OBAMA Y "LA CHINA"

Hugo J. Byrne

Aunque tenía otro trabajo casi listo en el horno, no resisto la tentación de comentar sobre la visita de B.O. a La Habana (B.O. no son las iniciales de “body odor”, sino de Barak Obama). Esa visita es lo más importante que está ocurriendo ahora en todo el universo, de acuerdo a los medios de comunicación.

Para mí tiene importancia simbólica solamente. El simbolismo es un elemento muy importante tanto en literatura como en política. Un genial escritor del siglo pasado, Eric Blair (quien se firmaba “George Orwell”), utilizó el simbolismo como ninguno para satirizar a los revolucionarios marxistas de su generación.

En el último capítulo de su obra maestra “Animal Farm” (“La rebelión de la granja”), Orwell describe cómo los animales revolucionarios, propiamente representados por sus caudillos los puercos, hacen las paces con sus antiguos enemigos granjeros y comerciantes vecinos. Todo eso ocurre en una recepción en la antigua residencia de Jones, el granjero derrocado, quien había sido despojado por las bestias de su antigua propiedad y expulsado de sus contornos.

Significativamente, el resto de los animales no había sido invitado a la reunión, pues las decisiones en la nueva era revolucionaria están a cargo exclusivo de sus líderes, los puercos. Sin embargo, los animales se las arreglan para mirar lo que sucede a través de una ventana.

De repente las bestias apretujadas alrededor de esa ventana empiezan a sentir una especie de vértigo que les nubla la visión. Dentro de la que fuera residencia de Jones, los puercos y sus visitantes amistosos y sonrientes, sentados hombro con hombro alrededor de la mesa central, empiezan a mimetizarse entre sí. Los granjeros empiezan a parecerse a los puercos y los puercos a los granjeros. Al final, es imposible para los mirones distinguirlos entre sí.

Blair, quien de joven militara activamente en el socialismo, peleó en las filas de Las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil de España. Allí aprendió dos cosas: lo que era la guerra y lo que significaba realmente el colectivismo para la humanidad. Además de “Animal Farm” Blair escribió otra novela política sobre la vida bajo el totalitarismo “benevolente”: 1984. El autor murió en 1947, víctima de tuberculosis.

En Castrolandia, la componenda ni siquiera se podrá atisbar por una ventana, No se pudo hacer tampoco durante el año y medio que duró el conciliábulo secreto entre Washington y La Habana. A principios del nepotismo sangriento que destruyera nuestra república 1959-1960), “Animal Farm”, traducida al español, se popularizó en Cuba: el libro se vendía como pan caliente en librerías y estanquillos de La Habana, hasta que de repente desapareció, confiscada sin miramientos por la policía política castrista.

Un amigo le prestó un ejemplar al limpiabotas de su barbería en el Centro Comercial de La Rampa, (área de moda en el barrio del Vedado, zona afluente de La Habana hasta entonces). El limpiabotas era un guajiro listo, quien disentía en política con el barbero. Éste, por lo menos en esa época, se inclinaba al castrismo. El limpiabotas leyó el libro en dos días y se lo devolvió a mi amigo.

Le comentó que lo encontraba muy interesante, “aunque no tiene gran mérito”: Carece de originalidad. Ese señor simplemente vio lo que está pasando aquí y escribió el libro”. Cuando mi amigo le informó que Orwell había muerto desde 1947, el limpiabotas abrió los ojos desmesuradamente y le dijo en susurro: “¡Ah… entonces era espiritissstaaa!

En la década pasada escribí un ensayo en inglés sobre la visita del ex presidente Carter a La Habana y lo titulé The Perfect Match(“El aparejamiento perfecto”). A este de ahora tendría que llamarlo pluscuamperfecto.

La visita oficial de Obama a Raúl Castro se diferencia considerablemente de la que protagonizara el antiguo manisero de Plains con Fidel. En primer lugar, Jimmy Carter no era ya presidente y sólo representaba su persona, que dicho sea de paso no contaba para mucho entonces y hoy menos aún.

El ex comerciante de maní no tenía real interés político en su visita, sólo una especie de curiosidad bobalicona. En su anfitrión, la burla maquiavélica salía a la superficie. “The Perfect Match” describía en detalle como esa pareja era complementaria, cómo los colores rojo y verde del espectro solar. De haber sido de géneros distintos podían haber contraído un matrimonio feliz: Castro es el chulo más notable que ha nacido en Cuba, comparado con el cual, Yarini era un pigmeo. Primero vivió a costa de su familia, más tarde de su suegro y desde hace más de cincuenta y siete años, del patrimonio ajeno. Ahora vivirá de los impuestos que pagamos a Uncle Sam. Carter, víctima voluntaria, habría portado sin inmutarse cuernos más abundantes que los de Hillary Clinton.

La reunión entre el Mesías y “la China” que ocurre hoy en La Habana es harina de otro costal. Es algo más prolijo de describir cuando se analiza sin la superficialidad que caracteriza hoy a la prensa de Estados Unidos (incluyendo la prensa llamada “conservadora”). Para empezar, Obama no es, como tantos afirman, un político improvisado quien fracasa por “incapacidad, dando continuamente palos de ciego”. Los incapacitados intelectualmente son los votantes que lo eligieron dos veces.

¿Soy anatema de la democracia? No. La democracia es como una de las tantas medicinas que tomo cada mañana para continuar vivo y por eso la alternativa de eliminarlas no me seduce. A pesar de que todas tengan efectos secundarios.

Si analizamos objetivamente la trayectoria de Obama nos encontramos que es un político ladino y hábil, con una agenda profundamente antiamericana. Para ello creó junto a sus acólitos, una maquinaria electoral nada menos que impresionante. Sin duda que, como afirmara repetidamente el Senador Marco Rubio durante su debate más criticado en su malograda candidatura presidencial, “Obama sabe muy bien lo que hace”. Nada hay más absurdo que creer que nuestra república (la nación que nos adoptó) pueda recuperar su solvencia y merecer de nuevo el respeto universal perdido sólo con una mejor eficiencia burocrática.

Estados Unidos demanda cirugía mayor, pero el instrumento requerido para ello no es un bisturí. Es un hacha de cortar leña y en manos firmes, como las del Senador Ted Cruz. La alternativa, TODA LA ALTERNATIVA, es más de lo mismo, con idéntico resultado. Cruz, como el resto de los candidatos de ambos partidos, tiene una historia. Pero, a diferencia del resto, esa historia se caracteriza por honestidad y fidelidad a la ley.

En cuanto a nuestro “Mesías”, en un mundo ideal debería quedarse en La Habana: Raúl y su pandilla se lo han ganado con creces.

 

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