LA CASA NEGRA

Hugo J. Byrne

“Silencio ratas que la noche es larga,

yo tengo la palabra y que me emplumen,

si no brota mortal de mi cacumen

contra cierto bellaco, una descarga”

Ricardo Palma

En caso de la menor duda, el título de este artículo se refiere en forma alegórica a la Casa Blanca (1600 Pennsylvania Washington DC), actual residencia del Ejecutivo Barak Hussein Obama, su familia, amanuenses y subordinados políticos. No cabe la menor duda que no faltará quien malintencionadamente, por supina ignorancia o ambas condiciones (que no son antagónicas), me llame racista. No hace mucho uno de esos escribió un comentario negativo sobre un artículo en que yo recomendaba fuerza militar para enfrentar el terror. El individuo me llamó “furibundo guerrerista”. La historia demuestra que una de las actitudes más propicias a la guerra es el pacifismo ciego e irracional. Por supuesto, para saber lo que la historia enseña hay que empezar por leerla.

De idéntica forma la palabra negro o negra, no siempre se refiere a la raza. No voy a insultar la inteligencia de mis lectores con una lección de español. Pero para aquellos que necesitan tres diccionarios para entender lo que leen, o quienes tratan de adivinar el contenido de un ensayo por su título, la primera definición de negro (o negra) es: “…un cuerpo cuya superficie no refleja ninguna radiación visible”. La segunda: “…la ausencia de todo color”. La séptima es clandestino, ilegal. La octava “muy sucio”. Podría agregar muchas otras definiciones negativas de esa palabra, pero estoy seguro que el punto ha quedado firmemente establecido.

La palabra negro etimológicamente antecede por muchos siglos a su definición racial. Además, ¿de dónde sacan que Obama es negro? He visto muchas fotos de la madre del presidente en la red (¡hasta en cueros!) y era indudablemente blanca: Obama no es negro sino mestizo. Su raza o color me importan un bledo: lo detesto por su mala índole y por el daño quizás irreparable que ha hecho a América.

Cuando en enero del 2009, accedió al poder, Obama prometió “transparencia” y cuando aspiraba a la posición que hoy ocupa durante la campaña del 2008, prometió “justicia” y “bipartidismo”. Desde un principio Obama demostró ser el mayor fraude cometido contra el pueblo norteamericano desde que su cófrade en la izquierda radical, Jimmy Carter, otro sepulcro blanqueado, casi acaba con Estados Unidos.

La negrura de Obama a la que me refiero no es de la piel sino del alma. La prensa, incluyendo la pretensamente “imparcial”, como el comentarista vespertino Bill O’Rilley, declara que Obama es bienintencionado, pero incapaz de gobernar por fanatismo ideológico o populismo político. Discrepo y la evidencia respalda mi criterio. El actual presidente es un narciso, un mediocre histrión, arrogante y altanero. Es, por naturaleza incapaz de honestidad y ha sido y es para el pueblo y para el futuro de esta nación tan “bueno” como la sarna. No lo insulto, sólo lo describo.

¿Qué Obama es un buen padre de familia, amante de su esposa e hijas? Mussolini, a pesar de sus escapadas de infidelidad, también era un padre amante de sus hijos. Sin embargo no vaciló en fusilar a su yerno cuando era conveniente a su inmediato futuro político. El Conde Ciano no era sólo el esposo de su hija Edda, sino un histórico colaborador y partidario fiel, hasta que se percató junto a muchos otros de que Italia se hundía con “Il Duce”. Su único “delito” fue haber votado a favor de terminar la presidencia de su suegro en el Supremo Consejo Fascista.

Me dirán que Mussolini gaseó a miles de abisinios y que Obama no ha hecho nada parecido. Lo admito. Tampoco Pilatos condenó a Cristo, pero ordenó su crucifixión. El Tirano Assad de Siria exterminó a más de 200,000 de sus compatriotas, después de cruzar una y mil veces todas las “líneas rojas” de Obama, quien nunca levantó un dedo para evitar el cruel genocidio, en detrimento de las víctimas y de la credibilidad de U.S.A.

Obama ha prometido dar al régimen totalitario de Castrolandia (su nuevo amor del Caribe), cuanto necesite en término de créditos garantizados por nuestros impuestos, política cuyas consecuencias nocivas conoce de sobra. Los aspirantes a comerciar con piratas tienen mucha prisa. La Habana tiene prisa también porque la teta de Venezuela se está secando (con el precio del barril de crudo por debajo de $30.00), pero mientras tanto sube la parada con Washington para obtener el máximo de nosotros a través de nuestro máximo tránsfuga ejecutivo.

Todo el terreno hoy ocupado por Isis en Siria e Irak, incluyendo Mosul, la segunda ciudad más populosa de ese territorio se perdió a causa de la retirada de todas las tropas americanas mediante un absurdo y públicamente anunciado itinerario. Este es un elemento esencial del programa apaciguador de Obama: la transparencia prometida era hacia los enemigos de América, no con la sociedad americana.

A contrapelo de la voluntad de una amplísima mayoría popular y parlamentaria, para no mencionar los intereses nacionales, Obama negoció un “acuerdo nuclear” con el régimen teocrático de Irán. Esta teocracia abiertamente antiamericana, antisemita, misógina y notoria financiadora de terrorismo, anuncia a los cuatro vientos el mutis definitivo de Israel y Estados Unidos.

Pero Teherán, mientras Obama se envanecía de ese “logro” de su administración durante su cansona descarga del “State of the Union”, mantenía en rehenes a diez marineros norteamericanos, después de secuestrar sus dos pequeñas embarcaciones. La humillación duró 24 horas, durante las cuales los rehenes fueron retratados de rodillas y con las manos en la cabeza, como si fueran piratas.

Cuando terroristas musulmanes asesinaran a mansalva a periodistas y empleados de la publicación humorista parisién Charlie Ebdo, Obama guardó silencio y su Secretario de Estado y antiguo cómplice de Jane Fonda quien se encontraba en París cuando el crimen, ni siquiera avaló con su presencia una espontánea manifestación de duelo. Otro tanto ocurrió después del sangriento atentado terrorista contra los clientes de un teatro de París, en el que perecieran ciento treinta personas inocentes: nuestro presidente brilló por su ausencia. Esencialmente lo mismo ocurrió también en el epílogo del atentado terrorista de San Bernardino, en el que inmediatamente utilizó el siniestro para avanzar su agenda política antiamericana.

La negrura de alma de Obama se manifestó ampliamente cuando recibió con honores y abrazos a los padres de un vulgar desertor, quizás responsable por la muerte de varios de sus compañeros de armas en el “Rose Garden” de su ahora ensombrecida residencia. Obtuvo la libertad de ese miserable cautivo del Talibán mediante su intercambio por una manada de sanguinarios terroristas musulmanes, hasta entonces residentes de la prisión en Guantánamo.

Su negrura se hizo palpable en su fementido llanto cocodriliano por las decenas de miles de inocentes muertos, no víctimas de criminales que su Departamento de “Injusticia” reusara procesar y castigar, sino de la “violencia con armas de fuego. Obama podrá ser el inquilino del “White House” por unos cuantos meses más, pero en realidad debería residir en el “Big House”.

Aunque no sea dado al “golpe de pecho” en el tema religioso, soy filosóficamente cristiano y creo en el arrepentimiento legítimo y la posible redención del alma. Se le ha presentado a Obama una oportunidad dorada de limpiar su negra conciencia gracias al Vicepresidente Ejecutivo del “National Rifle Association”, Wayne LaPierre. LaPierre lo desafió a un debate “one on one” sobre la llamada “violencia con armas de fuego”.

Desde que la aspiración presidencial del Senador Marco Rubio se hiciera oficial, he estado soñando con ver un debate por la presidencia entre Rubio y la antigua Secretaria Clinton. Ahora comprendo que este otro debate es el que realmente desearía presenciar. Conozco en persona a Rubio y a LaPierre y, junto a otros muchos ciudadanos de este país, también he visto debatir a los otros dos.

Pero no vivo de ilusiones. Es por eso que en espera de la aceptación del reto a ese debate por parte de Obama, voy a sentarme en la mejor butaca de mi sala y ponerme bien cómodo. Sucede que ciertos bribones son también cobardes.

 

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