el único candidato que en mi criterio ha presentado un plan económico detallado para resolver a largo plazo los problemas económicos paralelos de deuda nacional y presupuestos deficitarios. Ello incluye la desaparición paulatina de algunos organismos burocráticos de corte totalitario del poder ejecutivo como el “Internal Revenue Service”, utilizando medidas más justas como recaudaciones usando el mismo porcentaje a los ingresos de individuos y corporaciones y la substitución o desaparición inmediata de otras dependencias notorias por usarse para socavar la constitución y los derechos fundamentales, como el Departamento de Protección Ambiental, el de Energía, el de Educación y los llamados Zares.

Por último, Cruz tiene una idea estratégica y razonables planes detallados sobre la defensa nacional, la protección de nuestras fronteras y el enfrentamiento al terrorismo islámico. Trump, por el contrario, tiene una noción diferente cada día de la semana sobre cómo enfrentar esos peligros. Esas ideas incluyen exonerar a naciones como Japón y Corea de sus compromisos de anti proliferación nuclear, para que “sean ellos quienes defiendan los intereses nuestros” y eliminar de los gastos federales las contribuciones a la OTAN, organismo “obsoleto y semejante a Naciones Unidas”.

¿Ya está este gallo totalmente “destapado”?

 

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