UNA ESTRATEGIA CONTRA BACTERIAS RESISTENTES A LOS ANTIBIÓTICOS

Un tratamiento experimental logra terminar con los microorganismos infecciosos que se esconden dentro de las células.

Un antibiótico dirigido tal vez logre eliminar las infecciones causadas por microbios que son resistentes a la mayoría de los medicamentos, según indican experimentos realizados con ratones.

La técnica parte de un concepto utilizado en el tratamiento contra el cáncer, en el que un anticuerpo -una proteína diseñada para que se adhiera a determinadas células- se combina con un fármaco para combatir las células cancerosas. Uno de esos conjugados de anticuerpo y fármaco es la trastuzumab emtansina, que se acopla a las células de cáncer de mama para después liberar en ellas su carga destructora.

Sanjeev Mariathasan, inmunólogo de la empresa de biotecnología Genentech, en California, y sus colaboradores adaptaron esta estrategia (que ensayaron en células de ratón) para unir un anticuerpo contra la bacteria Staphylococcus aureus a un antibiótico, una versión modificada de la rifampicina (utilizada para tratar la tuberculosis). En EE.UU., más de 80.000 personas se infectan cada año con S. aureus resistente a la meticilina (SARM), que resulta intratable con los antibióticos habituales, y más de 11.000 perecen por esa causa. El carácter tan mortífero de SARM parece deberse en parte a que, después de invadir el cuerpo, el microorganismo entra rápidamente en las células

donde difícilmente es destruido por los antibióticos.

La mayoría de los antibióticos clásicos funcionan muy bien contra los estafilococos que se hallan fuera de las células, pero resultan ineficaces en el interior de estas, comenta Mariathasan. De modo, que se preguntaron cómo destruir las bacterias cuando estas se introducían en las células.

Su equipo descubrió que los conjugados de anticuerpo y antibiótico lograban tal objetivo con gran éxito. Infectaron ratones con SARM y luego los trataron con un medicamento de control, la vancomicina (que suele emplearse para tratar las infecciones internas por SARM), o bien el medicamento experimental. Este resultó unas mil veces más eficaz que la vancomicina.

Ataque silencioso

El trabajo ofrece un nuevo enfoque para eliminar subpoblaciones de bacterias que se hallan protegidas en virtud de su ubicación o estado fisiológico, apunta Henry Salas, de la Universidad de California en San Francisco. Añade que hay un largo camino por recorrer antes de demostrar que el medicamento ayuda a las personas. Pero, si lo hace, podría convertirse en una importante arma contra las infecciones bacterianas.

Mariathasan explica que el tratamiento funciona como un caballo de Troya. En primer lugar, el componente antibiótico se adhiere a los estafilococos que circulan libremente por el cuerpo del ratón. Más tarde, cuando las bacterias invaden las células, lo hacen unidas al medicamento. Una vez dentro, las enzimas rompen la conexión entre el anticuerpo y el antibiótico, con lo que este último se activa justo allí donde necesita destruir las bacterias.

Sin embargo, algunos críticos señalan que SARM infecta un tipo de célula inmunitaria distinta en los ratones y en los humanos. O que las personas con infecciones crónicas por el estafilococo ya cuentan con anticuerpos contra él, lo cual puede impedir que el medicamento conjugado se una a las bacterias.

Medicamentos antiguos, tácticas nuevas

Si el fármaco experimental funcionara en los humanos, también podría ayudar a las compañías farmacéuticas e investigadores a descubrir nuevos usos de fármacos antiguos. Muchos antibióticos experimentales fracasan en los ensayos porque son tóxicos a las dosis necesarias para producir un efecto terapéutico, o porque no funcionan cuando se los administra por vías que no llevan el medicamento directamente a las células (comprimidos, vía intravenosa o inyecciones). En principio, los antibióticos dirigidos podrían ofrecerse en dosis más bajas debido a que actuarían justo en las células donde se necesitan, por lo que tenderían a causar menos efectos secundarios.

«Para mí, la perspectiva más emocionante radica en la posibilidad de recuperar los numerosos antimicrobianos que no han superado las pruebas», explica Wolf-Dietrich Hardt. de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich. Ello reviste un enorme interés, añade, porque a medida que los antibióticos se vuelven menos eficaces al aumentar la resistencia a ellos, las empresas suelen perder el interés por desarrollar nuevos antibióticos y se concentran en otros fármacos (por ejemplo, tratamientos caros contra el cáncer).

Más información en Nature (1) y (2)

Fuente: Nature

http://www.investigacionyciencia.es/noticias/una-estrategia-contra-bacterias-resistentes-a-los-antibiticos-13730

 

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