RAÚL, ¿PODRÍAS ENVIAR A RAMIRITO A CARACAS?

Angélica Mora Beals

De nuevo, otro viaje de Nicolás Maduro a la Isla

Dice la prensa oficialista de Cuba: "En el ambiente de fraternidad y confianza mutua que caracterizan las excelentes relaciones entre ambos países, los mandatarios dialogaron sobre diferentes temas de la agenda bilateral e intercambiaron acerca de la actualidad internacional".

En realidad, esta nueva reunión, no conlleva cada bueno para el arruinado pais, cuna del Libertador Simón Bolívar. Por el contrario, este nuevo encuentro solo servirá para que Maduro reciba nuevas órdenes para sellar "a juro" las cadenas que atan la Libertad y Democracia de Venezuela, de cara a las elecciones legislativas del 6 de diciembre.

Cómo serán de candentes los planes, que ante el temor de intercambiarlos por teléfono o por la valija diplomática, ambos dirigentes prefieren hacerlo detrás de las blindadas paredes en La Habana, donde se han suprimido todos los posibles medios de escuchar lo que se trama.

La principal materia que les preocupa a Nicolás Maduro y Raúl Castro son las próximas elecciones del 6 de diciembre, que según los últimos sondeos, el chavismo saldría perdiendo.

Las máquinas de votación ya fueron alteradas durante el gobierno de Hugo Chávez. La presencia del comandante Ramiro Valdés -experto en el ramo de la Comunicaciones- en Venezuela, con el pretexto que estaba para arreglar la crisis energética no la creyó nadie, pero sí hubo el justificado temor que iba a manipular las máquinas de votación.

Los venezolanos están cansados de luchar a diario con los problemas y van a ir a votar por cambios en diciembre y no quieren fraude.

Hoy Maduro está de nuevo en Cuba, porque se necesitan planes concretos ante el temor que concurra un masivo número de electores el 6 de diciembre, que sufragarían según los cálculos en un 75 por ciento contra del gobierno chavista.

Pese a los trucos preconcebidos, no se podrían ocultar por completo los resultados desfavorables al régimen. Maduro estaría en duros aprietos ya que una victoria fraudulenta no sería creible y existe el temor de una revuelta ante ese posible fraude. El gobierno de la Habana podria comenzar a pensar que peligran los 100.000 barriles diarios de petróleo que recibe de los chavistas desde Venezuela y eso no lo puede tolerar, porque de esa ayuda depende su subsistencia.

 

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