GLENN BECK, TRUMP Y LA DEMAGOGIA

Por Hugo J. Byrne

Desde que por razones que desconozco terminó su contrato con el gerente de Fox News Roger Ailes, no veía mucho a Glenn Beck. Excepto por los cortos segmentos de otros programas de la misma “Fox” y en especial en el “No spin zone” de Bill O’Reilly. Durante varios años estos dos comentaristas han mantenido una amistad que no incluye comunión de convicciones.

Aunque mi filosofía política tampoco es completamente ortodoxa, mi brújula ideológica casi siempre apunta en una dirección paralela a la de Beck. Encuentro consistente honestidad en Beck y superficialidad en O’Reilly. Hasta el 15 de enero no sabía cuáles eran las preferencias de Beck para el próximo noviembre, lo que demuestra que a veces en esta época de mi vida no estoy siempre al minuto en el ambiente electoral.

Las buenas noticias son (para mi formidable ego), que Beck y yo coincidimos en la desconfianza hacia Donald Trump. O’Reilly, quien es “independiente” (léase “en la cerca”) por propia confesión, no sólo ha sido amigo personal del magnate de New York durante años, sino que está en favor de su candidatura, aunque jure lo contrario. Una de las varias indicaciones que tengo de ello, además de mantenerlo a pupilo en su programa, es un segmento reciente que tituló “Beck le pide excusas a Trump”. Las “excusas” a que se refería eran una simple rectificación en un comentario sobre “el Donald” en el que se afirmaba que había votado por Obama. “Please Bill, give us a brake!”: el voto es secreto en Estados Unidos.

Beck rechaza totalmente a Trump, situándolo en el campo “progresivo”, que es varias millas a la izquierda de lo que en la jerga política de Estados Unidos se conoce por “liberal”. Quizás Beck exagera. Sin embargo, hay perfecta consistencia en su análisis. Veamos.

En su razonamiento el comentarista estrella de “talk radio” examina el hecho de que Trump nunca dirige sus cañones en contra del tamaño de la burocracia oficial. Solamente afirma que es estúpida e incompetente. Dice que él puede administrarla mejor y en ningún momento menciona su reducción. Esa reducción es imprescindible si es que nuestro objetivo es realmente hacernos solventes y pagar la deuda nacional, aunque sea por nuestros bisnietos en un lejano futuro. Todo parece llevar mucho tiempo para Washington, pero algo que ni siquiera se empieza, nunca puede alcanzarse.

De hecho Trump acepta el “status quo” del presente. Es decir, que de acuerdo al Donald, si cambiamos el collar, podríamos conservar intacto al perro. Admito que Beck es más inteligente que yo y no me duelen prendas. Sin embargo, siempre he creído que son las acciones y actitudes personales, las que deben primero analizarse en la vida pública, en especial aquellas que dicen reflejar los principios, los tan cacareados “valores morales”, sean de New York, Texas o la Conchinchina. Esos echan raíces durante la infancia y en la primera juventud. Son estrictamente individuales y raramente cambian.

Recientemente un muy ilustre amigo y hermano de nuestra interminable lucha exiliada, totalmente insospechable de parcialidad mercenaria me dijo creer que en mi oposición a Trump había un elemento de “brain washing” (lavado cerebral). Tiene razón, pero fue el propio Trump quien me “lavó” el cerebro en contra suya hace unos quince años.

En una extensa entrevista del programa “Meet the Press” Donald Trump expresó a fines del siglo pasado que su filosofía “liberal” había sido adquirida en New York. Esa entrevista la vi en vivo y nunca la olvidaré. Respondiendo a preguntas del inquisidor, Trump se confesó “pro choice”, a favor del “late term abortion” y hasta del “partial birth abortion”. Ese último procedimiento no es otra cosa que infanticidio: la carnicería sangrienta de un bebé, en el momento de ser parido. ¿Nacimiento parcial abortado? ¡Pamplinas! Masacrar a un ser humano indefenso se llama homicidio. Hacerlo voluntariamente es en mi libro asesinato premeditado, aunque la ley lo permita.

¿Que todos tenemos derecho a cambiar de opinión? Por supuesto. Recordemos a Obama “evolving” en el tema del matrimonio homosexual. “El Donald” también tiene el mismo derecho. En la mencionada entrevista Trump abrazó el matrimonio gay, de nuevo aclarando que él reside en New York, implicación de “necesidad comercial”.

Mucha gente tiene fe en Trump sólo por su solidez económica:”Nadie lo puede comprar y eso garantiza su independencia política” No tan rápido. Es cierto que no necesita dinero, pero por propia confesión ha comprado a muchos políticos para que sirvieran sus intereses comerciales. Si eso es probidad, mal andamos.

Un servidor de los lectores es pobre aunque no viva miserablemente. Trabajé duro toda mi vida y hoy en mi retiro tengo cuanto necesito, lo que gracias a Dios no es mucho. Pero aunque fuera pobre de solemnidad y el hambre me rondara, le garantizo al amable lector que mi nombre nunca estaría a la venta. Quien compra bienes o servicios, practica el capitalismo. Quien compra favores políticos es un bandido, tan miserable como quien los vende. Clientelismo no es sinónimo de capitalismo, sino su corrupción: “crony capitalism” lo llamamos quienes no somos políticamente correctos.

No tengo el menor problema con legítimas contribuciones políticas, sean individuales o corporativas. La única excepción que hago es cuando esas contribuciones vienen del extranjero, originándose en individuos u organizaciones cómplices de elementos que desafían nuestra libertad, seguridad e integridad. Ergo: la Fundación Clinton.

La respuesta de Trump a O’Reilly fue “que como hombre de negocios necesitaba ser amigo de todos.” Por supuesto O’Reilley aceptó esa respuesta, junto a otros del panel del “No Spin Zone”. Yo no.

Cuando se contribuye a diferentes partidos o candidatos cuyas agendas políticas son antagónicas, o a dos o más candidatos aspirando a la misma senaduría, la misma presidencia o la misma alcaldía, se implica soborno. No propongo que esa práctica se convierta en delito, pues eso violaría la primera enmienda de nuestra constitución.

Solamente sostengo, como ya lo hice en una ocasión anterior y también discutiendo a Trump, que muchas acciones perfectamente legales, no son necesariamente éticas. Es obvio que el contribuyente a la campaña espera reciprocidad y que en esa decisión no interviene ideología alguna sino interés mercenario por ambas partes.

Beneficiarios de la ayuda económica de Trump han sido Weiner, el notorio obsceno exhibicionista cibernético quien tuvo que renunciar a su curul del congreso, esposo de Uma, la secretaria de Mrs. Clinton. También la misma ex Secretaria de Estado, quien recibió unos $100,000.00 del Donald (vía Clinton Foundation). También Charley Rangel ($25,000.00). ¿Algún lector no sabe quién es Rangel? Lo dudo y no deseo describir de nuevo a esa excresencia de New York.

Esas, junto a su proverbial demagogia, son las razones fundamentales por la que no me gustaría ver a Mr. Trump como presidente. Aún prefiero la candidatura del Senador Rubio. Sin embargo, no dudaría un instante en votar por el Senador Cruz, a quien ahora Trump ataca sólo porque parece hacerle sombra.

Si usted, amigo lector fuera un empresario de propiedad inmueble en New York, ¿apoyaría económicamente la candidatura presidencial de Hillary Clinton? Si lo fuera en Vermont, apoyaría la candidatura de Bernie Sanders? La realidad es que Mr. Trump parece haber convencido a suficientes votantes y tiene la mejor posibilidad entre una media docena de candidatos republicanos a ser nominado.

Nadie puede adivinar el futuro, pero si Trump y Hillary son los únicos candidatos, el resultado es de pronóstico reservado. Las apuestas en ese caso favorecen a Clinton. Hay en mi opinión sólo un escenario en el que Trump podría ser electo abrumadoramente y casi por aclamación: si la Sra. Clinton terminara acusada de negligencia criminal con secretos de estado, viéndose forzada a abandonar su aspiración presidencial y que más nadie sino Bernie Sanders heredara la nominación. Recordemos que aquí conocen a los presidentes por sus iniciales: FDR por Franklin Roosevelt, JFK por John Kennedy, LBJ por Lindon Johnson, etc. ¿Se imagina el amigo lector BS por President Bernie Sanders?

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image