EL DERECHO DE MALDECIR A LOS H.P

Por Esteban Fernández

Cuando todos en nuestro entorno nos echan en cara que YA TODO SÉ PERDIÓ, que hacerle la guerra al castrismo es sueños del pasado, cuando nubes borrascosas se ciernen sobre nuestras cabezas ¿qué nos queda?

Solamente nos queda la crítica acérrima contra el comunismo, contra el castrismo, contra los desmadrados que se adueñaron y han destruido a nuestra nación.

No importa si él que nos dice que “Ya Cuba se perdió” es un nieto, un hijo, un cónyuge, un amigo, o un desconocido, la respuesta inmediata, abrupta y hasta grosera tiene que ser: “Quizás tengas razón pero yo seguiré despreciando a los Castro y a todos los culpables del sufrimiento cubano hasta el último día de mi vida, hasta la última gota de sangre”

¿Qué es lo que intentan? ¿Qué además de haber perdido la Patria aceptemos sumisamente la derrota? No, mis estimados amigos ¡Eso no lo vamos a permitir más nunca!

¡Que todos los nietos cubanos en el exilio sepan que sus abuelos podrán perder cien batallas pero que nunca aceptarán como buenos a los malditos comunistas, socialistas, rojos ni rosados! Que el mundo se entere que ese abuelito bueno y noble que se derrite ante a presencia del adorado nietecito salta como un gallo fino de pelea ante quienes intentan defender o simplemente justificar a cuando inmundo fidelista tiene la osadía de parársele enfrente.

Algunos, o muchos, pregonarán que nuestra Patria no será libre ¡allá ellos con su fatalismo y aceptación de la derrota! Lo que no podemos permitir es que nos quiten lo único que tenemos a mano: ¡Detestar a todos los hijos de perras cubanos y no cubanos!. No importa que familiares cercanos nos acusen de impertinentes, ni de empecinados, ni inclusive de mal hablados, pero hasta en el mismísimo lecho de muerte, al exhalar el último suspiro debemos pedirle a toda la familia que se reúna alrededor de la cama del moribundo y que este grite a todo pulmón: ¡Qué se vayan al diablo Fidel y Raúl y toda la hedionda familia Castro! Y no aceptarle a nadie que nos pida arrepentimiento por nuestro odio.

Todo cubano independientemente de la edad que tenga - y aunque tenga 100 años de nacido- que se pare en una esquina, o escriba a un periódico, o cenando junto a su parentela y lance un patriótico ataque echándole con el rayo a los que se han apoderado de nuestra Isla está -en mi modo de ver las cosas- individualmente produciendo UNA PROTESTA DE BARAGUÁ. Y al que se burle, o quiera quitarle ese derecho a un cubano digno entonces la única respuesta debe ser MANDAR AL INFIERNO AL ATREVIDO QUE OSE CONTRADECIRNOS AUNQUE SEA UN SER QUERIDO.

Podrán quitárnoslo todo, menos el sueño dorado de poder desear fervientemente ver -aunque sea por CNN y Fox News- las cabezas de los Castro rodando por la Plaza Cívica ante la estatua de José Martí.

 

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