LOS HEREDEROS DE LOS DIABLOS

Por Esteban Fernández

Todos conocemos la miseria imperante en Cuba. La carencia de alimentos, de viviendas, la falta de libertad y de locomoción. A través de 57 los cubanos han sido degradados, adoctrinados, discriminados y obligados por las circunstancias a abandonar al país o vivir en infrahumanas condiciones. Salidas clandestinas o prisión por comprar o vender carne de puerco de contrabando, esa es la disyuntiva.

Sin embargo, lo que resulta extremadamente interesante es que los Castro- y sobre todo sus herederos- no se tragan y quieren ver a mil kilómetros de distancia a la sufrida y depauperada población cubana. Para los malditos descendientes de los Castro los cubanos son como la lepra o la peste bubónica.

Es decir, no es como que la hija de Fidelito Castro, Mirtha María Castro Smirnova, visita al Solar del Reverbero, conoce a Yustafé -un negro estibador de los muelles- se enamora de él, comienzan a noviar y este va y le pide la mano de la niña al primogénito de Fidel Castro para casarse con ella. Estemos claros en que tampoco José Raúl y Fidel Antonio Castro contraen nupcias con las humildes hijas de un pobre lector de tabaquería o un obrero de la construcción, ni con una residente de El Fanguito.

En primer lugar Mirtha María no pasa ni una calle donde exista un solar, si la obligaran a ir allí se vomitaría al entrar, al moreno ni lo saludaría, y si Fidelito simplemente se entera que al estibador le gustó la muchachita trata por todos los medios de que le echen seis meses de cárcel por atrevido e igualado.

Por favor, usted vaya a Google y busque a los herederos de los dos Castro para que usted vea que parecen unos príncipes y princesas. A esos muchachos nunca les han faltado los buenos jamones, los mejores perfumes franceses, la ropa importada, los viajes, los arbolitos de Navidad, las mejores escuelas nacionales -sólo para ellos- y academias y universidades para millonarios en el extranjero. No han padecido ni un segundo de penuria.

El populacho no les sirve ni de mano de obra porque a la hora de pintarles las casas, o cortarles la hierba, o levantarles un muro, no van a buscar a un plebeyo en "Llega y Pon", ni en Los Sitios, ni en Carraguao, ni en Jesús María, sino que se valen del Ministerio del Interior y piden que la Seguridad del Estado les envíe a agentes que no molesten a la prole de los generales, ministros y de los jerarcas del Partido. Nada de quererse congraciar ni compartir con los aristócratas herederos de la nueva clase. A la chusma -a "la negrada" como ellos les llaman- no la quieren ver ni en pintura.

El más atrevido y promiscuo es Antonio Castro que cuando le gusta una jeba aunque sea "una muerta de hambre" trata de colarla en Punto Cero para echársela al pico. Hasta que su bruja madre la descubre y la saca de sus predios a cajas destempladas. A este tipejo la lujuria le impide discriminar a las plebeyas que estén buenas. Otra excepción a la regla es la regordeta doctora Aleida Guevara -hija del Che- que se acuesta con el macho que le gusta sin importarle su precedencia social.

Pero en términos generales se ligan y se casan entre ellos y a veces los compromisos amorosos son producidos por sus todopoderosos padres y abuelos. No es como que Luis Alberto Rodríguez (hijo del general “Gallo Ronco”) se enamoró locamente de la poco agraciada Deborah Castro sino que fue simplemente una yunta que le ha dado pingües ganancias y ya es dueño de media Cuba y me quedo corto.

Mientras los cubanos "de a pie" no ven ni un bisté hace 20 años estos cachos de descarados inconscientes y racistas lo mismo están en una mansión en Varadero, o en la Riviera Francesa, o en Cancún, que estudiando en Sevilla, en Munich o en la Sviz Università della zera italiana.

No hay un solo miembro de la parentela Castro que se conduzca como los que ellos consideran "la plebe".

 

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