TRUMP, OBAMA Y CLINTON TOMADOS DE LA MANO

Por Hugo J. Byrne

“Trabaja como si fueras a vivir cien años y ora como si fueras a morir mañana”.Benjamin Franklin

La masacre de catorce inocentes víctimas del terrorismo islámico en San Bernardino, California, pudo evitarse de haber Washington dedicado sus esfuerzos a la función primordial del estado. Esa función no es otra que la protección de las vidas de los ciudadanos y sus derechos fundamentales. Por el contrario, malgastar el tiempo y el peculio de los que pagamos impuestos en disparates inconsecuentes parece ser la única función de la rama ejecutiva del gobierno federal en nuestros días.

Lo peor de todo ello es que muchos bailamos a ese compás y ni siquiera nos percatamos. No me refiero a tarugos improvisados o ignorantes que se creen sabiondos, sino a personas bien capaces de pensar, pero quienes prefieren anteponer la emoción al razonamiento. No hemos sufrido siete años de retroceso de nuestros intereses nacionales a través del mundo y una bancarrota doméstica abrumadora sin nuestra activa cooperación.

Obama no engañó a nadie. Prometió cambiar radicalmente a la nación y lo cumplió: la empeoró en todos los órdenes. Fueron los votantes quienes lo eligieron en el 2008 y lo reeligieron en el 2012. De acuerdo a las encuestas hoy apenas cuenta con un cuarenta por ciento de aprobación pública. ¡Sorpresa! Debía ser cero por ciento, pero ya es muy tarde. ¿Cubos en la cabeza “anyone”?

El daño es probablemente irreparable. Parafraseando la notoria frase de Hillary Clinton, A estas alturas, ¿cuál sería la diferencia? Aún con un respaldo pírrico de los votantes, Obama amenaza continuamente con gobernar por decreto, a expensas de la ley y la mayoría republicana del congreso, a quien tanto él como su candidata presidencial llaman “el enemigo”. Entiéndase bien que para el “Mesías” y su probable continuadora, los enemigos no son quienes masacran americanos, sino las huestes parlamentarias de Paul Ryan.

¿Cómo es posible que un narciso tan limitado y arrogante, irremediablemente lleno de sí mismo y de una utópica agenda populista, llegue a gobernar una nación como ésta por ocho años consecutivos? Obama, su era y su absurda agenda antiamericana merecen un estudio profundo por sociólogos, sicólogos e historiadores: por supuesto esa labor tremenda está por encima de mi capacidad, aún si dispusiera del tiempo necesario. A diferencia del mesiánico Obama estoy consciente de mis limitaciones.

En vez de ello los políticos corruptos y los cretinos que les sirven de base y que controlan muchos de los medios de difusión, nos abruman con otros temas totalmente frívolos, ignorando peligros inminentes. Por ejemplo: el llamado “calentamiento global”. De acuerdo a Obama ese es el peor desafío que enfrentamos. Ninguno de los más de nueve mil americanos inocentes ultimados desde septiembre 11 del 2001 por el terrorismo islámico (frase tabú para Obama) puede desmentirlo. En consecuencia, debemos hacerlo nosotros.

En medio de esta crisis nacional, cuando el colapso total de la desastrosa diplomacia apaciguadora de Obama se hace evidente, el candidato presidencial que encabeza las encuestas republicanas “le tira un cabo” al fatuo presidente y por ende a las aspiraciones presidenciales de su antigua Secretaria de Estado, quien aplicó su absurda agenda mundial con evidente dedicación. No puedo acusar a Donald Trump de decidir que la investigación pública sobre los masacrados en San Bernardino lo había marginado del tapete. Desconozco las motivaciones de Trump en este asunto y no tengo la menor intención de caer en la misma trampa que critico. Me atengo a los resultados inmediatos de sus declaraciones.

La realidad es que su propuesta de negar el ingreso a todos los musulmanes al territorio americano, sea temporalmente o no, creó un pandemonio anti republicano en la prensa abrumadoramente “liberal”. De inmediato CNN dedicó un espacio de ocho horas de programación a discutir las declaraciones del candidato. NBC, CBS, MSNBC y el “New York Times” se agregaron con entusiasmo a la frenética comparsa. La pesquisa del crimen de San Bernardino, demostrando la omisión “políticamente correcta” de investigar eficazmente a los que ingresan aquí dictada por Obama, desapareció de la palestra. Sólo Fox News mantuvo enhiesta la honrosa bandera de la información.

No tengo simpatía alguna por el Islamismo, quinta esencia de la religión organizada que detesto. Coincido con la difunta periodista italiana Oriana Falachi en que el Islam no es otra cosa que un movimiento político-totalitario disfrazado de religión. Falachi nunca se abstuvo de encararse con el enemigo. En Teherán, entrevistando al Ayatollah Kuomeni y ofendida por su olor nauseabundo, le sugirió que lavara el escroto. No muchos hombres bravos se hubieran atrevido. Kuomeni le respondió que eso no era asunto de ella. En otra ocasión respondiendo a una pregunta sobre su fe, Falachi respondió: “Soy atea, gracias a Dios.

Hay otras tres realidades que sugiero analicen los lectores: tras las declaraciones de Trump subieron sus porcentajes por diez puntos o más en casi todas las encuestas de votantes republicanos para las primarias de ese partido del año próximo. Reacción emocional e irracional sin duda, pero a todas luces parece muy posible su candidatura republicana. Por otra parte, la totalidad de los otros candidatos del “Grand Old Party” se manifestaron contrarios a la propuesta de Trump.

La segunda es la constitucionalidad de su propuesta. No necesito argumentar sobre el tema. Basta traducir el renglón inicial de la primera enmienda del “Bill of Rights”:

“El Congreso se abstendrá de hacer leyes respecto al establecimiento de una religión o de prohibir el libre ejercicio de la misma”. Negar entrada a individuos fieles a una religión, sólo por serlo, ¿constituye o no prohibición a su libre ejercicio? Ya hemos tenido por casi siete años un presidente que se cree monarca absoluto de vidas y haciendas. ¿Deseamos otro? Yo no. Además, la prohibición de entrada a todos los musulmanes no impediría en un ápice muchos otros actos sangrientos de terrorismo islámico dentro de nuestras fronteras, pues los criminales fanáticos ya están aquí: son ciudadanos nativos. Los norteamericanos responsables están haciendo lo adecuado: armarse hasta los dientes, antes de que el “Mesías” los condene a víctimas mediante la eliminación de la segunda enmienda por decreto. Las ventas de armas de fuego han atravesado el techo nacionalmente durante los últimos meses.

Por último, todas estas zarabandas en las filas republicanas confirman mis temores iniciales sobre Trump. En entrevistas a la prensa el pomposo billonario e inversionista de bienes raíces regresó a su posición desafiante del primer debate y de su agarrada con Megan Kelly: “Si no me tratan con justicia podría aspirar como candidato independiente”. Nunca he aconsejado a nadie como votar. Ni siquiera a mis hijos y esta no será la excepción. He votado en cada elección presidencial desde que adquirí la nacionalidad americana, hace más de treinta años. Pero si la disyuntiva es entre Hilaria y Trompeta, me quedo en mi casa.

 

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