OBAMA AL RESCATE DEL SATRAPA

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

 

El pasado viernes 14 de enero pasará a la historia de la lucha de la nación cubana por liberarse del comunismo como otra cuenta negra en el rosario de infamias cometidas contra nosotros por diversas administraciones norteamericanas. Ese día, el Presidente Obama decidió “permitir de nuevo el envío de remesas a particulares e instituciones religiosas en Cuba y ampliar el marco de los viajes con fines académicos culturales y religiosos”. La medida constituyó un salto atrás a la época de Bill Clinton y anuló regulaciones mas estrictas que habían sido puestas en vigor hace diez años por el Presidente George W. Bush.  

Por otra parte, si bien esta política es un artero ataque a la lucha de los cubanos por nuestra libertad, la explicación de la Casa Blanca es un insulto a nuestra inteligencia. En un intento infructuoso por obtener cobertura política, el vocero de la Casa Blanca tuvo el descaro de decir que “los cambios no constituyen ningún relajamiento en la prohibición de viajes de turistas estadounidenses ni afecta las disposiciones del embargo comercial”.  

No caben dudas de que Obama y sus asesores electorales están apostando a nuestra falta de sofisticación política y a nuestra poca memoria cuando vengan a pedirnos nuestro voto para las elecciones del 2012. Unas elecciones donde la Florida podría ser, como en las elecciones del 2000, la llave que abra la puerta de la Casa Blanca. Nosotros tenemos que votarles en contra y demostrarles que los cubanos sabemos agradecer la hospitalidad pero jamás olvidamos la traición. Y todo el que prolongue la vida de la tiranía comunista cubana es un traidor a la libertad.  

Este presidente parece no conformarse con hundir en la miseria y la discordia a su propio país y ahora pretende aumentar las de Cuba. En un momento en que el heredero histérico afirma que su descabellado proyecto esta al borde del precipicio Obama le proporciona el oxígeno para capear el temporal a punto de devenir en desastre. Así como los médicos españoles sacaron literalmente de la tumba al carnicero mayor, Obama es ahora el médico que se presta a resucitar una satrapía en los estertores de su agonía. Y eso no se lo podemos perdonar.

El exilio cubano confronta ahora la tarea dolorosa y suicida de alimentar a medio millón de defenestrados por un régimen que ya no puede mantener a quienes castró de toda iniciativa privada y despojó de toda esperanza. Ayudar a nuestros hermanos en Cuba a financiar sus incipientes negocios sería un elocuente testimonio de amor familiar y de solidaridad patriótica si no fuera por el hecho de que, en el proceso, estaríamos también ayudando a prolongar la pesadilla de cincuenta y dos años de tiranía.  

Lo que necesita el pueblo de Cuba es libertad y pan, no migajas de pan sin libertad. Y este último sería el resultado indeseado de ayudar a financiar la recuperación de aquella economía en ruinas. Todos tenemos una decisión que tomar después de consultar con nuestras conciencias. Ya yo he tomado la mía. Y no mando un céntimo para financiar empresas que paguen impuestos exorbitantes a un gobierno despiadado y espurio. Y si alguien me acusa de haber enviado dinero a Cuba le diría que si pero con la aclaración de que solo he ayudado a quienes le hacen la guerra a los tiranos y tengo la lista para probarlo. 

En la Cuba de la diáspora se han escuchado voces dando la bienvenida a la taimada y despreciable maniobra de Obama. Y, dentro de una democracia, ellos tienen todo el derecho a hacerlo. Yo, por mi parte, me arrogo el derecho de salirles al paso. De decirle a esa trilogía del apaciguamiento que elogió la medida y esta integrada por los Carlos Saladrigas, los Pepe Hernandez y los Tomas Wenski que están totalmente equivocados.  

Y más que nada al último que dio el tiro de gracia a Radio Paz porque su programación estaba molestando a los tiranos. De reiterarles a los tres que sería de ilusos, y ellos no lo son, esperar que los Castro respondieran a la razón, la decencia o la compasión. Estos dos miserables se han pasado la vida amedrentando al mundo y, en su mente diabólica, perciben la moderación como debilidad. A gente como ellos hay que subirles la parada y exigirles concesiones por adelantado. Sobre todo ahora en que, literalmente, están pidiendo el agua por señas.  

Por otra parte, se escucharon las voces diáfanas y las declaraciones contundentes de tres de nuestros congresistas cubanos americanos rechazando la maniobra de Obama. Marco Rubio, Ileana Ros-Lehtinen y David Rivera coincidieron en que “estos cambios no lograrán que el régimen castrista respete los derechos Humanos”. Especial mención merece David Rivera por su patrocinio en el 2006 de una ley del Estado de la Florida que prohíbe a universidades públicas financiar viajes a naciones incluidas por el Departamento de Estado en la lista “patrocinadores del terrorismo”. Y eso no se lo perdonan ni los Castro ni el Miami Herald, como lo evidencia la cacería de brujas que el libelo de la Bahía de Biscayne ha emprendido contra él para amargarle su triunfo en las últimas elecciones.  

Por otra parte, nuestros seis compatriotas en el Capitolio de Washington tienen por delante una difícil pero heroica y reconfortante tarea: defender a capa y espada la integridad de nuestra batalla por la libertad de la patria frente a nuestro poderoso enemigo en la Casa Blanca. Además de los tres ya mencionados me refiero a Bob Menéndez, Mario Díaz Balart y Albio Sires.  

Tienen que pasar de las declaraciones a la prensa a la acción legislativa utilizando su voto como arma de persuasión o disuasión. Sobre todo en aquellos proyectos de ley en que Obama tenga un estrecho margen para lograr la aprobación de los mismos. Tienen que decirle al presidente en lenguaje civilizado pero firme y contundente que si sigue ayudando a los Castro no pueden contar con ellos para la aprobación de sus proyectos.  

El procedimiento no esta exento de riesgos para nuestros seis compatriotas porque podrían confrontar la hostilidad de muchos de sus colegas y hasta sufrir repercusiones adversas en sus propias carreras. Pero con los honores vienen las responsabilidades y las promesas tienen que ser cumplidas. Ellos tienen el honor de ser nuestras voces en Washington y en sus discursos ante nosotros todos han expresado siempre un compromiso absoluto con la libertad de nuestra patria. Ahora es la hora de demostrar que las promesas fueron verdaderas.  

Finalmente, a todos aquellos cubanos que reciben a Obama en sus hogares como un ídolo, lo invitan a cenas multitudinarias y recaudan fondos para sus campañas les decimos que están ayudando a los Castro y que ninguna retórica anticomunista los eximirá de responsabilidad ni confundirá al resto de sus compatriotas. Porque, con Martí decimos “los hombres pasan por lo que hacen, no por lo que dicen”. Que nuestro lema para las elecciones presidenciales del 2012 ya lo hemos impreso y dice: “UN VOTO POR OBAMA ES UN VOTO POR LOS CASTRO”  

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COMENTARIOS


Correctamente! Cada centavo enviado a Cuba sigue dando vida al sistema opresivo. Yo mismo tengo familia allá pero no les ayuda nada recibir unos dolares (que se ganan bien dificil en la situación economica actual) y llevarlos a las choppis de la tiranía. Es mejor crear conciencia para que los cubanos unidos hagan una nueva revolución, pero sin mentiras y engaños. Una revolución que mejore la calidad de vida del noble pueblo cubano! Saludos cordiales, EEG. 21 de enero de 2011. Una ciudad del exilio.
Hace 2922 dias.

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