UNA PRENSA VÍCTIMA DE SUS PROPIOS PREJUICIOS

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Irónicamente, después de haber logrado su mayor audiencia en sus últimos 10 años, CNBC perdió el terreno ganado cuando sus periodistas cayeron víctimas de sus propios prejuicios.

Los moderadores del tercer debate televisado la semana pasada entre los aspirantes republicanos a la Casa Blanca fueron los principales perdedores. Con excepción de un par de ellos, todos los candidatos hicieron un buen papel. En marcado contraste, los tres moderadores hicieron el ridículo. CNBC quedó como una sucursal de la maquinaria de propaganda del Partido Demócrata. Los "moderadores" del debate no actuaron con moderación y equilibrio como corresponde a profesionales del periodismo sino como fanáticos de sus propias ideologías de izquierda. Y eso es fatal para una empresa de noticias que necesita la credibilidad que trae aparejada la objetividad periodística para operar con éxito en un mercado cada vez más competitivo. Irónicamente, después de haber logrado su mayor audiencia en sus últimos 10 años, CNBC perdió el terreno ganado cuando sus periodistas cayeron víctimas de sus propios prejuicios.

Por su parte, los candidatos republicanos se cansaron de ser tratados por la prensa institucional en forma diferente a los candidatos demócratas. Adulación a los demócratas y antagonismo hacia los republicanos. Después de las flagrantes violaciones de la imparcialidad periodística en las presidenciales del 2008 y el 2012 ya era hora de que alguien se enfrentara a la descarada alianza de la prensa de izquierda con el Partido Demócrata. ¿Quién no recuerda la forma parcializada en que la periodista Candy Crowley defendió las mentiras de Obama frente a las acusaciones de Romney sobre Benghazi en el segundo debate de las presidenciales del 2012?

De ahí que esta vez los candidatos republicanos decidieran rebelarse, acusar a los moderadores de parcializados y tomar la iniciativa en el desarrollo del debate. Los moderadores trataron de crear un circo en el cual ellos resultaron ser los payasos. Pero eso no parece ser todo. Los candidatos están dando pasos coordinados para cambiar el formato de los debates, los tiempos asignados a cada contendiente y hasta la determinación de quienes serían los moderadores futuros. De hecho, el espectáculo deplorable montado por CNBC ha beneficiado a los republicanos y podría cambiar en forma radical la forma en que se efectuarán los futuros debates. Esos temas predominaron en la reunión de fin de semana en Nueva York de los asesores de alto nivel de todos los candidatos republicanos.

Se habla también de asignar cierto grado de responsabilidad en el desastre de la semana pasada al presidente del Comité Nacional Republicano, Reince Priebus. Después de las presidenciales del 2012, Priebus se comprometió con el partido a asegurarse de que sus candidatos fueran tratados con respeto por parte de la prensa institucional. Lo ocurrido en el debate de CNBC fue todo lo contrario. De ahí que Priebus haya enviado la semana pasada una enérgica carta a NBC, empresa matriz de CBNC, donde afirma: “pendiente mayor discusión con las campañas, suspendemos la asociación con NBC News-Telemundo para el debate a realizarse en la Universidad de Houston el próximo 26 de Febrero del 2016".

Dados los altos niveles de audiencia logrados por unos intensos debates republicanos que contrastan con la aburrida coronación de Hillary Clinton en los falsos debates demócratas, los republicanos están en una posición sólida para imponer condiciones a las cadenas de televisión. Como se sabe, los niveles de audiencia determinan tanto el precio de los comerciales como el interés de los anunciantes por comprar espacio en un programa. Los debates republicanos han roto récords en programas de esta naturaleza. Citando a Francisco de Quevedo "poderoso caballero es Don Dinero", por lo que vaticino que serán los dólares los que inclinaran la balanza a favor de los candidatos republicanos en estas negociaciones.

Para entender mejor lo que pasó la semana pasada me parece importante destacar las intervenciones y conductas de algunos candidatos. En una de sus intervenciones, el Senador Marco Rubio confrontó acusaciones de Jeb Bush sobre su pobre asistencia a las sesiones del Senado y le dijo: "La única razón por la que tú me atacas es porque estamos aspirando a la misma posición, y alguien te ha convencido de que si me atacas mejoraras tu pobre desempeño en las encuestas". Y para remachar le dijo a los moderadores: "Los demócratas tienen el mejor Súper Comité de Acción Política y se llama la gran prensa institucional".

Pero fue el Senador Ted Cruz quién se llevó uno de los mayores aplausos de la noche al cuestionar las preguntas realizadas por los moderadores de la cadena CNBC en la Universidad de Colorado. En un despliegue de su elocuencia y capacidad para la síntesis, Cruz emplazó a los moderadores diciendo: "Esta no es una pelea de perros. Veamos las preguntas que ustedes han hecho: '¿Se conduce usted, Donald Trump, como un villano de tiras cómicas?, ¿Sabe usted de matemáticas señor Ben Carson?, ¿Ha insultado a dos personas en este lugar señor John Kasich?, ¿Por qué no renuncia señor Marco Rubio?, ¿Han caído sus números en las encuestas señor Jeb Bush?, ¿Qué les parece si hablamos de las cosas sustantivas en que están interesados los norteamericanos?" Yo digo como diría mi difunta amiga Tita Argüelles: "Se acabó el dinero".

Por su parte, Donald Trump mostró una conducta y una actitud totalmente diferentes a las de sus anteriores comparecencias. Como un gato al que le cortaran las uñas fue respetuoso y hasta amable en sus referencias a sus contendientes. Atrás parece haber quedado el "guapo de barrio" que inició la campaña hace cuatro meses. Se comportó casi como un político tradicional en sus referencias a sus contendientes. Para mi sorpresa y quizás para la de muchos hasta lució presidenciable. Y esto es muy beneficioso no sólo para Donald Trump como candidato viable sino para la imagen general del Partido Republicano en la etapa venidera de las elecciones generales.

Pero creo que este artículo no estaría completo sin algunas referencias históricas que muestra los prejuicios de una prensa que por más de medio siglo ha estado aliada con la izquierda política. Entre los años de 1952 y 2004 tuvieron lugar 14 elecciones presidenciales en los Estados Unidos. En las campañas de 1952 y 1956 se enfrentaron en ambas ocasiones el General Dwight D. Eisenhower y el abogado Adlai Stevenson. La prensa se tiró de barriga elogiando al "erudito" Stevenson y denigró en todo momento al campesino de Kansas devenido en general mediocre.

La campaña de 1960 enfrentó al político experimentado Richard Nixon contra el novicio engalanado y mejor financiado John Kennedy. Los periodistas crearon una aureola de idealismo romántico alrededor de un clan Kennedy cuyas corrupciones e inmoralidades salieron más tarde a la luz.

En las campañas de 1964—Lyndon Johnson contra Barry Golwater—la de 1968—Richard Nixon contra Hubert Humphrey—y la de 1972—Richard Nixon contra George Mc Govern. En estas tres campañas, los tres demócratas contaron con tratamiento preferencial de los principales medios de prensa, sobre todo Humphrey y Mc Govern dos mimados de la izquierda que conocemos como “liberal establishment”.

En 1988, durante su campaña frente a Michael Dukakis, George H. W. Bush fue calificado como un hombre de carácter débil que no sería capaz de tomar decisiones difíciles. Cuatro años más tarde demostraría todo lo contrario con su invasión exitosa y su hábil manejo de la guerra de Irak. Lo mismo ocurrió en las campañas del 2000 y del 2004—primero frente a Al Gore y después frente a John Kerry—en que George W. Bush fue atacado como un cowboy ignorante cuyos horizontes políticos terminaban en las fronteras de Texas.

Estos son los mismos prejuicios que observamos en estas elecciones enfocadas a noviembre del 2016. Mientras la prensa comprometida utiliza falsos argumentos para describir y atacar a los candidatos republicanos mantiene un silencio bochornoso sobre cualquier hecho que perjudique a los candidatos demócratas, sobre todo a Hillary Clinton. Esta mujer ha puesto en peligro la seguridad nacional con su manipulación descarada de correos electrónicos sobre material clasificado y ha escondido su responsabilidad en la masacre de Benghazi que costó la vida a cuatro patriotas norteamericanos. Se llegó incluso a comprobar más allá de toda duda que mintió al decir que Behghazi había sido la reacción ante un video crítico del Profeta Mahoma. El New York Times y otros medios de igual plumaje han mantenido un silencio culpable.

Pero el reciente escándalo de CNBC podría influir sobre la forma en que se conduce esta prensa envenenada a la hora de cubrir a los candidatos presidenciales. No tengo esperanzas de que cambien el trato preferencial a los demócratas, pero creo que tendrán mucho más cuidado en ser abiertamente hostiles a los republicanos. La razón es muy simple. La última palabra no la tienen los ideólogos disfrazados de periodistas sino los accionistas pragmáticos que son dueños de estas empresas. Y para ellos, el interés económico predomina sobre los prejuicios ideológicos.

11-3-2015

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