INSANIA

Por Hugo J. Byrne

Es el lunes 29 de febrero del 2016. A las 2:55 pm. Mañana martes, primero de marzo del 2016 se celebrarán las elecciones primarias del Partido Republicano en doce Estados de la Unión, en lo que se ha dado en llamar “super Tuesday”, por tratarse de la primera indicación seria de quién será el candidato por este partido a la presidencia en las elecciones de noviembre próximo.

Este artículo esperó a ser escrito hasta esta oportunidad con toda intención, pues los lectores podrán así apreciar en los resultados, que no pretendía adivinarlos y que este análisis puede ser imparcial sin detrimento de principios y convicciones. Aunque me registrara en el partido republicano en la misma ocasión en que me naturalicé como ciudadano de este país, he votado por los candidatos de ese partido, pero manteniendo siempre un criterio independiente. Continúo mi preferencia por el Senador Rubio, la que mantendré hasta el final, aunque no con la misma convicción de antes y explico mis razones.

La situación política, económica y estratégica de Estados Unidos nunca ha sido peor que hoy. Por desgracia la grandeza nacional, creada espontáneamente durante los siglos XIX y XX por obra y gracia de la iniciativa individual y su inagotable energía y laboriosidad, está siendo demolida por designio del estado y el acatamiento servil de la ciudadanía. Parecería que de repente hemos enloquecido. Las preferencias políticas populares parecen indicar insania colectiva.

Pero nada ocurrió de repente: la contrarrevolución antiamericana se inició en 1916 en medio de un período similar al presente. El proceso de desarrollo fue de abajo hacia arriba. El de destrucción es por supuesto también vertical, sólo que en la dirección opuesta. En 1916 bajo los auspicios de Woodrow Wilson se crearon los dos cánceres de América: la Reserva Federal y el “Internal Revenue Service”. La primera, institución integrada por banqueros privados que de “Federal” tiene sólo el nombre, estimula el déficit presupuestario. El “Infernal” Revenue Service fuerza a los ciudadanos a pagar una deuda en la que no incurrieron. Los únicos beneficiarios de esa estafa son las sanguijuelas burocráticas y quienes aspiran al poder omnímodo del estado.

Hace un año nadie se imaginaba que los candidatos que encabezan ambos partidos tuvieran en común la más abyecta corrupción. Pero así es. El capital de Trump fue ayudado no por el capitalismo, sino por el más corrupto clientelismo representado por tiránicos estatutos del estado como el “Eminent Domain”. La “Fundación Clinton”, a la que Trump contribuyera con medio millón de dólares, es una fosa séptica que recibiera contribuciones millonarias de extranjeros enemigos de los Estados Unidos mientras que la señora Clinton era Secretaria de Estado.

El único candidato proponiendo terminar de una vez por todas con el IRS ha sido el Senador tejano Ted Cruz. Rubio no se ha pronunciado tan claramente en ese tema hasta hoy.

Rubio en una ocasión declaró que prefería perder las elecciones antes que traicionar sus principios humanitarios (no necesariamente religiosos) en relación a la vida humana. Trump desea por el contrario seguir contribuyendo con el dinero nuestro a la industria del aborto como “Planned Parenthood”. Eso me ayudó a decidir mi apoyo a la candidatura del Senador por Florida.

Votando siempre a favor de algo, no me es posible hacerlo contra mis derechos. Trump afirmó ayer que prepara una orden ejecutiva para crear una comisión legal del Departamento de Justicia dedicada a revisar las declaraciones de sus críticos, para demandarlos ante los tribunales. Además y a propósito de insania, veinte y cuatro horas después de rechazar a David Duke y los supremacistas blancos, Trump afirmó que no sabe quiénes son.

Rubio hace una descripción detallada de cada uno de sus proyectos para una administración federal con el objetivo del regreso completo al sistema republicano y constitucional. Sin embargo, a diferencia de quienes no se impresionan con payasadas, Rubio ha descendido casi al mismo nivel del “Donald”.

Pudo haber mantenido una actitud de mayor dignidad, lo que para un servidor es siempre mejor que ganar el apoyo de quienes son incapaces de pensar. Es necesario en esta coyuntura recordar a los lectores que democracia y libertad no son nociones sinónimas, como nos prueba la elección democrática de Hitler y sus nazis en Alemania durante los años treinta. Los nazis no ganaron la mayoría absoluta en el Reichstag, pero ganaron lo que aquí llaman “plurality”: la mayor de las minorías. Bill Clinton ganó un porcentaje similar en 1992. Creo que Trump ganará ampliamente la candidatura en las primarias de mañana y perderá ante la Clinton en noviembre.

Sin entrar en debate sobre cuál sería la diferencia entre votar por una anciana corrupta, con enorme ambición de poder total y un billonario patán y tan corrupto como ella, para quien la campaña presidencial es nada más que una infinita payasada, digo que puede haber una selección mejor. ¿Existe alguna diferencia entre beber arsénico o estricnina?

Vivo en California desde la primera mitad de los años sesenta y en consecuencia voto en esta “república popular” donde si King Kong se postula para presidente, gobernador, o concejal por el Partido Demócrata, es electo abrumadoramente. Eso quiere decir que votaría en la primaria republicana por cualquier candidato que no sea Trump, aunque el Donald escoja como vice al gobernador de New Jersey para formar una candidatura de peso. En caso que mi análisis sea correcto, en noviembre ejerceré por la primera vez en más de cuarenta y cinco años un derecho electoral garantizado por la constitución: quedarme en casa.

 

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