LA VERDADERA CARGA DE LA BRIGADA LIGERA

(25 DE OCTUBRE DE 1854)

Tomás San Clemente De Mingo

Media legua, media legua, media legua más allá, por el valle de la muerte cabalgaban los seiscientos. Así comienza el conocido poema de Lord Tennyson y que incorporó al cine, acompañado por Errol Flynn y Olivia de Havilland, el director Michael Curtiz en 1936 bajo el título de "La Carga de la Brigada ligera". Una película que siempre me ha gustado y que no le voy a quitar su valor artístico, pero alejada de los hechos ocurridos el 25 de octubre de 1854.

El contexto histórico (nos referimos a la segunda parte del film y que da nombre a la película) se enmarca en el conflicto bélico mantenido entre el Imperio ruso, y la alianza de Francia, Reino Unido y el Imperio otomano (al que apoyaban para evitar su hundimiento y el excesivo crecimiento de Rusia) y el Reino de Piamonte y Cerdeña, que se desarrolló entre octubre de 1853 y febrero de 1856 y que tuvo como principal teatro de operaciones la península de Crimea.

Así, con el propósito de amenazar el corazón de Rusia y despojar a la flota rusa de su principal puerto en el Mar Negro, los aliados desembarcaron en la península de Crimea y establecieron una cabeza de puente. Después de derrotar a los rusos en la batalla de Alma (1854), rodearon y sitiaron Sebastopol. Durante el transcurso de la guerra se libró la batalla de Balaklava, famosa por la célebre carga de la brigada ligera inglesa y a la que a continuación nos vamos a referir.

En las inmediaciones de Balaclava (octubre de 1854) el general en jefe de las fuerzas británicas destacas en Crimea, al ver que los cañones británicos apostados en los reductos eran capturados por los rusos, decidió que había que llevar a cabo una acción directa para recuperarlos. La sola imagen de que dichos cañones se pasearan por las calles de Sebastopol por los rusos, a modo de botín de guerra, resultó intolerable para Raglan(1)quien de inmediato envió a Lord Lucan, comandante de la división de caballería, la orden de que recuperara los altos del Paso elevado, contando con el apoyo de la infantería que acaba de llegar. Desde su posición, Lucan no podía ver a la infantería, y no podía creer que le ordenaran actuar solo en dicho cometido, por lo que durante tres cuartos de hora "estuvo meditando y sin hacer nada", mientras Raglan, en la cima de la colina, se enfurecía por momentos al ver el destino de los cañones británicos capturados. Finalmente dictó una segunda orden destinada a Lucan que decía:

" Lord Raglan quiere que la caballería avance rápidamente hacia el frente, que siga al enemigo y le impida llevarse los cañones. La artillería montada puede acompañarlo. La caballería francesa está a su izquierda. De inmediato"

Lucan no entendía bien la orden y no sabía qué hacer, pues desde el lugar que encontraba, en el extremo oeste de los altos del paso elevado, alcanzaba a ver, a su derecha los cañones británicos en los reductos que los rusos habían capturado de manos de los turcos; a su izquierda, al final del valle Norte, donde sabía que estaban apostados la mayoría de las fuerzas rusas, divisaba un segundo conjunto de cañones, y más a la izquierda, en las lomas más bajas de los altos de Fediujin, alcanza a ver que los rusos también tenían una batería de artillería. Si la orden hubiera especificado, claramente, que los cañones que debía de recuperar Lucan eran los cañones británicos de los Altos paso elevado (la orden no especificaba los cañones que la caballería debía de recuperar), la carga de la brigada ligera, posiblemente, hubiera tenido otro final.

El único hombre que podía explicarle aquella orden era el hombre que se la entregó; el ayudante de campo Nolan. Al igual que muchos componentes de la Brigada Ligera, Nolan se mostraba frustrado porque ni Lucan ni Cardigan habían utilizado en ningún momento a la caballería Ligera ( Ni en Bulganak ni en la batalla del río Almá). Es más, los soldados y oficiales de la brigada ligera se preguntaban ¿para qué nos tienen aquí? Así, Lucan preguntó al ayudante de campo dónde debía de atacar y Nolan de muy malos modos y señalando al otro extremo del valle: "Allí mi lord está su enemigo, allí están sus cañones". Según Lucan, Nolan no había señalado a los cañones británicos de los altos del Paso elevado, sino hacia la batería de 12 cañones rusos y la fuerza principal de la caballería cosaca apostada en el extremo del valle Norte, a ambos lados del cual, en los Altos del Paso elevado y de Fiedujin los rusos tenían más cañones y fusileros apostados. Lucan transmitió la orden a Cardigan, quien señaló la locura que era cargar sobre un valle con artillería y fusilería en tres lados. Lucan insistió en la orden. Destacar que Cardigan y Lucan eran cuñados y entre ellos no había una buena relación; explicación en la que han insistido los historiadores para que no hablaran entre ellos y sortearan una orden emitida por Raglan y que, en el fondo, pensaban que era errónea. En honor a la verdad, Lucan temía desobedecer una orden que, por otro lado, era bien recibida por los hombres que por fin podían entrar en acción. Así, los 661 hombres de la Brigada ligera (no los 600 del poema de Tennyson) avanzaron al paso por la suave pendiente del Valle Norte; el 13º de Dragones ligeros y el 17º de lanceros en la primera fila, encabezada por Cardigan, el 11º de Húsares detrás, seguido del 8º de Húsares junto al 4º de Dragones ligeros. Había 2000metros hasta la posición del enemigo, situada al final del valle, y a velocidad normal a la Brigada ligera le hubiera llevado cubrir esa distancia 7 minutos, con fuego de artillería y de mosquete a su derecha, a su izquierda y frente a ellos. Cuando la primera línea se puso al trote, Nolan, que cabalgaba con el 17 de lanceros, se adelantó al galope gritando a los hombres que se apresuraran. El primer obús disparado por los rusos descabezó al ayudante. Se desconoce si debido al ejemplo de Nolan , a la propia ansiedad de los hombres o porque querían pasar a través del fuego que procedía de los fuegos con la mayor rapidez posible, pero el caso es que los dos regimientos que encabezaban la carga iniciaron un galope antes de que se les ordenara hacerlo.

Mientras galopaban bajo el fuego cruzado que provenía de las colinas, con las balas de cañón rasgando la tierra y el fuego de mosquete, los hombres eran heridos y los caballos caían. Tanto hombres y caballos de la primera línea cayeron víctimas del fuego cruzado y la segunda línea, a una distancia de 100 metros, tuvo que sortear no sólo los soldados heridos, también a los caballos que yacían en el suelo y los desbocados que galopaban en todas direcciones.

A los pocos minutos, los miembros que engrosaban la primera fila (con Cardigan a la cabeza) se encontraban en medio de los artilleros rusos en el extremo del valle. Blandiendo sus espadas contra los artilleros, la Brigada Ligera continuó su carga contra la caballería cosaca, a quienes Rizhov había ordenado que se adelantaran para proteger los cañones que algunos atacantes ya intentaban llevarse. A los cosacos les entró el pánico al ver el orden y la disciplina de la masa de caballería que se les venía encima. De hecho, giraron para escapar sin conseguirlo, llegando a disparar sus mosquetes a quemarropa sobre sus propios compañeros. Toda la caballería rusa salió en estampida hacia Chorgum, algunos arrastrando tras de sí los cañones montados, mientras los jinetes de vanguardia de la brigada ligera (superados en número en una proporción de cinco a uno) les persiguieron todo el trayecto hasta el río Chernaya.

Los cosacos recobraron la cordura pero no quisieron regresar al campo de batalla. Sin embargo "se dedicaron a tomar prisioneros, matar a los heridos que yacían por tierra y reunir los caballos ingleses para ponerlos en venta". Cuando la Brigada ligera regresó a través del corredor de fuego del valle Norte, Liprandi ordenó a los lanceros polacos, que se encontraban en los Altos del Paso elevado, que les cortaran la retirada. Los lanceros polacos habían visto como la Brigada ligera había cargado en medio de cañones rusos y dispersar a los cosacos obligándolos a huir aterrorizados, y los únicos ataques que realizaron fueron contra pequeños grupos de hombres heridos.

De los 661 hombres que habían realizado la carga, 113 fueron abatidos, 134 heridos y 45 fueron tomados prisioneros; 362 caballos se perdieron. las bajas no fueron más numerosas que las que tuvieron los rusos: 180 muertos y heridos, casi todos ellos de las dos primeras líneas defensivas y en realidad muchas más bajas que las mencionó la prensa inglesa; The Times informó que 800 jinetes habían entablado batalla y que solo 200 habían regresado; el Ilustred London manifestó que apenas 163 habían vuelto con vida de la carga. A partir de estas cifras se difundió la historia de un trágico error redimido por el sacrificio heroico. El mito fue plasmado en el poema de Alfred Tennyson "la Carga de La Brigada Ligera" publicado 2 meses después del hecho.

Los rusos celebraron Balaclava como una victoria. la captura de los reductos de los Altos del Paso Elevado fue un éxito táctico. Al día siguiente, en Sebastopol, los cañones británicos fueron exhibidos por las calles (levantando la moral de la guarnición) a través de la ciudad. Los rusos disponían ahora de una posición dominante desde la que podían atacar la línea de aprovisionamiento británica entre Balaclava y los Altos de Sebastopol.

 

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